Sin coincidencias

Oaxaqueño esquiador

No es casual que en el transcurso de la semana los escándalos por corrupción hayan girado en torno a un ex gobernador y a un gobernador con licencia. No es casual, tampoco, que ambos personajes hayan estado a cargo de la gubernatura de los dos estados más pobres del país, como son Oaxaca y Guerrero. Mucho menos es casual que en los dos casos se vean implicados parientes cercanísimos. En uno, el hijo; en el otro, el hermano y el sobrino.

Lo del gobernador Ángel Heladio Aguirre, pase lo que pase, públicamente es cosa juzgada. Tras de los hechos de Iguala, forcejeó tres semanas para no separarse del cargo. Después de chantajear vaya uno a saber a quién, solicitó licencia y por los sucesos que resultaron en el asesinato de 43 normalistas han transcurrido cuatro meses y ni siquiera se le ha girado una orden de presentación. Su vigencia política orilló a que el precandidato del PRD y puntero en las encuestas renunciara a sus aspiraciones a la gubernatura de Guerrero con tal de no negociar impunidades con Aguirre. Pero lo que suceda con el ex gobernador de Guerrero resulta más o menos fácil de entender con toda la carga no solo de corrupción, sino de estupidez y descaro que conlleva el perredismo guerrerense, como se ha evidenciado en los últimos meses.

Más complejo es lo de José Murat y en términos políticos, eventualmente, más grave. Por supuesto que niega las revelaciones del New York Times. Únicamente reconoce propiedades en Park City, Utah, uno de los centros de deportes invernales más conocidos de Estados Unidos. A las laderas montañosas de Oaxaca les falta nieve. Lo de las propiedades en Nueva York él y su hijo se lo adjudican a parientes de ellos y el ex gobernador de Oaxaca atribuye las imputaciones del diario neoyorquino a intereses afectados por el Pacto por México, cuya negociación facilitó Murat poniendo su casa en México.

Lo anterior confirma que Murat carece de toda credibilidad. Basta recordar el episodio de 2004 en el que no está claro si después de una parranda del entonces gobernador murió un policía estatal. La prensa de aquel entonces nombró el incidente como “autoatentado”. Basta recordar cómo en 2003 el gobernador Murat se robó la elección interna de dirigencia nacional del PRI tapizando Oaxaca de “casillas soviéticas” con el apoyo de la tristemente célebre sección 22 de la CNTE, herramienta que siempre tuvo a su servicio y que ya como ex gobernador utilizó en 2006 para reventar Oaxaca con el movimiento de APPO.

No tiene credibilidad Murat porque las mayores afectaciones de intereses de las reformas estructurales del actual sexenio no se derivaron del Pacto por México. Eso es inexacto. Las tres reformas estructurales más importantes del sexenio se hicieron al margen o a pesar del Pacto por México. La reforma educativa, todavía en proceso, no se derivó del Pacto por México, además de que no lo requería. Era una reforma inobjetable a la que ninguna de las tres fuerzas políticas mayores se podía oponer. Las reformas de telecomunicaciones y energética se hicieron cuando el Pacto estaba ya roto. Sobra decir, adicionalmente, que el mérito de las dos últimas reformas mencionadas se debió, en forma primordial, a los grupos parlamentarios que lograron mayorías calificadas en las Cámaras de Diputados y de Senadores.

Que no se escude Murat en el Pacto. Que mejor explique.

 

valencia.juangabriel@gmail.com