Sin coincidencias

PRI: hacia 2018

En el aniversario de 2018 estarán aplaudiendo a rabiar en el Plutarco Elías Calles a su candidato a la Presidencia de la República. Aplaudirán los priistas que hayan sido invitados, no todos. Hacia la elección presidencial de ese año, el Revolucionario Institucional enfrentará a dos enemigos conocidos pero con una intensidad nunca antes vista: el costo, el desgaste, los errores, los crímenes, el patrimonialismo, la impunidad, la exclusión, las estupideces y la corrupción de 89 años, para entonces, en el poder o cerca de él. Ese es un adversario temible. El otro enemigo está en casa, aunque muchos de los que serán entonces no lo sepan hoy.

Faltan dos años. Muchos dirán que en ese lapso y aun antes de que el priismo se pronuncie por quién será su candidato, en noviembre o diciembre de 2017, habrán de suceder aciertos y errores que modificarán el tablero interno de la sucesión presidencial en el partido gobernante. Es cierto, bien dicen que la política es el arte de lo efímero. Sin embargo, para la tercera sucesión presidencial del siglo XXI, el partido en el poder ya no puede seguir pateando el bote hacia adelante a la espera de que las cosas se acomoden con el paso del tiempo.

Nuevamente el PRI se aproxima a etapas decisorias sin que sus métodos internos se adecúen a circunstancias culturales de cada vez más competencia, transparencia, apertura e inclusión.

Era muy fácil, como partido opositor, que el presidente de la organización se impusiera como candidato en 2006. Era todavía más fácil, junto con los errores del partido gobernante, que un gobernador se convirtiera en candidato del PRI con el apoyo de 20 más de sus iguales. Ya no hay partido opositor en el gobierno, la pluralidad de la geografía del país no presentará un bloque monolítico de respaldos regionales y los pocos o muchos posibles contendientes, como partido gobernante, no cuentan con márgenes necesarios para construir en un año política y económicamente muy complicado una o dos candidaturas por encima del resto de los pretendientes.

Ochenta y nueve años de historia, palabras más, palabras menos: en la cumbre del pinche poder, parafraseando a Fidel Herrera, no se pueden borrar en la imagen colectiva de un amplio sector del electorado. Afirmar para entonces que ya no habrá corrupción es no decir nada. Salir desde las filas del partido en el poder a destacar los aciertos del pasado reciente y del presente es poco ante expectativas frustradas que superan con creces los logros.

Como en la nominación de 2006 y su proceso previo la clave está en el método. La vida pública del siglo XXI requiere de visibilidad para tener un dejo mínimo de legitimidad ante la opinión pública.

Se afirma que al PRI le sobran precandidatos. Qué bueno. ¿Cómo van a hacerle? ¿En espera de que suene el teléfono? Es hora de que el PRI y su gobierno se sienten a examinar con detalle un método que sin restricciones impuestas desde afuera facilite el lograr una nominación presidencial donde el electorado reconozca que en los hechos, y desde la misma toma de decisiones, hay una voluntad de inclusión, plural y de un cambio del que sin saber ni qué ni a dónde, está esperando un país cada vez más urgido de un futuro de certezas y sin regateos, sin exclusiones grupales ni pontífices de verdades únicas. Desestiman la experiencia del Tucom en 2006; regodéense esos en los resultados de Roberto Madrazo.

valencia.juangabriel@gmail.com