Sin coincidencias

La contramarcha de la historia

Las izquierdas convocan a la unidad. Desde la lógica de izquierdas instaladas en el antagonismo y como adversarios se puede entender. Esa es la ideología y la táctica que aprendieron de la entreguerra y de la posguerra inmediata a la Segunda Guerra Mundial.

¿Como oposición, la que desde luego aspira legítimamente al poder, no sería deseable que priorizaran, sobre la unidad, la coherencia?

Desde el PRD y sus líderes morales envían cartitas de amor a Andrés Manuel López Obrador para que asista y se sume al movimiento contra la reforma constitucional en materia de energía. Martí Batres, quien de manera supuesta encabeza el Movimiento de Regeneración Nacional, y su dueño, Andrés Manuel López Obrador, rechazan la invitación a la unidad para asistir a la pretensión de “echar abajo” las reformas constitucionales en materia energética.

El pantano de las izquierdas no tiene fondo. Renunciaron a trabajar en serio en la discusión de las iniciativas constitucionales en el tema de energía. Subieron a la tribuna para decir no a las reformas constitucionales cualquiera que fuera su contenido. Aprobadas éstas, conforme a la norma general y sus reglamentos, ahora el PRD pretende que las leyes secundarias en las que intentan intervenir abroguen de facto las reformas constitucionales.

Para ser una oposición seria en cualquier parte del mundo, en cualquier época, se requiere ser consecuente, antes que unitarios. Si Lenin  hubiera sido obseso de la unidad con los mencheviques, no habría habido Revolución rusa. Si en la posguerra en Francia, España, Italia y en otros países la prioridad hubiera sido la unidad sobre la coherencia, no habría habido gobiernos socialdemócratas muy exitosos como el de Alemania Occidental.

Las izquierdas occidentales de la posguerra avanzaron sobre la destrucción y la aniquilación hacia la modernización. Eso implicaba la parlamentarización de la vida política. Puesto de otra forma, era la aceptación de las reglas generales y de las reglamentaciones particulares, fuese desde el gobierno o desde la oposición.

Los temas importantes de la democracia los marcan muchos grupos: gobiernos, organizaciones políticas, sindicatos, medios de comunicación, organizaciones civiles, anarquistas, instituciones académicas. La lista es inacabable. El problema en ciernes en México es que en aras de ser un tema importante (que lo es), la reforma energética, las minorías de las izquierdas, que son minorías, argumentan el derecho a decidir qué es lo importante y remitirlo a una consulta popular por encima de la representación nacional.

México es una democracia representativa, imperfecta durante muchos años y jurídicamente pulcra de 1997 a la fecha. Por eso pugnó la izquierda durante muchos años. Y se consiguió, hasta las estupideces del G-4 en 1997 y las groserías impunes de un hombre siempre impune, como fue Porfirio Muñoz Ledo, en el Congreso de la Unión.

Porfirio es la esencia de la basura intelectual de las izquierdas. Se accede al poder mediante normas generales basadas en la representación nacional y se intenta neutralizar la aplicabilidad de la norma general mediante la expedición de leyes secundarias que hagan inaplicable la norma general desde la propia representación nacional. Ese ha sido el juego de las izquierdas en México desde 1977.

Cuauhtémoc Cárdenas jugó a ser oposición antisistémica desde que era gobernador de Michoacán. Inventado de lo peor de la historia política mexicana como fueron Luis Echeverría y José López Portillo, en los juegos del autoritarismo y del patrimonialismo, Cárdenas gobernador decidió apropiarse de Petróleos Mexicanos, cuando desde 1986, año en que dejó la gubernatura de Michoacán, la apertura del sector energético era un imperativo. A los 60 años era una estrategia. A los 81 años es una payasada y una farsa. Exhorta y llama a la unidad a López Obrador, criatura de él. Cría cuervos.

Las izquierdas están extraviadas mientras no tengan un programa y tiren a la basura a Cárdenas y a López Obrador, si es posible en el mismo lugar, en el Monumento a la Revolución, junto con Cárdenas, Calles y compañía. La CNTE.

¿No habrá tiempo para que las izquierdas ahonden la posible aportación de la apertura energética al producto interno bruto a la creación de empleo y a la viabilidad de la economía mexicana?

valencia.juangabriel@gmail.com