Sin coincidencias

Segundo Informe

En la víspera del segundo mensaje del Presidente de la República a la nación es oportuna la crítica, aunque haya algunos que no entienden el significado de la emisión de un juicio valorativo, no necesariamente negativo sobre el objeto juzgado.

Dentro de cuatro años habrá Presidente electo. El Informe del epitafio. No son tiempos, o no deberían serlo, de derrotismos. Nada está bien. La inseguridad no disminuye, la inflación paso a paso va en ascenso, el descontento se siente en la banqueta.

En efecto, no hay motivo alguno para autocomplacencias. Existen razones válidas para el miedo. Al futuro, al presente. Se ha experimentado la promesa personal como frustración colectiva y el éxito de vividores y especuladores como tragedia nacional.

El segundo Informe de Enrique Peña Nieto, así lo haya decidido o no, es un parteaguas en la historia de México. Es el punto de partida al abismo o al cielo. Ya no es la norma la que ata las manos al Estado para actuar. Es la operación del Estado la que determinará el curso y resultado de lo que la aplicación de la norma dicte.

Es tiempo del miedo y la esperanza. Es la hora de que el gobierno y su burocracia se asuman como lo que son, servidores públicos. Sería el momento, asumiendo la presunción presidencial de la corrupción como fenómeno cultural, de ese cambio. Sin las estupideces de por medio de las falsas medianías del Presidente más autoritario en la historia de México, no más rico, pero más autoritario.

A veces da la impresión que el enorme atrevimiento histórico de Enrique Peña Nieto no llega a tocar a algunas otras fibras esenciales del sistema político mexicano tradicional. El provincialismo burocrático no ayuda. En cualquier otra época, el caso IAVE hubiera conllevado la remoción inmediata y después averiguamos. ¿Para qué? Si el Presidente de la República ha afrontado conscientemente el costo en la baja de su aceptación para la realización de sus reformas, en función de un futuro que sin duda es infinitamente mejor que el presente, ¿para qué mantener ese tipo de vínculos pequeños que solo empequeñecen, valga la redundancia, el tamaño de su administración?

Decía José López Portillo, con resentimiento, que él fue el último presidente de la Revolución mexicana. Qué bueno. Con Miguel de la Madrid se atisbó hacia el México del Siglo XXI. Y con Carlos Salinas de Gortari, más. Y Con Ernesto Zedillo, mejor, a pesar del enfrentamiento entre ambos personajes. Llegó la prueba de la alternancia. No dio nada en un primer sexenio y no pudo ser recuperada con una ficha impresentable como Roberto Madrazo, execrencia del PRI derrotado en el año 2000.

Durante 12 años, el Gobierno de México se arropó en el paradigma de la mediocridad. Un tipo loco, gobernado por su compañera de cama. Un hombrecito que nunca superó el peso de un padre autoritario. La sicopatología de la política en blanco y azul, con todas sus taras, hasta la doble moral de Gustavo Madero y sus hombres de confianza y de sus decisiones políticas. Un estercolero.

El contexto del segundo Informe presidencial señala la próxima elección de dirigencia nacional del PRD. Carlos Navarrete, apéndice de Los Chuchos, Jesús Zambrano y Jesús Ortega, desafía la candidatura de unidad de Cuauhtémoc Cárdenas, sin elección interna, por aclamación, a mano alzada, a sus 82 años. Es lo nuevo de la izquierda. Y Carlos Navarrete, que pedía dinero del PRI para su candidatura a gobernador de Guanajuato. Ese es el contexto real. Es una democracia real. Necesaria. Tal vez no suficiente. Pero es mejor que cualquier cosa.

Por eso estos 19 meses son épicos. Porque el tipo no le tuvo miedo a los mitos de la historia ni al juicio futuro. Que las encuestas se vayan al carajo. Ya es Presidente. No está buscando ser electo. Ojalá ese supuesto propio no se traduzca en venalidad, arbitrariedad o deferencia y distinción hacia los más cercanos, ajenos a méritos propios, no afectivos o de intereses de otra índole.

Había que pensar nuevo y distinto. La gente optó por eso. Los cambios han sido brutales en dos años. Su éxito depende de la paciencia, cada vez más escasa de la gente, y de la disciplina burocrática en la aplicación de las reformas para que no se atasquen en la creación de unos nuevos oligarcas y plutócratas. Es un buen Informe.

 

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