Sin coincidencias

Fuera máscaras

No se puede menospreciar lo que ocurra en las elecciones de mañana. Pero es apenas el principio. Es el arranque y el inicio de la temporada de caza mayor.

A veces parecería que, desaparecido el régimen de partido hegemónico del PRI, fuerzas políticas distintas correrían por cauces naturales y que la democracia mexicana, que lo es, permitiría el fortalecimiento y la consolidación de fuerzas y personas independientemente de lo que el partido gobernante haga o deje de hacer. Eso es solo parcialmente cierto.

En los últimos años, tres y medio para ser exactos, han surgido diversas opciones con interés manifiesto en ser actores del proceso presidencial de 2018. Obviamente se encuentra López Obrador, que dueño de un partido se respalda, durante este sexenio, en 12 años previos de campaña presidencial. Margarita Zavala, ahora convertida por errores del ex presidente en la pareja presidencial, pero invertida, ha dejado en claro su intención de ser candidata. El presidente del PAN, Ricardo Anaya, quien no se atreve a decirlo, monopoliza el tiempo de medios correspondiente a sus candidatos en beneficio de sí mismo, rumbo a la elección presidencial. Otros, con seriedad, se consideran potenciales opciones, como es el caso de Jorge Castañeda o si lo queremos llevar hasta el ridículo, como Pedro Ferriz de Con o Denise Dresser. Todos, sin excepción, hacen rounds de sombra —o hacían, más bien— sin tener enfrente al verdadero adversario que, sin ser hegemónico, es mayoritario: el PRI.

Usos y costumbres de un sistema muerto pero insepulto llevaron hasta época reciente a que un legítimo proyecto personal de un priista fuese inconfesable por supuesta y falsa incompatibilidad con el ejercicio de la función pública y a falta del dedazo, del de arriba, el que se supone que todo lo podía. Eso ha terminado. Y pasado mañana, lunes, no mañana domingo, comienza la temporada electoral en serio.

Esta semana, durante el retiro espiritual de la ciudadanía —periodo de reflexión dirían nuestros sapientísimos legisladores— nos amanecimos con la gratísima noticia de que hay un político del PRI que concilia el ejercicio de sus atribuciones legales con sus posturas personales sin temor a riesgos ni miedos a sus pares y a la opinión pública.

El desacuerdo explícito del secretario de Gobernación con la alianza espuria de la CNTE con Andrés Manuel López Obrador se escapa del patrón declarativo del priista promedio encubierto en la ambigüedad, la indefinición y el eufemismo como llaves del éxito político. Inaugura, Miguel Ángel Osorio, una etapa de transparencia y de libertad dentro del priismo y, como partido gobernante, dentro del sistema político mexicano. Cuidadosamente exhorta a la responsabilidad discursiva al ex presidente Felipe Calderón, que, en su arrebato de campaña panista, confiesa ineptitud frente a hechos de los que tuvo conocimiento o cobardía.

La declaración del secretario de Gobernación inevitablemente abre la contienda interna dentro del PRI. Beltrones ya había dado un anticipo: el presidente del PRI no será candidato, es decir, no se hará candidato desde la presidencia del PRI, lo cual no quiere decir que no lo sea. Aurelio Nuño tiene por delante la reforma de planes y programas que deberían perfilar un país mejor y diferente. Sin los resultados de mañana, cualesquiera que sean, esta semana la democracia en México dio un salto hacia adelante.

valencia.juangabriel@gmail.com