Sin coincidencias

Las amenazas del SAT y las buenas conciencias

México fue conejillo de Indias cuando empezó a cobrar importancia en el análisis político la cultura cívica. Gabriel Almond y Sidney Verba no fueron los precursores, pero sí el parteaguas de una investigación, de una línea analítica que, curiosamente, en México, no ha cobrado la debida importancia como factor de gobernabilidad, aceptación y comportamiento colectivos.

No es casual que Almond y Verba hayan elegido a México en su ya clásico estudio de cinco naciones. Ambos conocían bien el sistema mexicano, su génesis, su desarrollo, un sistema presidencialista de partido hegemónico —en la etapa de su análisis— en el que el Estado, concepto un poco ajeno a ambos autores, no solo permitía, sino que establecía prohibiciones expresas. Era el Estado autoritario, pedagogo sin caris estalinista o mahomista, pero que “sabía” lo que el mexicano debía hacer o no hacer, aunque eso no tuviera ninguna relación con el cumplimiento efectivo del Estado de derecho, con una autoridad hegemónica y presidencialista que otorgaba un margen amplísimo a la arbitrariedad y a la corrupción.

En una etapa histórica distinta no se logra escapar a las contradicciones culturales del antiguo régimen. Almond y Verba bordaban en detalle sobre las características de la ciudadanía, si es que eso existía. Faltó el análisis de entonces para compararlo con el ahora de la autoridad y su cultura cívica. Hoy en día habría que preguntarse cuál de los dos, si ciudadanía o autoridad, están más atrasados respecto de un entorno democrático, de ejercicio de libertades y de competencia.

El debate sobre consumo de drogas todavía pone los pelos de punta a las buenas conciencias. Hay un problema de geopolítica sin duda, pero en lo que no se ha insistido suficientemente es en que el problema de los enervantes en México fue inducido por su situación geopolítica. El gobierno de los Estados Unidos fue el detonador principal del cultivo a gran escala de drogas. Ahora resulta que México no puede legalizarlas, porque su contigüidad afecta la seguridad nacional de los Estados Unidos y el problema en México sigue sin discutirse cuando Colorado y Washington, allá, legalizan el narcomenudeo formal de mariguana. Y lo que sigue es inexorable.

Pero el problema de meterse un chocho no es un dilema grave para la inmensa mayoría de los mexicanos. No lo es. Es falso, El problema de los mexicanos es adquirir un antibiótico sin receta médica cuya consulta cuesta alrededor de 400 pesos. El problema de los mexicanos es que los servidores de establecimientos de comidas tienen prohibido colocar un salero para una ensalada a menos que se pida. En efecto, la sal es un factor de afecciones cardiovasculares que repercuten en salud pública y en sus costos. ¿Por qué no prohíben el azúcar en las mesas, si ésa es la lógica? La diabetes en costos de salud pública es mayor que la de enfermedades cardiovasculares. ¿Los legisladores que elevaron los impuestos para alimentos de alta densidad calórica se han dado una vuelta en los puestos de fritangas alrededor de San Lázaro y del Senado para investigar la densidad calórica de lo que consumen sus empleados? Por supuesto que ellos no. ¿Existe una relación causal entre el consumo de chile habanero y el cáncer de colon? ¿No es riesgoso para un mortal común y corriente atravesar para llegar a su lugar de trabajo una concentración de la CNTE impune e inamovible? Existe una minoría de farsantes y vividores que con la prohibición de la sal o la tolerancia a la CNTE o los regímenes diferenciados de apoyo a diversos grupos sociales viven del erario a costa del régimen de libertades. No se puede fumar en lugares públicos, pero ellos llevan vidas orgiásticas. Farsantes y vividores. La prostitución es equiparada a trata de blancas. Lo que es una gran mentira, pero le da un modus vivendi político a quienes así la equiparan.

Cuando se habla de apertura en energía y en telecomunicaciones, al mismo tiempo, pinches burócratas de mierda insisten en saber y decidir qué es lo que debe hacer el ciudadano común y lo amenazan con la publicación de deudores al SAT. El cumplimiento de la ley no se amenaza. Se hace valer o no. Punto. Este juego de amenazas y bullying ciudadano no ayuda en nada a un gobierno que con un gran impulso modernizador no arrojará resultados positivos a corto plazo. Y sí en cambio la molestia, el bullying al común de los mortales, enardece la inconformidad frente a lo inmediato. Piensen.

valencia.juangabriel@gmail.com