Sin coincidencias

Tres cambios

Un fino observador, colaborador de MILENIO, me hacía ver que los cambios en un gabinete obedecen a una intención de buen o mejor gobierno o a un objetivo político, entendida la palabra casi en despectivo, con propósitos preelectorales o electorales. La observación se hizo a raíz de los cambios de Enrique Peña Nieto en su gabinete.

Sin generalizar, la lectura de la comentocracia a los nombramientos anunciados se inclinó más por la ampliación del abanico de opciones de candidaturas del partido gobernante hacia 2018. Pocos se han ocupado de las consecuencias reales hacia 2016. Dejemos a un lado, por ahora, a los presidenciables y la futurología. Al respecto, quizá lo más sensato es lo escrito por Raymundo Riva Palacio: “Paradójicamente, la inclusión de tres figuras con la cercanía y confianza de Peña Nieto para jugar en la sucesión de 2018 son un alivio para los secretarios de Gobernación y Hacienda” (El Financiero, 28 de agosto de 2015).

Pero son tiempos difíciles y lo que México necesita ahora no son presidenciables, sino mejor gobierno. Oportunidades hay y se advierten tres ejemplos.

La llegada de José Antonio Meade a la Secretaría de Desarrollo Social es una de esas oportunidades. Con una cuarta vez como integrante de un gabinete presidencial, por formación académica y administrativa, Meade está en condiciones de retomar la estafeta intelectual que se perdió con Vicente Fox en la Presidencia de México. Han transcurrido 15 años de abandono del legado intelectual de José Gómez de León, de Santiago Levy, de Carlos Jarque. El nuevo secretario de Desarrollo Social tiene la capacidad intelectual de encontrar y aplicar fórmulas administrativamente transversales para aminorar la pobreza y disminuir la desigualdad y así dejar atrás el asistencialismo y el clientelismo electoral. Habrá que ver si aunado a esos atributos personales tiene la capacidad política y la voluntad para lograrlo, anteponiendo intereses personales legítimos, pero fuera de tiempo. Se han perdido 15 años.

Otro caso es Aurelio Nuño en Educación. Lo más difícil de la reforma está por venir. Lo de la sección 22 quedó en la historia. Lo importante, ahora, es cambiar los contenidos de la enseñanza y del aprendizaje y conseguir el consenso en torno a ello de la academia y del magisterio. La gestión educativa no se puede limitar al reparto de tablets y a la mejoría de infraestructura. El problema es si algún día un egresado de una primaria y de una secundaria públicas sabrá lógica, análisis matemático, leer y redactar bien en español y dominar un segundo idioma. Así de sencillo y de difícil. ¿Va a ocupar el lugar de Torres Bodet o de Josefina Vázquez Mota? Es su decisión.

Un tercer cambio de oportunidad manifiesta es el de Claudia Ruiz Massieu a Relaciones Exteriores. Con mejorar la relación bilateral México-Estados Unidos, su paso por la cancillería será agradecido por la historia y su propia biografía política personal. Priva el desinterés recíproco entre ambos países y el caminar en círculos en torno a los temas de narcotráfico e indocumentados. Es hora de cambiar la agenda y las prioridades a la educación, a la infraestructura fronteriza, a la inversión, a la acción conjunta multilateral, a la energía. Su tío entendió como nadie que la asimetría entre ambos países se corrige mediante diversificación y con talento.

Habrá que ver.


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