Sin coincidencias

Ausencia de virtud: ¿anacronismo?

Suena pasado de moda pero no se tienen atributos de un estado moderno sin una base mínima de virtud, por anacrónica, teórica y empíricamente que parezca.

Discrepo con el aplausómetro reciente. No hay virtud política ni profesional en el cumplimiento de la función pública acompañada de la expresión confesa de la falta de convicción personal en el sentido, significado y alcance de ese cumplimiento. En dos entrevistas periodísticas, en los últimos 10 días, el secretario de Defensa ha dejado en claro que no está de acuerdo con las funciones que desempeñan las fuerzas armadas en materia de seguridad interior.

Ha aducido verdades sabidas y lugares comunes sobre las deficiencias institucionales y legales de la actuación del instituto armado en ese tema. Con objetividad y conocimiento, sin prejuicios moralinos o perversos, todos aquellos que conocen el tema coinciden en esa precariedad. Es obvia. Lo que no es obvio es que se necesite que el general secretario salga a los medios a hacer públicas sus dudas y muy personales reservas sobre la pertinencia de lo que hacen las fuerzas a su cargo.

Esgrime como fundamento último de su conducta la obediencia. Qué bueno que lo reitere. Qué malo que disocie la obediencia del hacer con la conciencia válida de lo que se hace. Al salir a explicarse a los medios, se expone al juicio crítico, aunque aislado, de los motivos a regañadientes de su actuación. Qué lástima que el trabajo genéricamente noble y a veces hasta heroico de las fuerzas armadas se haga a pesar de los titubeos de su más alto mando después del Presidente de la República, el que ordena al que obedece, sin comprometer su convicción ética en el acto de gobierno.

No hay virtud ni ética en la elusión leguleya de responsabilidades políticas y administrativas. Tiene razón jurídica el secretario de Educación Pública al afirmar que su interlocutor legal es el Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación y no la CNTE, con la que conforme a derecho no tiene nada de que hablar. Sea pues. Que los arregle la Secretaría de Gobernación o por qué no la Secretaría de Agricultura, ya que son comunidades eminentemente rurales, o la de Desarrollo Social, ya que a final de cuentas la reforma educativa es un cambio cultural dentro de un vasto tejido comunitario. Dos años y medio hasta que el problema pareciera estar a punto de desbordarse, ahora sí, más allá del ámbito de responsabilidad del secretario de Educación, mismo personaje del que todavía podemos recordar cómo despreció un pleito por una mina de arena, durante semanas, hasta que la matanza de Acteal le explotó en la cara, a él y al régimen.

No hay virtud ni vergüenza cuando se declara que una decisión administrativa a cargo de su propia responsabilidad no fue en el mejor interés de México. Gerardo Ruiz Esparza dixit respecto de la revocación de la licitación del tren México-Querétaro. No hay vergüenza profesional ni política cuando se desestiman grabaciones telefónicas, jurídicamente inválidas y delictivas —no cabe duda— y de pasada se aprovecha para desestimar los indicios merecedores de la apertura de una investigación que permitieran allegarse de pruebas válidas para encausar judicialmente o exonerar.

No puede haber virtud en el indebido ejercicio del poder, en la disonancia cognoscitiva de ejercerlo y en el subejercicio del mismo. Tampoco puede haberla en la ausencia o posposición de sanciones.

 

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