Sin coincidencias

Panorámica electoral

Una elección federal intermedia, de fondo, cercana a la insignificancia y plagada de anécdotas ruidosas y ocurrentes.

El Instituto Nacional Electoral escoge al Partido Verde como chivo expiatorio de una legislación reaccionaria y mojigata. El dueño del estadio se mete a la cancha y reparte sanciones. El PRD pide al gobierno investigar a sus candidatos en Guerrero y revela su vocación irresponsable y fascista. El PRI realiza pruebas toxicológicas a sus candidatos, cuando lo que tendría que hacer, como propone Miguel León-Portilla, es efectuarles exámenes de historia y geografía. El PAN exhibe datos duros y los echa a perder al sacar conclusiones constitutivas de calumnias. Morena adelanta que se cometerá un fraude en contra suya, mientras López Obrador lleva a cabo su décimo quinto año de campaña presidencial. Los demás no existen.

Es banal que se les exija a los partidos planteamientos programáticos y su cumplimiento posterior. Todas las promesas de esta elección intermedia son incumplibles. Hasta las del partido gobernante. El Senado, como factor de estabilidad legal e institucional, no cambia. La composición de la próxima Cámara de Diputados, de no suceder una sorpresa mayúscula, estará dominada, sin mayoría absoluta, por el PRI-PVEM. Esa cámara aprobará tres presupuestos anuales con calzador y apoyados por el PAN a precio de oro.

Las gubernaturas en juego revisten un poco más de interés. En Baja California Sur repite el PAN. En Sonora, la candidata del PRI pide un avión —prestado o rentado, no importa— para irse a Las Vegas y quitarse el estrés. En Colima el PAN puede dar la sorpresa si el PRI no se pone las pilas. En Michoacán la tendencia apunta a Silvano Aureoles para desgobernarlo. La rifa del tigre en Guerrero será para el PRI. Querétaro y San Lui Potosí muy cerrados. En Campeche luce claramente “Alito”, su cartera y el PRI.

Nuevo León se cuece aparte. En uno de los estados no solo más desarrollados económicamente, sino con un capital humano de excelencia y una historia firme de bipartidismo y cultura cívica, un ciudadano sin partido disputa el segundo lugar al PAN; un personaje con 33 años de priismo hasta septiembre pasado, de nombre Jaime Rodríguez, autoapodado Bronco. Un tipo orgulloso de su carácter violento y atrabiliario, acusado de despojo y signado en su trayectoria de violencia, desde episodios intrafamiliares hasta enfrentamientos a tiros con narcotraficantes. Un candidato que promete para el estado más moderno del país, en industria y en servicios, “trabajar en el campo y hacer que el estado vuelva a ser un estado sencillo”, y agrega “no haremos ninguna obra en los primeros meses porque lo primero que tenemos que hacer es planear”. Esto es el ex priista no sabe para qué quiere ser candidato. Uno puede independizarse de unas siglas, pero no de su propia biografía. Es una excentricidad; no obstante, el día de la votación las aguas volverán a su nivel.

Más relevantes son algunas de las elecciones locales sin gubernatura de por medio, en especial Estado de México, Distrito Federal, Jalisco, Guanajuato. No es menor tampoco la alcaldía de Mérida; la distribución resultante de esas elecciones locales será un síntoma de una elección presidencial que ya está en marcha, no solamente con AMLO, sino también con Miguel Ángel Mancera y Gustavo Madero.


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