Sin coincidencias

PRD: la historia no lo necesita

El Banco de México anuncia que el máximo de crecimiento económico nacional de este año estará en 1.4% y en el mínimo de 0.9%. Es el mismo Agustín Carstens que en 2009 anticipó un “catarrito” que derivó en una baja de crecimiento económico de menos 6%. El mismo simpático gobernador del Banco de México, nombrado como Gobernador del Año entre los bancos centrales. Ahora tiene la audacia, o la puntada, desde donde quiera vérsele, de anticipar un crecimiento económico para 2014 a más de 3.5% anual.

El crecimiento económico depende del nivel de la inversión. Nada más. Existe riqueza mundial y esa se asigna y localiza de acuerdo a su rentabilidad. Es así de sencillo. Más en una economía mundial básicamente abierta y no es en el mundo neoliberal donde esa conducta es predominante. Existe desde los chimpancés y a esa lógica responde también el comportamiento de los marsupiales, bichos ambos muy aplaudidos en su inteligencia por los políticamente correctos. Son animalitos que no platican, aunque lenguaje tienen, y maximizan ganancias individuales y colectivas.

Hay animalitos más o menos inteligentes. Unos son más inteligentes en grupo, en la resultante de su acción colectiva; otros son más listos en la acción individual.

En su audacia, el gobernador del Banco de México da a entender algún factor que haga una diferencia de más de 1.5% en la tasa de crecimiento de la economía mexicana. Ni la Ley de Ingresos ni el Presupuesto de Egresos próximo a aprobarse dan para eso. Ni cerca. Carstens es un hombre de números y serio. No da. Entonces ¿cómo?

Por primera vez en muchos, muchos años el paralaje de crecimiento económico de Estados Unidos y México empieza a bifurcarse. Estados Unidos se recupera y México no. ¿Cuál es la apuesta para aumentar la tasa de crecimiento en más de 1.5% respecto de este año? ¿Producción nacional? ¿De qué? Estados Unidos es cada vez más autosuficiente y lo será a plenitud en combustibles en 2017. La industria automotriz, puntal de la economía mexicana y de sus exportaciones, se enfrentará a todas las plantas automotrices que habrán de ubicarse en Estados Unidos por el costo de combustibles en comparación con México a pesar de lo barato de la mano de obra mexicana. ¿En qué más está pensando el Banco de México? ¿Un boom mundial de demanda de aguacates? ¿De demanda de cemento y acero mexicanos caros en razón de los costos de su producción por falta de combustibles? ¿Algún incentivo que estimule la competitividad de México como foco de atracción a la inversión extranjera cuando una reforma, fundamental, tan cacareada como la reforma educativa se negocia, durante tres meses, ya aprobada por la autoridad que es el Congreso, negociación solapada por un gobernador, un jefe de Gobierno del Distrito Federal y un secretario de Gobernación, cuando es ley vigente?

Decía uno de los pocos acertados economistas en México que conozco, extranjero, por lo cual es innombrable, que la buena economía es 10% técnica y 90% expectativas. Y acertó. Eso no invalida la afirmación radical de que un microeconomista es alguien que está equivocado en algunas cosas específicas y que un macroeconomista es alguien que está equivocado acerca de las cosas en general.

¿Por qué es audaz y no una puntada del gobernador del Banco de México el estimar una tasa de crecimiento económico mucho más alta para el país el próximo año? Por la creación de expectativas. México no va a cambiar el próximo año, pero puede estar en gestación. ¿Qué puede estar en gestación? Lo que puede estar en marcha, larga marcha —para satisfacer a los imbéciles totalitarios—, es la decisión de leyes y creación de instituciones que hagan de México a la vez un Estado fuerte y un mercado creciente, aliados ambos. Todo lo demás son fantasías de finales del siglo XIX.

El rigor técnico, la disciplina institucional y la capacidad burocrática en el mejor de los sentidos están a prueba para convertir a México en un país en el que 10% de técnica y 90% de expectativas lo conviertan en una de las grandes potencias mundiales. Si el PRD se levanta de una mesa a la que no fue invitado, que se le levante. La historia no lo necesita.

valencia.juangabriel@gmail.com