Sin coincidencias

Replantear el DF

Grecia tiene no más de 12 millones de habitantes, apenas dos terceras partes de la población del área metropolitana de la Ciudad de México. La economía griega genera cerca de 2 por ciento del producto de la Unión Europea. El Distrito Federal factura un poco más de la quinta parte del producto nacional de la economía mexicana, la 14 del mundo. Pero Grecia está en todas las primeras planas a escala mundial; el Distrito Federal no, sin que sus problemas sean menores. Son muchas las razones. Una de ellas es que las autoridades de la capital mexicana, desde Cárdenas hasta nuestros días, no asume con orgullo ni responsabilidad la importancia a escala nacional e internacional de su gobierno. Esto puede haber cambiado hace dos días. Está por verse.

El jefe de Gobierno del Distrito Federal, Miguel Ángel Mancera, pidió a todo su gabinete su renuncia para evaluar su desempeño. Revela una decisión lúcida y estructural respecto de su mandato. Subsiste la principal interrogante: ¿para qué?

Si la decisión de Mancera fue para recuperar las posibilidades de ocupar la Presidencia de la República, las cuentas no dan y las consecuencias para el Distrito Federal serán contraproducentes, desde ahora. No hay manera de que después de perder 33 puntos en las preferencias electorales de la capital, Miguel Mancera sea un candidato competitivo a escala nacional en las elecciones de 2018. No hay forma ni para él, en lo personal, ni para el 12 por ciento en las preferencias electorales de lo que queda de su partido, aunque no esté inscrito. Después de lo ocurrido hace un mes es ilusorio suponer que un agricultor de Cajeme o un petrolero de Campeche voten en la presidencial por Mancera. No es competitivo en carisma, en base territorial del partido postulante, en los multimillonarios recursos económicos que recibirán los candidatos de los otros partidos, en su exposición mediática nacional y ya no digamos internacional. Si lo que Mancera pretende es el reacomodo de tribus y grupos de interés de distinto origen nacional dentro de su gabinete para complacer relativamente a esos apoyos políticos y económicos internos, lo único que logrará será mantener el estado actual de cosas en la capital, habrá satisfecho en lo inmediato la cortesanía y el chantaje de personajes como Navarrete, Barbosa y Ríos Piter y vivir en el DF seguirá siendo una pesadilla de carencias y de corrupción para los habitantes que a Mancera le dijeron NO el 7 de junio. No hay manera de que Mancera se pase a despachar en 2018 al edificio de enfrente.

En cambio, si el jefe de Gobierno actuara con responsabilidad, con la renuncia de su gabinete, con inteligencia y valentía, se ha abierto a sí mismo la oportunidad de ser un factor político trascendente en el futuro de México, de pasar a la historia y de transitar políticamente con decoro y relevancia personal al 2019.

El cambio de gabinete es el espacio de decisión para sentar por primera vez en 20 años un proyecto de ciudad a mediano plazo, con una vocación económica clara y sin fantasías políticas, populistas e inconducentes. Mancera puede ser un candidato semicompetitivo en 2018 con base en una ciudad de clase media y alta; no de campesinos. Con base en un gobierno maximizador de recursos de los contribuyentes, ya no como capturista de rentas para trasladar a clientelas políticas. Mancera debe tener dignidad e inteligencia para saber su lugar en la historia.

 

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