Articulista invitado

Los zoológicos, necesarios para la conservación

Los centros han evolucionado y su personal se ha especializado, pero los recursos asignados por los gobiernos limitan los proyectos a la mera exhibición; urge discutir su continuidad.


"Quien trabaja por la conservación de la vida silvestre no tiene un empleo, tiene una misión"
George Schaller

La muerte es inherente a la vida; sin embargo, cuando termina el ciclo de animales superiores que nos resultan cercanos, filogenética o emocionalmente, se percibe como una tragedia. Es el caso de la muerte de Bantú, con quién no solo compartíamos 98 por ciento del material genético (Nature, 8 de marzo de 2012), sino que empatizamos con porque era un ser carismático, cautivador e imponente, un personaje de nuestra ciudad que sedujo durante 25 años a los visitantes del Zoológico de Chapultepec, y él percibía esa atención, así que se comportaba como un verdadero rockstar.  

Esa fue una de las razones por las que a los mexicanos nos estremeció saberlo muerto, conmoción que sorprendió incluso al personal a cargo de su manejo, lo que nos permite comprender por qué a través de todos los medios se ha exigido a las autoridades conocer las causas que provocaron el fallecimiento y entender las motivaciones de quienes exigen la clausura de zoológicos y acuarios. No obstante, poca difusión se ha dado a la opinión de los biólogos, médicos veterinarios y técnicos, quienes nos ocupamos del manejo de vida silvestre y su conservación.

En México hay poco más de 100 zoológicos públicos y privados, pero alrededor de 70 por ciento es de administración municipal, en parte porque durante el sexenio de López Portillo, desde el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), se fomentó la creación de esos espacios en el país mediante la figura de Centros de Convivencia Infantil (CCI), con el propósito de que cada municipio tuviera su zoológico; esto es, más de 2 mil municipios. Numerosos alcaldes acataron la iniciativa de Carmen Romano de López Portillo; afortunadamente no todos tuvieron dinero para cumplir con esa absurda disposición; solo en Tabasco lograron construir 17 zoológicos, uno por municipio. 

Eso explica la proliferación de los CCI en el país, sin que existiera planeación, normatividad, personal capacitado, equipo ni financiamiento para su adecuada manutención y, por ridículo que parezca, así fue, ni siquiera hubo recursos suficientes para adquirir los animales, muchos fueron “donados” por los propios ciudadanos, que se deshicieron de ejemplares que no consideraron útiles.

El sexenio de López Portillo terminó, pero los zoológicos permanecieron, la gran mayoría sin los cuidados necesarios; solo se mantuvieron los más importantes, aquellos que fueron apoyados por sus patronatos, como el zoológico de León, o los que sobre una base de capacitación, planeación, inversiones y trabajo lograron transformarse en empresas rentables, como el Africam Safari e incluso el Acuario de Veracruz.

A escala global, hemos atestiguado que en los últimos años se han incrementado las presiones para garantizar tanto el bienestar animal y el manejo ético, como los derechos animales; aunque son demandas y tendencias predominantemente urbanas, principalmente en países desarrollados o con economías emergentes, tendencias a las que México, particularmente su capital, no ha sido ajena. 

Los acuarios y zoológicos son instituciones que han evolucionado a través de los años, trabajando por mejorar el cuidado animal e incorporarse a proyectos de conservación, de tal modo que cada vez se demanda personal mejor capacitado y de diferentes especialidades, como etólogos, químicos, patólogos, pedagogos, diseñadores e incluso administradores y abogados.

De manera lamentable los presupuestos asignados a los zoológicos no crecen al nivel de responsabilidad que se les exige, circunstancia que impide que se integren completamente a los proyectos de conservación de cualquier especie, limitándolos a apegarse al viejo esquema de cumplimiento de los objetivos de exhibición, educación, investigación y conservación.

La mayoría de esas instalaciones solo logra cumplir con el primer objetivo, muy a su pesar, porque para muchos de los funcionarios municipales e incluso los altos mandos de la Secretaría del Medio Ambiente de la Ciudad de México, la conservación de especies les resulta abstracta, superflua e intrascendente; invertir en un proyecto de conservación en las selvas del sureste o en el mar de Cortés no es prioritario para un gobernante que se encuentra a mil 500 kilómetros de distancia... Y no genera votos.

Ante la muerte de Bantú resulta importante proponer un verdadero debate sobre la pertinencia e importancia de acuarios y zoológicos, en un foro donde será sumamente complicado evitar el apasionamiento, porque los profesionales del manejo de fauna y su conservación aman a los animales de tal manera que se han consagrado a ellos a través de su formación. En 20 años de ejercicio profesional no he conocido a un solo colega indiferente a la fascinación por la naturaleza.

*Biólogo, especialista en el manejo de fauna silvestre, divulgador ambiental y ensayista.
olmosmx@gmail.com