Sin coincidencias

"Wishful thinking"

Regresa a México el presidente de la República, “en momentos en que la zozobra y la desesperanza parecen ganar terreno”, según el ministro de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Arturo Zaldívar Lelo de Larrea. Un buen resumen.

Es opinable qué tanto terreno han ganado esos estados de ánimo descritos por un ministro de la Corte. De todas formas, suena muy inquietante en boca de quien tiene el pulso o debería tenerlo del Estado de derecho y del nivel de certeza jurídica en el que se desenvuelve la vida institucional del país.

Regresa el Presidente en una situación en la que durante la semana cuatro estados fueron testigos de movilizaciones con el reclamo de presentar vivos a los 43 estudiantes de la Normal de Ayotzinapa desaparecidos y seguramente asesinados bajo la lógica rigurosa y puntual del relato del procurador general de la República. La violencia de la protesta se salió de cauce especialmente en Acapulco y plantea riesgos en este fin de semana largo, ya que la gente del puerto se oye muy decidida a defender su fuente de ingresos y que el turismo no se vea amenazado. A la vez, el Consejo Coordinador Empresarial solicitó a la Secretaría de Gobernación ofrecer mayores condiciones de seguridad en el estado de Guerrero, donde han sido secuestrados 246 choferes, 42 autobuses y fue tomado por tres horas su aeropuerto internacional.

Padres de los normalistas, acompañados de las organizaciones “civiles” de siempre, recorren por cinco días el país para medir su fuerza organizativa y el alcance del apoyo activo de población no vinculada ni geográfica ni temáticamente con los sucesos de Iguala.

La que ha transcurrido es una semana en la que quienes soñarían con el colapso de la institución presidencial y de la persona que la ocupa se han solazado con el tema de la casa de Las Lomas y amenazan para la próxima semana con otras novedades y escándalos.

Siete días en los que la zona hotelera de Polanco y de Reforma ha mostrado un nivel anormalmente alto de ocupación con potenciales inversionistas que exploran proyectos en el marco de las reformas estructurales y al mismo tiempo se preguntan, más curiosos que preocupados, qué está pasando, sobre todo respecto de la provocación perpetrada en el ataque a la puerta mariana de Palacio Nacional.

Una semana la que termina llena de rumores y de insidias que evidencian la descomposición prematura de un equipo de trabajo. Días en que López Obrador y su Morena reaparecen tratando de sacar raja de un ambiente social sórdido a costa del único funcionario público que realmente ha dado la cara.

El jueves 20 de noviembre será la manifestación de los agraviados e indignados. Ya se verá su poder de convocatoria y su sentido de límites, si es que lo tienen.

Mientras tanto, uno desearía que el presidente de la República ocupase estos días en cómo y con quiénes podría repartir juego nuevo. Después de la manifestación del próximo jueves es hora de que se dirija a la nación.

Lo de Iguala demuestra el fracaso absoluto de los cuerpos de seguridad estatales y municipales. No tienen remedio. Se requiere una Policía Nacional en un modelo semejante al colombiano, inserta en un ministerio de defensa, bajo un mando civil, que en la transición hacia su creación y operación otorgue un marco jurídico que, con toda claridad, proteja y limite las acciones del Ejército y la Armada en materia de seguridad pública.

El país sigue a la espera de una Agencia Anticorrupción con autonomía suficiente para perseguir las faltas de los funcionarios públicos de los tres Poderes y de los tres órdenes de gobierno. La ciudadanía está harta.

Cambios en el equipo presidencial parecen indispensables. No estaría de más un poco de inclusión más allá de un provincialismo y localismo reiterados. Se requiere eficacia y también lealtad, entendida como empatía, respeto y obediencia, que no son sinónimos de obsecuencia y silencios.

Hace un año, dentro de una de las empresas más importantes del mundo, se decía que Enrique Peña Nieto no iba a lograr sus reformas. Hoy esa empresa está instalando sus oficinas en México, en frase de un directivo de ellos, conversos y entusiastas. Lo más difícil del sexenio ya se hizo. Ahora es tiempo de trabajo, transparencia y de hablarle a la gente en su zozobra y su desesperanza.

 

valencia.juangabriel@gmail.com