Sin coincidencias

Reforma energética: primera impresión

Se ha hablado mucho y se ha dicho poco de la reforma energética. Las izquierdas se empeñaron en argumentar contrapremisas inexistentes en las distintas propuestas de reforma. Ninguna de ellas contemplaba la privatización de Petróleos Mexicanos o la apertura a la inversión privada de ese organismo todavía hoy descentralizado, en vías de mutación legal y organizacional a empresa pública productiva, lo que no es hoy.

Se dedicaron a jugar con las palabras y con la equívoca semántica del inconsciente colectivo. De contentillo, nación, Estado y Pemex eran palabras intercambiables. No lo son. Nada modifica en la reforma el dominio originario de la Nación sobre los recursos del subsuelo. Nada cambia la posición monopólica del Estado mexicano en la exploración y explotación de hidrocarburos. Nada. Ni una letra. Pemex amplía su autonomía financiera y operativa respecto del que seguirá siendo su propietario, el Estado mexicano, y éste, a su vez, diversifica su indiscutible e innegable dependencia de la renta petrolera proveniente de una sola entidad, hacia otras, con la consecuente disminución de riesgo e incertidumbre y de maximización de la renta en cuanto a apertura a distintas opciones de capital, tecnología y tiempo. Time is money y ni tiempo ni dinero es lo que tienen las generaciones mexicanas de hoy y del futuro. Hacer realidad lo anterior es muy complejo. Pero las izquierdas padecen aversión a la complejidad. No saben de procesos históricos, pero memorizan efemérides y nombres. 75 años son suficientes para superar el trauma de un desacato judicial en materia laboral.

La reforma energética aprobada esta semana confirma y ratifica la nacionalización de los recursos del subsuelo que hizo el Constituyente de 1917. Eso es estructura histórica. Lo demás es coyuntura para anecdotarios ideológicos, electoreros y partidarios. Los cambios formulados en la reforma, en estricto apego a la idea soberana y al fortalecimiento de ésta no pueden, sin embargo, dar pie a ninguna clase de autocomplacencia. Lo difícil y lo más complejo, como ya se ha dicho, está por delante, lo que en México es muy incierto, que es hacer bien las cosas. Tan sencillo como eso.

Por ejemplo. La reforma al artículo 28 constitucional faculta al Estado mexicano a realizar contratos con particulares en cinco modalidades diferentes en lo relativo a exploración y explotación de hidrocarburos. Cabe decir que en los regímenes contractuales de petróleo y gas en otros países suelen aplicarse una o dos modalidades de las cinco previstas por la reforma mexicana: contratos de servicios, de utilidad compartida, de producción compartida, licencias o una combinación de las cuatro anteriores. Sin duda la gama considerada por los cambios legislativos otorga una enorme flexibilidad al modelo mexicano, atractivo especial para los contratistas potenciales. No obstante, desde un punto de vista legislativo y administrativo su legislación y posterior aplicación por parte de la autoridad es un auténtico desafío de eficacia, transparencia, objetividad, imparcialidad, cálculo técnico y agilidad de respuesta gubernamental. Es un reto descomunal para la elaboración de las leyes secundarias y para la toma de decisiones en la Secretaría de Energía y en los órganos reguladores. No hay antecedentes; hay capacidad técnica y administrativa, pero no experiencia. Hay prisa en los plazos fatales que las propias reformas constitucionales se han impuesto. No puede haber pausa, pero tampoco errores iniciales que desacrediten de origen la aplicación del modelo mexicano de energía.

Otro ejemplo. ¿Está Pemex en condiciones de aprovechar las oportunidades que le ofrecen los cambios aprobados para su transformación en empresa pública productiva y para su modernización en el escenario mundial del petróleo? La Ronda Cero, prevista en el sexto transitorio de la reforma, confiere de arranque ventajas presentes y futuras a Petróleos Mexicanos. De nueva cuenta, ante plazos fatales, Pemex se puede quedar corto, administrando lo que ya hace en el presente o se puede ir muy largo con pretensiones técnicas o financieramente inviables.

Leyes secundarias de relojería suiza. Una auténtica reorganización no del sector energético, sino de la administración pública federal, que incluye energía, asentamientos humanos, tierras y aguas, hacienda pública, política interior y seguridad, entre otros. Ya habrá tiempo de abordar punto por punto. 

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