Sin coincidencias

¿Dónde conseguir 28 gramos?

No a toda actitud corresponde consistentemente una conducta. Por eso todavía será prudente esperar, primero, al contenido de las iniciativas de reformas que enviará el Ejecutivo al Congreso a la Ley General de Salud y al Código Penal Federal y, segundo, observar la discusión y final aprobación, de lo que sea, por parte de la representación nacional.

El discurso del presidente Peña ante la ONU significó un cambio de actitud, un cambio expresado en la rectificación de no asistir a la reunión de drogas de la ONU, una modificación de ánimo poco receptiva a la liberalización del consumo de drogas. Cabe decir que era una situación en términos políticos inescapable que vaya uno a saber a quién se le ocurrió que podía ser eludida. Por un lado, el Estado mexicano había sido promotor de la reunión junto con Colombia y Guatemala. No Calderón, no Peña; el Estado mexicano. Por otro lado, la resolución en noviembre del año pasado de la Corte ponía al gobierno de México en condición de modificar su legislación y sus políticas públicas a manera no de opción, sino con un mandato imperativo. Qué bueno que haya privado, así haya sido de último minuto, el sentido político de atender a premisas políticamente sensatas que, de otra forma, en los hechos y en la ausencia de discurso, habrían dejado al Estado mexicano en ridículo y, de facto, al Presidente de la República en desacato de un fallo judicial inatacable. Hasta ahí, un motivo de celebración, que no haya cometido un error más.

Discursivamente, se anuncia un nuevo paradigma para poner el tema de las drogas en una perspectiva de derechos humanos y hasta de género en vez del prohibicionismo punitivo. Un cambio en la narrativa y en la retórica, también es bienvenido, aunque se haya abordado con tibieza la responsabilidad criminal de los grandes consumidores mundiales respecto de lo que sucede en México en la persecución de productores y de traficantes.

En el evento celebrado en la Secretaría de Salud se anunció el aumento de la portación no punible de gramaje de mariguana hasta 28 gramos. ¿Por qué la artificiosa redacción de no punible? Porque el consejero jurídico de la Presidencia se apresuró a aclarar, si es que aclaró algo, que despenalizar no es legalizar. Debe uno suponer que, si el gramaje permitido pasó de cinco gramos a 28, serán revisados todos los procesos penales de aquellos reos sentenciados por posesión de la cantidad que podría estar permitida a partir de las reformas al Código Penal.

Todo lo demás es incierto y nebuloso. Ya varios lo han señalado. ¿Cómo es posible estar en posesión de cinco o, para el caso, de 28 gramos de mariguana si no existe, primeramente, una cadena de producción y comercialización? Las dos intervenciones presidenciales, ONU y salud, no mencionan el tema.

La legalización de la utilización de la mariguana con fines terapéuticos y científicos, cuya prohibición era además una barbaridad de la ley mexicana, obliga a plantearse quiénes y cómo habrán de producir la mariguana para esos fines cuando México es el segundo productor mundial de la hierba. ¿O están pensando que se importe?

Se abre cualquier cantidad de interrogantes hasta como para hacer chistes. Lo importante es que, legal y políticamente, la discusión está abierta. Como nueva tendencia, es de celebrarse, pero hay que convertirla en hechos y en comportamientos acordes con el cambio de actitud.

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