Sin coincidencias

Terminen bien

Con la próxima aprobación de la reforma energética muchos dicen que concluyó un ciclo verdaderamente histórico de reformas. Se equivocan. Sería un error, además de los que ya se han cometido.

Se dejó pasar la oportunidad de hacer una reforma fiscal, en serio, para las próximas décadas. Había que generalizar el IVA y bajar el impuesto sobre la renta, con un costo electoral semejante al que se asumió con una reforma que inconformó a todos y no redituó lo que una reforma fiscal y duradera hubiera ocasionado. En el momento reformista de México, más que un error fue una omisión grave y duradera, al menos en los próximos cuatro años.

Otra omisión. ¿Por qué la reforma energética no avanzó en materia de energía nuclear? Ni siquiera se tocó el tema. Se entiende que en términos de opinión pública y de grupúsculos interesados, Chernóbil, Three Mile Island y Fukushima están en los políticamente correctos como para tocar el tema, cuando no se dan cuenta de que precisamente esos accidentes y su aprendizaje, que ha sido mucho, impiden su repetición en el futuro.

No más errores ni omisiones. Ha sido un gran ciclo de reformas, que tiene que concluirse y que no ha terminado, contrario a lo que muchos opinan. Falta la reforma fundamental. La reforma administrativa del Estado.

Un experimentado funcionario público, como pocos, por qué no citarlo, el doctor Jorge Chávez Presa, me hacía notar que la Ley Orgánica de la Administración Pública cuenta, con sus modificaciones, con casi 40 años de existencia. En ese lapso ha sucedido casi todo.

En año y medio, para la prosperidad y el bien de México en el siglo XXI se han realizado numerosas reformas, tres fundamentales: educativa, telecomunicaciones y energética. La educativa incluyó lo más obvio y principal: la evaluación de quienes imparten la enseñanza con oportunidades previas de capacitación. Esa reforma educativa, bajo esos criterios, debe ser un parámetro y un ejemplo para la reforma de la administración pública. El ciclo de reformas no puede haber terminado. Reformemos y mejoremos a quienes deciden y ejercen el acto de autoridad y su diseño previo a la política pública.

El centro de la reforma educativa es la evaluación de los maestros, de quienes imparten el servicio público de educar. No se equivocan los críticos cuando dicen que se trata de una reforma laboral. Es cierto y era absolutamente necesaria. Los empleados de educación pública, los maestros, tienen que demostrar periódicamente a la autoridad que están capacitados para ejercer sus funciones, en este caso, enseñar. Un espléndido precedente para toda la burocracia en su conjunto, burocracia entendida en el mejor de los sentidos, una administración pública y un servidor público eficaz y honesto.

Las reformas estructurales no sirven de nada si los servidores públicos encargados de aplicarlas no las entienden. Y hoy no las conocen y menos las entienden.

Se han hecho reformas estructurales de fondo con bombo y platillo sin considerar el diseño y la aplicación de políticas públicas correspondientes a esas reformas. El enfoque de las reformas ha sido fundamentalmente financiero e indispensable: atraer inversiones e incrementar el capital económico del país. No hay hasta ahora ningún planteamiento para incrementar a partir de esta gran aventura el capital humano. Nadie ha planteado nada.

El andamiaje legal que se ha construido con todas las reformas estructurales está cojo si no se cuenta con capital humano, su capacitación —que debe proporcionar el Estado—, su seguimiento y su evaluación periódica en términos estrictos de conocimiento y resultados de la decisión administrativa.

Se ha dado el gran paso y se ha incurrido en el gran costo electoral. Lo que importa es marginal políticamente y es marginal financieramente. La capacitación obligatoria de un cuerpo burocrático que entienda qué está haciendo y para qué. ¿Cómo se hace en una visión aperturista y de mercado? El servidor público mexicano no está capacitado para ello. No hay ni siquiera, a cualquier precio, expertos en temas como sismología para proveer los servicios que requiere la Comisión Nacional de Hidrocarburos y que implican un cambio del sistema educativo, incluyendo incentivos tangibles. Es la hora de que el sector público enseñe a sus propios empleados, a todo nivel, y sujete la permanencia en los cargos a la comprobación de ese aprendizaje. Por favor, completen las reformas.


valencia.juangabriel@gmail.com