Sin coincidencias

Gobernadorcito y pueblito mexicano

No recuerdo a los unamitas en marcha pública en solidaridad indignada por la muerte de Gonzalo Rivas, despachador de una gasolinera en la Autopista del Sol, a quien estudiantes de la así llamada escuela Normal de Ayotzinapa prendieron fuego y asesinaron, porque Rivas defendía su fuente de trabajo y el ingreso de su familia. Está filmado y está en YouTube. Ni siquiera hay investigación. Seguramente porque ni siquiera era estudiante. En una de esas porque era un tarado que no logró los registros académicos mínimos. Un pobre diablo. O que tuvo que trabajar desde los 12 años para mantener a su familia. Vaya uno a saber. No lograron desaparecerlo después de incendiarlo en gasolina para darle muerte. Quedó medio cuerpo para su identificación y para satisfacción de los defensores de derechos humanos. No es un desaparecido. Está bien identificado y está muerto. Punto final. Este es un país de asco.

Cuarenta y tres desaparecidos por una policía municipal de un pueblo de mierda, calificado como ciudad intermedia en Guerrero, desorbita la agenda nacional. Lo que es inaceptable para el común y la vida cotidiana de 116 millones de habitantes del país.

Es nota. 43 estudiantes de primer grado de la escuela subnormal rural de Ayotzinapa, con todo su historial, cambian la agenda nacional, de implantación y acciones efectivas derivadas de las reformas estructurales más importantes en la historia contemporánea de México.

Todo lo que ha ocurrido en tres semanas es para asquearse de ser mexicano. Se denuncia que hay 43 desaparecidos. ¿Quién los desapareció? No se sabe. ¿Los desaparecieron o alguno o algunos de ellos desaparecieron en la Sierra de Guerrero acogidos por parientes o vecinos en espera de la evolución de los acontecimientos? No se sabe. La hipótesis es válida después de más de 45 años de insurgencia criminal de los vínculos de la subnormal rural de Ayotzinapa. De Normal no tiene nada.

El gobernador se aferra a su cargo. El presidente del partido, que dice haberlo llevado al poder, lo sostiene, con argucias políticas ilegales y legales porque la voracidad y la falta de escrúpulos del presidente del PRD, Carlos Navarrete, no tienen límites. De limosnear dinero del PRI para su campaña en Guanajuato hace 20 años ahora toma como rehén a su gobernador a cambio de la cabeza de otros gobernadores del PRI. Como bien me dijo, un amigo de él, canjea la salida de Aguirre por la salida de alguno otro priista. Ese es el nuevo presidente del PRD.

El promotor del depuesto presidente municipal de Iguala, José Luis Abarca, renuncia a su cargo de secretario de Salud del gobernador en turno, Aguirre, para ser candidato a la gubernatura por Morena y designación de López Obrador.

Al gobernador Aguirre, por segunda vez gobernador, ya que en la primera ocasión sustituyó al renunciante Rubén Figueroa —de estirpe criminal por la matanza de los Bosques—, se le olvida que por medios legales o extrajudiciales a un gobernador se le puede quitar del cargo. Si el Presidente lo quiere. Ninguno de los 32 gobernadores pasados o actuales están exentos de esa posibilidad.

México atraviesa por un momento muy difícil, más de lo que se están dando cuenta. Entiendo que los ayotzinapos no sigan el comportamiento de los mercados. Ese es el nivel de comprensión de su presente y del autocumplimiento trágico de la profecía de su futuro. En julio de este año el precio promedio de la mezcla mexicana de petróleo por barril era de 99 dólares. Hoy es de 76.7 dólares. Cada dólar menos implica una pérdida de finanzas públicas de 3 mil 700 millones de pesos anuales, todas, variables ajenas a la decisión nacional. Disfruten la tragedia.

Guerrero no es un problema ni los 43 desaparecidos. Son muchos los problemas. Sería una irresponsabilidad jurídica e histórica que no haya sanción a un gobernadorcito que pensó que a través de su hijo puede prolongar su impunidad económica y política y que el presidente de un partido político piense, imbécil, que puede canjear impunidades y sanciones partidarias.

Es tiempo de que el gobierno de Enrique Peña Nieto y su partido reflexionen sobre las consecuencias de lo que hacen y unifiquen posiciones al respecto.

Las élites están preocupadas y son las que determinan el crecimiento económico, el ingreso de las familias, no el asistencialismo público. Detengámonos y tomen las decisiones en consecuencia. El futuro de México sigue siendo muy promisorio si se actúa a tiempo y con firmeza.

 

valencia.juangabriel@gmail.com