Sin coincidencias

Interrogantes del primero de septiembre

El próximo Informe presidencial será atípico, por lucidez o ignorancia.

No cabe que el speechwriter recoja modelos anteriores. La situación nacional no lo admite. Además de que el speechwriter ha demostrado a lo largo del periodo un profundo síndrome de disonancia cognoscitiva.

En el periodo de análisis, si se trata de hechos, el balance sería desastroso. Septiembre empezó en Iguala. Tlatlaya. Luego, la casa blanca. El ataque impune a Palacio Nacional. El anuncio de la investigación judicial más sólida en la historia de México y la verdad jurídica del procurador General de la República, que derivó en su defenestración. La explicación, si a eso se le puede llamar, de la primera dama sobre la legítima propiedad, si es el caso, de su casa. La increíble y simultánea revocación de la licitación del Tren México-Querétaro, acompañada de la inverosímil e ilegalmente confesa descripción del secretario de Comunicaciones y Transportes. La persistencia y continuidad del rechazo impune del magisterio de Oaxaca, Michoacán, Chiapas y otros foquismos a la reforma educativa constitucional.

Junto está el tema de la inseguridad. No fue menor que en el gobierno panista de Felipe Calderón. Y entonces está la locura del incidente del primero de mayo con un helicóptero derribado con fuerzas especiales, y la quinta fuga de Nemesio Oseguera; la emboscada previa a la presumida Gendarmería con saldo de cinco altos mandos muertos; Tanhuato como testimonio de venganza inexplicada y bárbara. Un fotorreportero de Veracruz, muerto en la colonia Narvarte, para agasajo de las ONG en desprecio de otras cuatro mujeres asesinadas. Un gobernador del PRI imputado y lento en su reacción y como, todo él, rudimentario y casi patético.

Un shock externo. Un dólar fuerte, una inminente alza de la tasa de interés en Estados Unidos, una devaluación del yuan, una severa debilidad del mercado interno. Tentativas falsas y desmedidas, respecto de los resultados de la apertura energética de México.

Y, mientras, la señora, activísima divulgando las maravillas de su Cruzada Nacional contra el Hambre. “No te preocupes, Rosario”. Korenfeld se va de vacaciones en helicóptero; inventan culpables de tráfico en el Aeropuerto de la Ciudad de México; se les va El Chapo, aunque sea por un rato; después de seis meses, el gobierno federal sale con su domingo siete con la designación del embajador de México en Estados Unidos, aunque sea un hombre muy reconocido por sus amigos, mexiquense de vocación y un político pequeñito, a pesar de la buena prensa que han manejado sus patrocinadores.

Ese es el saldo factual del último año. ¿Podría haber sido distinto? Tal vez no. Expliquen por qué no. Sería un acto de lucidez y de valor racionalizar las razones por las que el país se encuentra en las circunstancias actuales. Se podría, con una dosis de humildad en prescindencia de la soberbia pueblerina.

Peor que el miedo al fracaso, solo peor, es el miedo a reconocerlo. Si Enrique Peña Nieto, el primero de septiembre próximo, nos dijera con autocrítica de sí, de su gobierno y nos convocara a una autocrítica de todos, como nación, para que como gobierno y nación nos dejáramos de autoengaños y facilismos, el primero de septiembre próximo sería un parteaguas para que arrancáramos en una situación muy difícil. Si el mensaje es de rutina, háganle como se les dé su regalada gana, discursiva y operativamente.

 

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