Sin coincidencias

¿La antesala del peor error?

Se dilapidó en años anteriores a este sexenio más de un billón de pesos (billón, en español) en subsidiar el precio de la gasolina y favorecer mayoritariamente el consumo y el ingreso de los deciles más altos de riqueza en México. Razón de más y de sobra para el aumento del precio del combustible vehicular. Les tomó cuatro años y 36 días anunciarlo.

Lo importante ahora es que se siguen tomando decisiones equivocadas, en modo y a destiempo. Contra la opinión de muchos, el relevo de la canciller era necesario. Una intensa estrategia de protección de derechos a mexicanos en el exterior era un sustituto inferior a una verdadera política exterior, más aún cuando esa protección era apelada en función de consolidar ciudadanías en Estados Unidos. Eso no podía estar en la cima jerárquica del interés nacional. También, hay que decirlo, era tácticamente mejor estrategia que una bizarra agenda como la de su antecesor en la propia cancillería que priorizaba temas como la relación bilateral con ¡Turquía! Desde el primer día del sexenio se renunció consciente y explícitamente a la experiencia y al conocimiento. En boca del nuevo secretario de Relaciones Exteriores, llegó a aprender, a dos años del término de la administración.

La decisión es errónea por varias razones. Es cierto que jugando “volados con la historia” Videgaray acertó en inclinarse por invitar al aún candidato Donald Trump. Pero ese error no es atribuible al ex secretario de Hacienda. El Presidente de la República tomó en ese momento una de las decisiones más importantes de su sexenio y lo hizo desde el miedo, la peor de las condiciones para tomar cualquier decisión. Costó la renuncia del secretario de Hacienda, la posposición de la remoción de la canciller, que, en aquel entonces, se opuso a esa decisión. Y como corolario, en medio del enojo social, por una medida necesaria, pero gota que derramó el vaso del enojo, instala al propio Videgaray como vocero de la nación ante Estados Unidos y el mundo. La historia no se construye con “volados”. La política exterior de México, compleja y botón de orgullo de gobiernos de todo signo e índole, se hizo con enorme trabajo a base de principios y apego a normas y prácticas de las relaciones internacionales en las que México fue factor positivo de construcción y vigencia.

La decisión simplista, que no sencilla, es muy clara: si el problema con Trump es el de una oligarquía ignorante de nuevo cuño, la política exterior de México opta por una relación interpersonal, ajena a vínculos previos, antecedentes y normas bilaterales y multilaterales. Se dice que el nuevo canciller es cercano a Jared Kushner, yerno de Trump y egresado de Harvard a cambio de la generosa dádiva de un ex convicto por dos millones y medio de dólares donados a la fundación de esa universidad. Ese es el nuevo entramado de las relaciones e influencias interpersonales de la política exterior de México con su socio, que no único, más importante. Es un error y no dará resultado. Si además es anticipo de otra decisión interna, atengámonos a las consecuencias.

PD.

¿Sabrán los mexiquenses quién fue Isidro Fabela?

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