Sin coincidencias

Pensar en grande: no basta

Principal reto para un gobierno, a cualquier nivel de su jurisdicción territorial, es no solo pensar en grande, sino hacer las cosas bien.

Estas semanas recientes han sido de contrastes. Un día se dan a conocer los yacimientos que estarán a cargo de la exploración y explotación por parte de Petróleos Mexicanos, incluidos diez enormes proyectos en los que Pemex, que por sí sola no podría encarar, estará ahora en posibilidad de asociarse, seguramente con alguna de las empresas petroleras más grandes del mundo, para emprender operaciones con un altísimo grado de complejidad tecnológica y financiera. ¿Está Pemex capacitada en términos administrativos, técnicos, presupuestales, tecnológicos, con los mecanismos de control operativo y con los recursos humanos necesarios para iniciar esta fase de su relanzamiento, ahora como empresa productiva del Estado? La reforma energética apuesta a que sí lo está. Algunos inversionistas potenciales coinciden, no sin ciertas reservas, con esa postura. Ese es un ejemplo de la oportunidad que tiene un gobierno, hoy por ley propietario de esa empresa, de demostrar que más allá de pensar en grande se pueden hacer las cosas bien, en una acción pública que implicará decenas de miles de millones de dólares, sin considerar otros riesgos como los de carácter ambiental.

En las mismas semanas de ese anuncio, ocurre en Sonora, en una de las minas de cobre más grandes del mundo, un accidente industrial en el que resultan afectados 12 municipios, más de 20 mil personas. La empresa al principio inventa una causa, posteriormente reconoce la falla real que ocasionó el desastre y la autoridad impone una multa de 40 millones de pesos a un grupo minero cuyo valor debe andar alrededor de los 10 mil millones de dólares. Algo anda mal o todo está mal; empresa, legislación, normas de seguridad ambiental, autoridades federales y estatales. No debió suceder y mucho menos en la casi impunidad. La señal que envía el país de impericia industrial y descuido ambiental es escandalosa.

En los mismos días se da a conocer el sumario del Informe sobre la suspensión del servicio de la Línea 12 del Metro de la Ciudad de México. “Fallas en la planeación, diseño, construcción y operación”. En resumen, fallas de la A a la Z. No hay responsabilidades públicas. Hasta ahora, seis meses suspendido el servicio y vaya uno a saber cuánto tiempo más en una obra que duplicó su costo hasta alcanzar 24 mil millones de pesos y que ahora requerirá 32 acciones específicas, más de 300 mil partes nuevas y uno no quisiera pensar cuánto va a costar eso. La gran obra pública del sexenio de Marcelo Ebrard, aunque un solo nombre no puede cargar con la incompetencia, ineptitud y quizá corrupción de un equipo de trabajo.

Y esta semana se anuncia el proyecto y su correspondiente realización del nuevo aeropuerto internacional de la Ciudad de México. 165 mil millones de pesos a invertir para 120 millones de viajeros anuales en el año 2020. Como proyecto, una de las obras de infraestructura más importantes del mundo; el tercer aeropuerto más grande del planeta después de Londres y Turquía.

El proyecto anterior, junto a la multitud de proyectos y obras involucrados en la reforma energética, es una oportunidad única para que el gobierno federal y el país entero muestren que las cosas se pueden hacer bien.

El nuevo aeropuerto de la Ciudad de México tiene que significar un rediseño integral de carácter urbano-regional en todas sus facetas: aeronáutica, propiamente dicho; económica y financiera; laboral y salarial; ambiental; habitacional; de concurrencia público-privada; de coordinación interinstitucional; demográfica; de infraestructura hidráulica; de transporte público y privado, foráneo, urbano e interurbano; de ordenamiento territorial; de apego irrestricto a las normas regulatorias de uso de suelo; de seguridad pública; de carácter cultural. Eso, sin pretender hacer una lista exhaustiva de todas las facetas que deben ser cuidadas en cada una de las etapas de su realización.

El esfuerzo de difusión del gobierno Federal respecto de los detalles que reunirá ese nuevo aeropuerto está a la altura de sus pretensiones objetivas y de sus ambiciones. Habrá que estar atentos con todo rigor y precisión a las capacidades administrativas tanto públicas como privadas para que esta obra sea un ejemplo, a escala latinoamericana, de planeación del desarrollo cuyos beneficios alcancen por lo menos a dos generaciones.


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