Articulista invitado

La RS: sustento de la cadena de valor

El debate sobre la Responsabilidad Social Empresarial (RSE) ha trascendido lo que podríamos llamar el ámbito primario de la empresa. No con esto quiero decir que la empresa ha consolidado su responsabilidad social, ya que ésta es un proceso dinámico de revisión y adecuación día con día,  ampliando el espectro de su responsabilidad, en la medida en que los negocios se hacen más complejos, y su cadena de proveedores (de valor) adquiere relevancia a la hora de evaluar los comportamientos sustentables de las compañías. A esto se suma el que hoy una gran cantidad de servicios son provistos en base a tercerización o outsourcing, marcando nuevos retos de la proveeduría, y para la propia empresa, ya que éstos van directamente vinculados a tareas que naturalmente se catalogan como internas, como la administración de los recursos humanos, y de los que la empresa no puede desentenderse solo por el hecho de subcontratar el servicio.

Cada vez es más permeable la línea divisoria entre lo que hace y es responsabilidad de la empresa, con lo que implica la actuación de su cadena de valor. Es más: a los ojos del cliente o usuario final puede no haber diferencia.

La realidad nos muestra que la empresa actual ya no es juzgada solo por sus actividades directas. Muchos de los más conocidos problemas de RSE en el mundo están más relacionados con las cadenas de proveedores que con situaciones propias de la empresa. Quién no recuerda hace no muchos  años la polémica sobre el uso de mano de obra infantil en maquiladoras de Nike en el Pacífico Oriental. En ese sentido, la sustentabilidad de la cadena de proveedores y la responsabilidad social es ahora tan importante como la gestión misma del negocio, la calidad de los productos y las condiciones de costo-beneficio de un producto de la propia empresa que la contrata. No escapa a esta visión la relación que la empresa mantiene con sus proveedores, por lo que esto da lugar a nuevas posibilidades y oportunidades de relacionaRSE.

Por otro lado, la cadena de proveedores puede transformarse en un gran aliado de las empresas que tienen a la sustentabilidad responsable como un importante activo intangible, en la medida que aumenta el espacio de acción de estas prácticas hacia la cadena de valor. Lo anterior significa compartir con sus proveedores tanto los conceptos y valores propios de la empresa como también sus prácticas. Esto puede tener un impacto directo en la reputación, en un mercado cada vez más exigente, además de fortalecer las relaciones con los proveedores, lo que en tiempos de crisis como los actuales puede tener un gran valor estratégico.

La empresa proveedora sustentable recibe también importantes beneficios, mejora su rentabilidad, aumenta su valor en el largo plazo y amplía sus posibilidades de acceso a nuevas cadenas de proveedores. Cada vez es mayor el interés y la exigencia de las audiencias clave, como autoridades regulatorias, accionistas, proveedores, consumidores, empleados y la opinión pública, por  que las prácticas responsables de las empresas de su elección se traduzcan en acciones apoyadas en todos los niveles de la organización, a fin de tener un impacto tangible y positivo. La gran noticia es que hoy es todavía una decisión de elección para las compañías; mañana será una exigencia para poder sobrevivir.

*Director de Responsabilidad Social Empresarial del Centro Mexicano para la Filantropía, A.C. (Cemefi)