Sin coincidencias

Crisis ficticia

Convirtieron un problema grave en una crisis y a ver cómo salen de ella. Crisis verdaderas decidieron que las matara el tiempo. Iguala fue una crisis real por los actos y omisiones precedentes de los tres gobiernos, municipal, estatal y federal. Política local y partidaria, narcotráfico, homicidios, complicidades de autoridades locales a todo nivel, la inteligencia federal de vacaciones. No fue solo un hecho delictivo mayor, que el ex procurador, mal que bien, atendió con su verdad jurídica, la única disponible al día de hoy. Fue una crisis política de falla institucional, falta de aplicación de leyes, impunidades políticas y partidarias. El Cisen no supo nada, el Ejército, tampoco, Ángel Aguirre toma el sol en Acapulco, a Carlos Navarrete ya se le olvidó su relación con Iguala, la Ceteg se montó al circo, le dieron más presupuesto federal a los guerrilleros de la Normal Rural de Ayotzinapa, al director del plantel que movilizó a los estudiantes muertos nadie lo toca, el gobernador actual se financiaba con dinero de las FARC. Esa es una ensalada de una crisis política en serio y, salvo Murillo Karam, nadie hizo nada. Y la opinión pública registra.

La casa blanca es otra perla. Una licitación cancelada fuera de todo marco jurídico por un presunto delincuente, que es el secretario de Comunicaciones y Transportes. A la luz pública. El Presidente de la República resulta implicado y manda a explicar a su esposa, quien aprovecha para regañar a una opinión pública molesta y engañada. Se exhuman a una institución y a un personaje para que investigue lo que nunca habrá de investigar. No pasa nada y la opinión pública registra.

No hablemos de barbaridades y errores militares como Tlatlaya, Valle Hermoso, Tanhuato y el general secretario convertido en quejoso de la acción de la autoridad civil. El Ejército sigue siendo intocable, pero la opinión pública registra.

Y registra perspectivas económicas que no cumplen con expectativas, con configuraciones y actitudes elitistas y excluyentes absortas en su localía y su minusvalía intelectual y moral. Las portadas de HOLA retan abiertamente a la opinión pública. Que se chinguen parece ser la postura del que confunde la relación gobernante-gobernado con la de dominante-dominado. Esa relación se transformó cuando esto que se llama México se autonombró República. Y la opinión pública sigue registrando, hasta que un problema da pie a generar una crisis artificial, pero atizada desde el propio gobierno.

Se escapa de una cárcel un importante narco. A las siete de la mañana del día siguiente, el gobierno ya está fijando la agenda pública. Que gira a Francia, que Ronda Uno ni que nada. Rubido dice que es El Chapo Guzmán y es el túnel. Y el speech writer de los Pinos lo secunda y pone en boca del Presidente que se trata de una afrenta de Estado.

Lo de El Chapo fue un problema grave. Institucional, funcional y perfectamente focalizado. Ahora, desde fuera y dentro del gobierno, quieren que sea la determinante de un nuevo proceso político y decisivo en la sucesión presidencial. La narrativa oficial llevó a esto. Y la opinión pública lo compró, harta de toda la inacción precedente. Ahora súbanse a ella o recurran a algo a lo que no han recurrido en todos los meses anteriores, racionalidad política y respeto a su circunstancia histórica.

 

PD

Súmenle el enojo de los americanos, agraviados por dos años y medio de desdén.

 

valencia.juangabriel@gmail.com