Sin coincidencias

Militancia perpleja

En la víspera de la elección de la dirigencia nacional del PAN, si uno fuera militante de ese partido político estaría sumido en la perplejidad, la indecisión, la indeterminación.

Una contienda de perdedores. Es curioso. Alguien decía que una característica en la vida interna del PAN es que con frecuencia ganan los perdedores (tal vez el mejor ejemplo es Josefina Vázquez Mota, ex secretaria de Desarrollo Social; la corrieron de la Secretaría de Educación y le dieron como salida una diputación. Consiguió la candidatura panista a la Presidencia de la República, con rivales que la superaban en capacidad política y, por mucho, en dotes intelectuales).

Gustavo Madero, un empresario mediano que comenzó su carrera política perdiendo la elección por la presidencia municipal de Chihuahua. Un gris legislador y presidente del partido que perdió, en la parte de responsabilidad que le correspondía, la elección presidencial de 2012. La perdió por mucho.

Ernesto Cordero perdió la competencia en la búsqueda de la candidatura presidencial por dos dígitos ¡con Josefina Vázquez Mota!

Dos perdedores. A nadie le gusta votar por perdedores de pasadas gestas.

¿Qué proponen? Básicamente nada. Gustavo Madero habla de cogobernar con el PRI. Que se sepa, nadie en el gobierno ni en el PRI lo han invitado a cogobernar, a menos que Madero suponga que se cogobierna mediante la suscripción de 95 compromisos comunes y etéreos. También los suscribieron Los Chuchos y habría que estar un poco zafado para decir que el PRD cogobierna con Peña Nieto y el PRI. No ha tenido Madero el valor, la inteligencia o ambos atributos para deslindarse de los obvios y flagrantes fracasos de los dos sexenios de Acción Nacional. Era muy sencillo contrastar un panismo históricamente serio con la frivolidad de Vicente Fox y de la señora Marta. Era fácil y de fama pública apuntar como patología la guerra de Calderón.

Por su parte, Ernesto Cordero, con tal de evidenciar la corrupción de Madero y sus seguidores, lo que ha hecho es poner a la vista pública la realidad del PAN, la que algunos ingenuos y desinformados pensaban distinta y mejor que la de sus adversarios.

Como ocurre muchas veces en procesos electorales, los seguidores son mejores que sus candidatos. El día de ayer, en MILENIO Diario publicaron Roberto Gil y Beatriz Zavala textos justificatorios de “Por qué Cordero” y “Por qué Madero”, respectivamente.

El texto espléndido del senador Gil, salvo por algún detalle, podría llamarse lo que Ernesto Cordero quiso decir. Difícilmente podría estar uno en desacuerdo con sus planteamientos, excepción hecha de su afirmación de que Cordero “puso a la economía mexicana en una tendencia de crecimiento en medio de la crisis económica más grande que ha sufrido la humanidad”. La historia económica no es el fuerte del senador Gil. Una exageración innecesaria y falsa. Ni hubo tal tendencia de crecimiento ni fue la crisis económica más grande que ha sufrido la humanidad. Pero fuera de esa licencia conceptual, el texto de Gil parecería describir a Gómez Morín o por lo menos a Carlos Castillo Peraza o Luis H. Álvarez.

Beatriz Zavala, por su parte, escribe lo que Madero no había podido frasear: “La apuesta de Madero no será la de un partido que hace del obstáculo una causa o de la de un partido que pretende fomentar el mercado del antipriismo como un lugar común para ganar adeptos”. Su candidato, fruto de su confusión política e intelectual, así como de un inmediatismo cínico solapador de la corrupción y la mediocridad, es el padre putativo de ese engendro que a lo largo de esta semana se aprobó bajo el nombre de reforma político-electoral.

En 2015 el PAN repuntará en las elecciones federales intermedias, gane quien gane mañana domingo. Solo una fractura poselectoral en el proceso interno evitaría ese repunte. La razón es sencilla. Con buenas y malas razones, los electores esperaban que en año y medio el gobierno del PRI corrigiera el estancamiento y el inmovilismo de dos sexenios de Acción Nacional. Y si a eso se suma en 2015 la competencia entre Morena y el PRD, la mesa está puesta de azul, pero la elección interna del día de mañana poco o nada aportará al país y a ese resultado. Para cuando se integre la nueva Cámara de Diputados, la agenda legislativa del sexenio estará agotada. Les quedará repartirse el presupuesto.

La perplejidad del militante. Ante la duda, abstente.


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