Sin coincidencias

Mancera a la deriva

Tres días seguidos de doble Hoy No Circula son la punta del iceberg de 20 años de inmediatismo electoral de los gobiernos del PRD al frente de la Ciudad de México. No se limita a un problema de calidad ambiental. Tiene que ver de fondo con una visión articulada de mediano y largo plazos del crecimiento económico y del desarrollo social de la capital del país. Insuficiencia de infraestructura para movilidad, salvo los segundos pisos que todavía vaya uno a saber qué financiaron y a quiénes; una Línea 12 del Metro que dejó de funcionar a los seis meses; transporte público de los años 80; alejamiento de la necesaria inversión privada nacional y extranjera para encontrar polos más atractivos en otras partes; decisiones de vialidad contaminantes como la reducción de carriles en vías rápidas para otros fines y un Reglamento de Tránsito local recaudatorio si no es que de negocio público-privado. Desindustrialización de la Ciudad de México sin un proyecto alterno de soporte para proyectos viables de servicios como banca, consultorías, investigación científica y tecnológica, turismo.

Cuauhtémoc Cárdenas llegó a la Jefatura de Gobierno pensando en su candidatura presidencial a dos años de distancia. Asistencialismo y clientelas a todo lo que dio. Le sucedió Rosario Robles para contribuir a su campaña y para apoyar junto con Carlos Ahumada la campaña de Tabasco. No se nos olvide. Siguió López Obrador con más dádivas, otra candidatura presidencial en mente y el surgimiento del populismo mexicano del siglo XXI. Le heredó Alejandro Encinas para respaldar y apoyar la elección presidencial y el plantón de Reforma. Marcelo Ebrard, primer defeño electo para ese cargo, se limitó a administrar la estructura de AMLO con ocurrencias para satisfacción de pequeñas clientelas como las ciclovías y florecitas por todas partes. No le alcanzó y su delfín Mancera lo utilizó y lo traicionó con más de 60 por ciento de aceptación.

Al abogado Mancera poco le importó la precariedad económica y productiva de la Ciudad de México. Hizo a un lado la estructura administrativa y legal decretada por él mismo en materia de movilidad vehicular que ante una coyuntura adversa, tarde o temprano previsible, selectiva y discriminatoriamente, impone la fase de contingencia y la fase uno por encima de la legalidad vigente.

Mancera no tiene diseño para la Ciudad de México porque con una visión de mediano plazo, el corto comporta costos personales que la pretendida construcción de su candidatura de 2018 no quiere ni puede afrontar.

El 35% de la contaminación es causada por los automóviles. Impuesto el doble Hoy No Circula, se supone que eso se reduce a 20%. ¿Y el 80 restante? En buena medida, transporte público que no puede dejar de circular porque dejaría de circular su posible candidatura. La Ciudad de México presenta síntomas de cáncer y Mancera aplica aspirinas. Al mismo tiempo, se dedica a ver cómo construye una candidatura presidencial junto con independientes que no lo son, como él tampoco. ¿Y el PRD? Buscando aliarse con el PAN.

Se advierte cierta complacencia del gobierno federal, quizá para contrarrestar el efecto capitalino a futuro de AMLO. Es ingenuo. Mancera es un "pato cojo" y la capital será nuevamente de López Obrador. Prohijar desde el gobierno federal las ocurrencias de Mancera es costoso e inconducente.

valencia.juangabriel@gmail.com