Sin coincidencias

Semana variopinta

Una semana con variados temas de atención y reflexión. Semana intensa e importante.

Comenzó con "la nota". Pasó a segundo plano la promulgación de las leyes relativas al Sistema Nacional Anticorrupción. "La nota" fue la renuncia del secretario de la Función Pública acompañada de la solicitud de perdón por parte del Presidente de la República respecto de la casa blanca. Solicitud innecesaria e insuficiente. Innecesaria porque si se trató solo de una transacción entre particulares, cualquiera que haya sido su modalidad no requería de explicación alguna. Insuficiente porque si esa transacción estuvo relacionada con la licitación y posterior revocación de un contrato de obra pública, han transcurrido casi dos años y no se ha aclarado. Lo que queda es la impunidad política y verbal de un secretario del gabinete de EPN que a la pregunta de si esa decisión político-administrativa había sido contra el interés de México, asintió. Pero, en fin, el daño está hecho.

La reforma educativa en todas sus vertientes cobró la mayor relevancia. Por un lado, el diálogo entre la Segob y la coordinadora magisterial, al menos para la opinión pública y publicada, continuó en el estancamiento dado el maximalismo de los maestros disidentes. Parecería que estos no están tomando en serio la advertencia gubernamental de que se agota el tiempo.

Por otro lado, en el mismo tema, la SEP anunció en la semana los tres documentos base del nuevo modelo educativo. Tal vez la secuencia no fue la más adecuada y la reforma educativa debió comenzar por el planteamiento de la transformación de planes y programas y posteriormente el cambio en la administración y evaluación del sistema educativo. Pero así empezó la soberbia de Emilio Chuayffet y no hay retorno. Por lo pronto, está para la discusión pública un conjunto de documentos que modificarán y darán perfil al desarrollo de México en las próximas generaciones. Así de sencillo y así de trascendente. Sin duda, la reforma de más calado del sexenio de EPN.

Sin precedentes, la atención obligada de los mexicanos sobre el desarrollo y el discurso de la Convención Republicana para nominar a su candidato a la presidencia de Estados Unidos. No hubo sorpresas sino confirmación y reiteración de fatalidades. Cualquiera que sea el resultado electoral, en buena medida el daño está hecho. La nominación de Donald Trump enmarcó irónicamente el encuentro presidencial entre Peña Nieto y Barack Obama. El Presidente de México dejó claramente sentado que el gobierno no opinará sobre el desenvolvimiento de las campañas electorales en ese país. Postura lógica, aunque arriesgada. El gobierno de México apuesta a la racionalidad del votante estadunidense clase media, menor de 50 años y con alta escolaridad.

Respecto del tema económico entre los dos países, es evidente que la relación ya requiere de una revisión, pero para mejorarla no para disminuirla. En materia de seguridad, por desgracia, es más de lo mismo, ahora con énfasis en el combate al cultivo y comercio de opio y derivados. No recuerdo que en la conferencia de prensa de ambos mandatarios haya aparecido la palabra consumo. Destacable el énfasis puesto en el intercambio académico.

Muchos temas en una semana compleja. Todo indica que esa intensidad habrá de incrementarse en las próximas semanas previas al cuarto Informe de gobierno.

valencia.juangabriel@gmail.com