Sin coincidencias

Reformas de a de veras

El PRI, o con más precisión su dirigencia nacional, apunta a entrar en una etapa en la que transmite la impresión de que sus liderazgos viven presos y rehenes de sus fantasmas y sus reglas no escritas. En esa dirección se mueven rumbo a legislar ad hóminen para impedir que López Obrador se promueva a todas horas en los spots del Movimiento de Regeneración Nacional. Esa posibilidad se originó en las reformas electorales de 2007 afianzadas apenas en febrero del año pasado.

El contexto de las reformas electorales de 2007 fue también punitivo, prohibicionista y con dedicatoria personal. El cobro de facturas del PRI era múltiple: había que defenestrar al presidente del IFE, Luis Carlos Ugalde, quien había sido implacable en la aplicación de la multa al PRI de mil millones por el Pemexgate de la elección de 2000, que a la sazón fue electoralmente inútil; había que castigar a los medios, en especial a los electrónicos, que con análisis y buen olfato, ningunearon las posibilidades de la candidatura de Roberto Madrazo; había que impedir que personas físicas y organizaciones privadas expresaran con libertad y recursos sus preferencias; había que construir una alianza con las poderosas bancadas del PRD, que, al mismo tiempo que no asimilaban 0.56 por ciento de su derrota en la presidencial, ya empezaban a esbozar lo que cinco años después sería la ruptura con AMLO. La reforma se hizo mirando todo el tiempo hacia atrás en la ventaja oportunista de la experiencia inmediata. En ningún momento se legisló como se debe, en esta materia y en cualquier otra, mirando hacia adelante y considerando los diversos escenarios de las consecuencias prácticas de una reforma legal. Ahora quieren cambiar la ley que ellos hicieron, porque presos de sus reglas no escritas, es casi inexorable que el conocimiento que se tenga en 2018 de López Obrador sea infinitamente superior al del candidato del PRI, que con Presidente de la República de ese partido, conforme a usos y costumbres, tendría que nominar hasta la segunda mitad del segundo semestre de 2017, cuando nada les impide legalmente hacerlo antes, pero no se atreven. Alegan actos anticipados de campaña. Es cierto. Una ambigüedad legal se lo permite a AMLO. Sin embargo, por ejemplo, esa misma ambigüedad legal le permite a todos los precandidatos del PRI a las gubernaturas del próximo año hacer campaña. Todos, sin excepción, ocupando hoy, todos, cargos públicos. No nos hagamos. Para colmo, no se dan cuenta del inicio de la segunda victimización de AMLO y la descalificación casi explícita y tal vez justificada de un segmento importante de electores que se guía solo por la espotización. Ese es el México sociológicamente real, no Alemania ni Reino Unido.

¿Qué si les preocupa en 2018 una elección presidencial de tres tercios? Le aparecen sus fantasmas al PRI. Para asegurar que en 2018 el país tenga una presidencia creíble y legítima, la solución es la segunda vuelta y que la elección legislativa se realice concurrente a la fecha de la probable segunda vuelta. Si esa segunda vuelta no es necesaria, tanto mejor y más fácil para lograr mayoría legislativa. Si la segunda vuelta es necesaria y se incrementan los umbrales para la conservación de registro, por fin el país tomará el rumbo de un bipartidismo o si acaso un tripartidismo que resignifique al sistema de partidos políticos de México.

Falta de visión o, de plano, cinismo.

valencia.juangabriel@gmail.com