Sin coincidencias

¿Reelección consecutiva?

En la reforma político-electoral, y en particular en algunos subtemas, faltó deliberación, una discusión seria y conocer los detalles. En una suerte de miscelánea de ocurrencias se abordaron todo tipo de asuntos sin que hubiese profundidad en todas sus implicaciones y alcances.

Un ejemplo es la reforma al artículo 59 constitucional. A la letra.“Artículo 59. Los Senadores podrán ser electos hasta por dos periodos consecutivos y los Diputados al Congreso de la Unión hasta por cuatro periodos consecutivos. La postulación solo podrá ser realizada por el mismo partido o cualquier de los partidos integrantes de la coalición que los hubieren postulado, salvo que hayan renunciado o perdido su militancia antes de la mitad de su mandato”. O sea, se incorpora la posibilidad de la reelección consecutiva de legisladores, siempre y cuando los postule el mismo partido o la misma coalición. Tiene su transitorio, el decimoprimero de la reforma constitucional: “La reforma al Artículo 59 de esta Constitución será aplicable a los diputados y senadores que sean electos a partir del proceso electoral de 2018”. Es obvio que la ausencia de este transitorio habría sido un abuso en flagrancia de esta legislatura, que estaría haciendo leyes de las cuales ellos hubieran sido los beneficiarios inmediatos. Pero quedan dudas e interrogantes que resolver.

Es un lugar común decir que la reelección consecutiva premia y recompensa el desempeño, los resultados y la rendición de cuentas. Suena muy bien. Se olvida, no obstante, que legislar es una tarea colectiva, grupal, por definición mayoritaria, sea simple o calificada. Nunca es unipersonal. Es una responsabilidad compartida, distribuida y por tanto no asignable al mérito de un individuo. Se podrá alegar que existen, como en Estados Unidos, sistemas donde la reelección consecutiva existe. No es lo típico en regímenes presidenciales. Primera consideración.

En segundo lugar, se parte de un concepto inequívoco y único de la representación política. Falso.
La representación es un concepto muy equívoco sobre lo que se ha escrito lo suficiente para llenar una biblioteca y las autoridades en el tema no han llegado a ponerse de acuerdo. El estado de la discusión la resume una obra clásica en la materia, El concepto de representación, de Hanna Fenichel Pitkin. En la obra se señalan cinco variantes diferenciadas resumidas por Maurizio Cotta, en parlamentos y representación: “1) la representación como cesión de autoridad; 2) la representación como responsabilidad; 3) la representación como representación, espejo, reproducción de una determinada realidad; 4) la representación como evocación simbólica; 5) la representación como acción en interés de alguien que no puede o no desea actuar personalmente”. Es decir, dependiendo de la acepción que se adopte es como se define la naturaleza de la relación entre el representado, el representante y lo que se representa. Esa acepción determina el vínculo y el modo de cómo el representante asume el mandato y la manera de entender lo que se está representando. Esta discusión, con seriedad, en México no se dio.

En tercer lugar, la reelección consecutiva, en un país tan marcado por la desigualdad y por el dinero de origen dudoso en las campañas, lo único que provocará en términos prácticos es que un puñado de intereses económicos se apodere del Congreso. Simple y llanamente.

En cuarto lugar, no encuentro (favor de corregirme si me equivoco), qué se hará en lo relativo a la representación proporcional. Desde que se incorporó al sistema electoral mexicano, algunos de los más distinguidos legisladores de épocas recientes han sido electos por listas, no por distrito o por fórmula. De hecho, son pocos los legisladores realmente eficientes que han sido electos por las dos vías antes citadas. Los ha habido y los hay, pero no son muchos.

Dice el artículo 59 que tendrán que ser electos por el mismo partido o la misma coalición. Esto es, el partido o la coalición tendrán la última palabra en la postulación del candidato a la reelección consecutiva. Mientras no tengamos enfrente una ley de partidos políticos moderna, democrática y de mérito individual, no de partidos corporativos o semicorporativos, lo que se estará haciendo es convertir en realidad la frase de Michels: La ley de hierro de las oligarquías.

La reelección consecutiva es muy cuestionable.

valencia.juangabriel@gmail.com