Sin coincidencias

Malversar el éxito

Recobrar la confianza. Esa fue la expresión del secretario de Hacienda, Luis Videgaray. Recobrar la confianza, según él, para que las reformas realizadas y las que haya por venir tengan algún sentido. Un destello de lucidez y conciencia en un páramo de intolerancia y provincialismo. ¿Flor de un día?

Como en episodios menos graves que los recientes, el presidente Peña Nieto ha mostrado lentitud e incapacidad de respuesta para situaciones que no estaban en el “guión” de su desempeño. Así pasó en el caso de la niña Paulette, que uno quisiera pensar que esa historia ha concluido. Lo mismo pasó con el #YoSoy132 en la campaña. Antes quedan confusas historias sobre la muerte de su esposa. En todos los casos, lo que era sencillo de reacción y explicación lo convirtieron en situaciones de debate público, debate para muchos inconcluso.

El 38 por ciento expresó su confianza en 2012. Esa misma se acrecentó conforme el paso de los meses antes de la toma de posesión porque el Presidente electo se comprometió a modernizar la regulación del uso político de los medios estatales, a crear una agencia anticorrupción —tema del que forma parte la conseja popular y la realidad política desde que hace casi cinco siglos conquistó México lo más execrable de la sociedad española— y la concentración de decisión, mando y operación de los órganos de seguridad pública federal.

Empecemos por el último. Requiere ajustes y sus beneficios y ventajas están aún en la entraña del tiempo. Demasiado pronto para emitir un juicio definitivo.

Del uso de los medios con fines políticos a escala local, las reformas están muertas. Nada que afecte a quienes contribuyeron al encumbramiento. De la agencia anticorrupción, dos años para que el consejero de la Presidencia envíe 81 observaciones que amarran las manos del PRI y dan pretexto para que la oposición alegue rechazo de la Presidencia de la República a sanear la acción y el acto de gobierno de los funcionarios públicos.

Recobrar la confianza es responsabilidad de las autoridades. No es, para caer en las frases imbéciles de los funcionarios públicos, responsabilidad de todos. La falta de confianza en las instituciones y en las leyes se la ganaron ellos, las autoridades, a pulso. Es inválido el reparto de responsabilidades, indiscriminado, sin atribuciones legales y sin sueldo. Demagogos de pacotilla. Empezando por el secretario de la Defensa en la conmemoración del aniversario del Ejército.

Los márgenes son pocos pero los hay. Para una escalera rota que conduce a la cima hay que recobrar los primeros peldaños. Aguirre en la cárcel. Integración del Consejo Ciudadano que fiscalice al empleado del Presidente, quien a su vez lo investiga. Pensar en el país antes de actuar solo con fines tácticos, a menos que la finalidad sea únicamente amasar una fortuna y crear un linaje patrimonialista.

Saben cosas, hasta con títulos doctorales. Desde esa condición es todavía más escandalosa su incultura enciclopédica y su falta de ética, valores inherentes a la cultura y no a los títulos profesionales logrados a costa de sus patrocinadores y de sus futuros patrones. La clase política volvió la cara a las experiencias recientes y exitosas del inframundo como Nigeria o Angola sin tomar conciencia y responsabilidad de la Historia de México.

Lo más peligroso para un sistema o subsistema social y político es la frustración de expectativas más que la ausencia de ellas.

 

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