Sin coincidencias

Aplazamiento fallido

En política, la defección de un aliado siempre tiene un costo. Pero no siempre son en el saldo pérdidas netas. Ante el eventual retiro del PRD del Pacto por México habría que hacer una valoración cautelosa de qué alcance tiene y cuál de las partes encaja el mayor de los perjuicios y hay que señalar que cuando se dice eventual retiro, es porque la palabra de la Dirigencia Nacional del
PRD, de cualquiera de sus dirigencias, debe ser tomada como provisional y con reservas.

Cabría preguntarse cuál habría sido en general el curso político del primer año del sexenio de Peña Nieto y en particular del intenso proceso legislativo en el que han interactuado múltiples actores teniendo como centro el Congreso de la Unión.

La firma del Pacto el 2 de diciembre de 2012 fue para muchos una grata sorpresa. Los 95 compromisos daban constancia de un marco común y compartido de propósito y acciones que de inmediato, a la vez que reflejaban un consenso mínimo de gobierno, en un sentido amplio, marcaban un punto de quiebre y de diferenciación con el inicio de la administración de Felipe Calderón, signada por el encono, el revanchismo y la violencia como huida hacia adelante. Si uno revisaba los 95 compromisos, difícilmente podría no estar de acuerdo. Se había logrado plasmar algo así como la quinta esencia de los políticamente correctos entre el gobierno y su partido gobernante, por un lado, y los opositores institucionales, por otro.

No obstante, también desde un inicio, no faltaron críticos del Pacto con el PRD, dado el historial de institucionalismo y voluntarismo, reconocimiento a su representación legal y su esporádica y coyuntural subordinación al asambleísmo y a sus bases. Una doble actitud permanente que lo vuelve, de toda la vida, un socio, si no poco confiable, bastante impredecible.

Su apoyo fue importante para dos de las reformas que por sí solas bastarían para justificar el primer año de gobierno: telecomunicaciones y educación.

No bastaba la voluntad ni la decisión presidencial para incursionar en el reformismo de ambas temáticas de no contar con un sólido respaldo de un espectro político plural. Reconózcasele al Ejecutivo federal y a sus aliados del Pacto en la parte de la historia que le corresponda a cada uno.

Pero hasta ahí.

La reforma hacendaria salía de todas formas con el PRI y sus aliados formales. La aritmética parlamentaria daba. Sin duda uno de los costos, tal vez innecesarios, en los que incurrió el gobierno con esa reforma fue un PRD envalentonado por quince minutos con base en méritos que no eran suyos y que solo sirvió para ahondar la de por sí natural irritación de muchos contribuyentes y empresarios que empezaron a dudar de la fortaleza de sus vínculos con un gobierno con el que en la campaña y al inicio del sexenio pensaron que andarían de la mano, lo que ya no fue tan claro.

Fue muy sano que la reforma financiera se hiciera sin el PRD, a pesar de sus decenas de críticas y objeciones en lo general y en lo particular. El camino estaba trazado: no más chantajes.

Ahora, con argumentos y pretextos banales se retiran de la reforma político-electoral, retiro que sería explicable si a lo que se está llegando fuese denunciado como un galimatías, que lo es. Lo cierto es que el PRD sabía, como todos, que esa reforma política era precondición del PAN para abrir la discusión de la reforma energética, de la que sabía, como todos, que era la reforma más importante para cerrar con éxito esta etapa del proyecto reformista del sexenio.

La única manera de impedir el debate energético era intentando abortar la reforma política electoral. Para el PRD la mejor discusión sobre las reformas constitucionales en el tema de energía es que no haya tales reformas constitucionales y el mejor momento para que esa discusión se realice es nunca. A eso lleva la falta de argumentos y la fallida construcción de un falso debate respecto de una supuesta privatización de algo a alguien, que no está contenida en las iniciativas de reformas constitucionales o de la supuesta apertura de Pemex al capital de los particulares, que no se plantea, por igual, en ninguna de las iniciativas.

¿Por qué lo hacen? ¿Desmarcarse de Morena vía la radicalización de posturas? ¿Conseguir al estilo de Marcelo la presidencia de un partido sin que importe qué con el país? ¿De verdad son tan pequeños?

valencia.juangabriel@gmail.com