Sin coincidencias

Deberes e ideas: no circulan

En una sociedad en la que se ha convertido en moneda de cuño corriente del intercambio público la cultura de la queja y la industria de la victimización, no debe sorprender el rechazo y la inconformidad a la reinstalación "generalizada temporal" del Hoy No Circula en la Ciudad de México. El problema, sin embargo, tiene dos caras. Una, el ciudadano que —ante el fenómeno político, esto es, la distribución del poder por actos de autoridad entre la colectividad, en el contexto de situaciones sociales y técnicamente multifactoriales y conflictivas— asume la simplificación como respuesta a la complejidad creciente de un tipo de convivencia llena de asegunes, pero indiscutiblemente preferible a otros modelos.

Tenemos una ciudadanía que asume para la política el camino más corto entre dos puntos, es la recta que los une cuando la historia de las políticas públicas enseña que nada tan distante de la geometría plana que el diseño y la aplicación de políticas públicas.

No es así. Hay intereses del Estado cuyo deber es la búsqueda de su cumplimiento, distintos a la suma aritmética de los intereses de los electores y de sus contribuyentes. Esto es descubrir el agua tibia, pero en una época en la que la palabra Estado significa poco o nada para el ciudadano y la política es el oficio de unos pocos corruptos y una mayoría de ineptos, vale la pena recordarlo. El deber ciudadano es diario en un país en el que la ciudadanía se considera a sí misma madura y no se agota en la entrega de la declaración fiscal ni en la fecha de comicios. Se requiere duda y reflexión a diario, ponderación de múltiples lectores sociales y decisorios que norman eso que despectivamente muchos llaman el orden político.

La reinstalación del Hoy no Circula generalizado sin importar hologramas, modelos, emisiones, horarios, zonas, es una muestra más del otro lado de la moneda: la autoridad política incurre en la misma irresponsabilidad del ciudadano, que no ve más allá del metro cuadrado que ocupa en un momento y lugar determinado. Se aduce que es provisional, cuando la primera ocasión que se aplicó, al paso del tiempo, quedaron demostradas sus anomalías, insuficiencias y perversión de objetivos que habían originado su implantación.

No existe en la disposición actual el menor sentido de equidad social ni de eficiencia ambiental. Los intereses fundamentales determinantes del fenómeno de la baja calidad del aire en Ciudad de México permanecieron intocados e inmunes, por no decir impunes, en una de las grandes megalópolis del mundo, cuyos transporte público y hábitos de movilidad responden al de pueblos y comunidades de menos de 25 mil habitantes.

Serán tres meses de medidas emergentes para ver qué otras ocurrencias tienen las autoridades federales y locales en posponer soluciones estructurales siempre y cuando no incidan en el calendario electoral. Los gobernantes, los de la Comisión Ambiental de la Megalópolis y los de Ciudad de México, entre la disyuntiva de democratizar sus criterios de acción e igualarlos a los de sus gobernados o bien emprender un proyecto costoso y complejo de mediano y largo plazo, optaron por igualarse a sus gobernados, cuando lo cierto es que fueron electos para hacer la diferencia y la distinción entre quien tiene que ver por el aquí y el ahora y aquellos cuyo mandato es el de responder ¿mañana qué?

valencia.juangabriel@gmail.com