Sin coincidencias

PAN irresponsable y confuso

No es el espacio ni el tiempo para trazar, ni siquiera en boceto, la historia de los partidos políticos. ¿Qué fue primero? ¿Las elecciones o en otros tiempos las facciones y después los partidos políticos?

Facciosos siempre ha habido. Según la Biblia así empezó la especie humana, en una elección, entre la campaña de Satanás con Eva y Adán, reclutando correligionarios en pos de un programa: derrocar a Dios. Perdieron y los expulsaron del Edén. En democracia se gana y se pierde. Es el drama fascinante, a veces hasta trágico, cambiando los alcances de la dramaticidad, de la esencia del ser humano que es su capacidad y derecho a elegir lo que sea, ser aficionado de un equipo de futbol o cometer un genocidio.

La esencia del derecho a elegir conlleva responsabilidades hacia terceros y hacia uno mismo. Los partidos políticos en México en su conjunto no la han resuelto, salvo el PVEM y el Panal, que tienen dueño y que dan la cara. Los demás, principalmente los grandes, tienen serias dudas internas respecto de la identidad de a quiénes responden. Fenómeno normal, en una democracia consolidada, en vista de que la claridad de objetivos y organizacional de un partido político está inversamente relacionada con la complejidad del mundo actual, en un país razonablemente avanzado como es México.

Los medios han tratado de poner acento en la dureza de la contienda interna del PAN por la presidencia del partido. Caben algunas puntualizaciones e interrogantes sobre el alcance de esa dureza y las consecuencias de esa contienda. Se les llena la boca de la palabra democracia. Dicen que ahora sí es una elección abierta y democrática. Democrática fue la elección del candidato del PRI a la Presidencia de la República en 1999: 10 millones de votantes. Lo mismo ocurrió en la elección interna para elegir la presidencia nacional del PRI en 2003. Cualquier ciudadano mexicano, por serlo, podía votar. Ahora el PAN se festeja de una elección interna de 200 mil ciudadanos, en un país de 116 millones. La esencia de la democracia, sin adjetivos, es procedimental. Que no nos prediquen demócratas sin ninguna formación e información de una democracia auténtica con 200 mil votantes. A apantallar imbéciles a otro lado.

Las internas del PRI fueron indefendibles en su realización, sobre todo la de Beatriz Paredes contra Roberto Madrazo y la hoy reclusa Gordillo. Una elección no impugnada por la perdedora porque se pensó en México. No me incluyo. Pero el resultado está ahí y hay que reconocerlo. La unidad como valor, por encima de la verdad y de la legalidad. Eso eligió el PRI y está de regreso en el poder.

El PAN avaló en 2013 las reformas constitucionales del presidente de la República, Enrique Peña Nieto. Eso era lo fácil, dado el origen y la naturaleza del PAN. En las democracias modernas, los partidos políticos son solo apéndices de intereses no necesariamente políticos en el sentido de aspirantes a la ocupación de cargos públicos, sino al sometimiento de las decisiones de quienes ocupan los cargos públicos. No hay lugar a escándalo. Eso son todos los partidos políticos consolidados en las democracias modernas y avanzadas y son el mejor mecanismo para filtrar y procesar las demandas de sociedades plurales, inteligentes y democráticas.

Gustavo Madero, uno de los contendientes del PAN, nunca ha logrado superar su condición de sobrino-nieto de un hombre torpe, endeudado, familiarmente ambicioso y desconocedor de dónde estaba sentado. Perdedor en la alcaldía de Chihuahua, diputado federal por decisión de sus patrocinadores (Coparmex), senador por Fox y Marta, un “bato”, para usar su jerga verbal, que no tiene ningún otro mérito que el respaldo empresarial. El otro no se queda atrás. Quiere ser presidente del PRI, eso dijo en un mitin en Puebla. Bueno, está bien, por algún lado se empieza. Si Ebrard quería ser el dedo chiquito de Salinas y acabó rogándole a Mancera y a López Obrador, todo es posible.

La clave está en qué PAN será responsable a los intereses, que los hay en todos los partidos, que lo llevaron a aprobar las reformas constitucionales y no creerse dueños de su propio destino. En la elección de 2015 puede redituarles. Después, que se atengan a las decisiones de los intereses que hasta ahora los respaldan.

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