Opinión

Los jóvenes

Las personas entre 14 y 29 años de edad desocupadas ha aumentado en los últimos cinco años cerca de 50 por ciento y el 61.1 se encuentra en la informalidad. El 75 por ciento recibe entre cero y tres salarios mínimos y sólo el 16 por ciento más de tres

Hemos comentado en diversas oportunidades que nuestro país presenta lo que se ha denominado "un importante bono demográfico" lo que significa que, el alto porcentaje de la población mexicana menor de 30 años –26 por ciento se encuentra entre los 15 y los 29 años– representa un gran capital humano que en el mercado internacional hace atractivo a este país para captar inversiones; otras naciones presentan una grado más avanzado de "envejecimiento" –casos como China y Estados Unidos– convirtiéndose en factor de competitividad para nosotros.

Esta propuesta corre un gran riesgo de no ser aprovechada en la justa dimensión que deberíamos tener en el concierto mundial.

En nuestra colaboración de la semana pasada, mencionamos que uno de los grandes retos que como país enfrentamos está en aprovechar el potencial de nuestra juventud, encausando así, toda la energía de generaciones que reclaman más y mejores condiciones y oportunidades para su desarrollo productivo y la justa demanda de inclusión en la actividad económica.

El diagnóstico es duro. Los números reflejan una realidad poco alentadora. Veamos: cerca del 40 por ciento de los jóvenes inscritos en educación media superior abandonan los estudios, mayoritariamente por necesidades económicas al interior de sus hogares. De cada 100 jóvenes, 80 terminan la primaria, 66 la secundaria y sólo el 36 el nivel de educación media superior.

En 2012, en educación superior había 3.3 millones de jóvenes, lo que significa una cobertura de solamente 32.8 por ciento. 1 de cada 4 jóvenes son pobres en extremo. 53 por ciento de los desocupados en México tiene entre 14 y 29 millones.

Según la OCDE, cerca del 25 por ciento de los jóvenes mexicanos no estudian ni trabajan, lo que significa el tercer porcentaje más alto solo después de Turquía e Israel, solo entre los miembros de dicha organización. El número de jóvenes entre 14 y 29 años de edad desocupados ha aumentado en los últimos cinco años cerca de 50 por ciento y el 61.1 se encuentra en la informalidad. El 75 por ciento recibe entre cero y tres salarios mínimos y sólo el 16 por ciento más de tres.

Número devastadores cuando nos referimos al que debiera ser el sector poblacional con mayor atención en materia de capacitación y preparación. 4 de cada 10 migrantes hacia Estados Unidos, son jóvenes menores de 24 años, con lo que el valor agregado de la fuerza de trabajo, en buena medida saludable y educada, se traslada a ese país.

Como vemos, estos datos sólo constatan una realidad que palpamos día a día en nuestro entorno, mientras que la tasa de desempleo nacional ronda en el 4 por ciento, en el segmento juvenil rebasa el 8 por ciento; es decir, tenemos una juventud alejada de las mejores opciones y cercana al vicio y una vida delictiva o como víctima de ésta. Sumado a lo anterior, los programas para facilitar la inclusión productiva de los jóvenes, son mínimos, y los que cuentan con dimensiones de inclusión productiva y cohesión social son prácticamente inexistentes. Por ejemplo, todos los apoyos y financiamientos para los micros, pequeñas y medianas empresas se orientan principalmente a favorecer el crecimiento y/o consolidación de las ya existentes.

El pasado 20 de noviembre el presidente Enrique Peña Nieto enfrentó este desafío, en la Ceremonia donde se entregó el Premio de la Juventud, en donde expresó de forma directa a su auditorio de jóvenes que atestiguaron el acto: "En cada joven mexicano hay una historia personal de dedicación, de esfuerzo y de lucha diaria"

Entonces se comprometió a escuchar, a través de una gran consulta nacional que realiza el INJUEVE y de la cual se dará paso a la construcción de las políticas públicas que su gobierno implementará para dar respuesta cabal a las inquietudes de los jóvenes y logre en un mediano plazo resolver la problemática que hoy describimos.

Para hacer realidad este compromiso presidencial, se definen programas como el Proyecto Escala, del Instituto Nacional de la Economía Social que dirige el ingeniero Carlos Rojas, dirigido a generar proyectos sostenibles, productivos e innovadores, encaminados a la restauración y enriquecimiento del tejido social. Esto se logra vinculado al segmento juvenil del Programa Oportunidades creando sinergia con otras instancias gubernamentales, despertando la creatividad de los muchachos. Interesante iniciativa que hay que seguir de cerca, motor del cambio de este gobierno, aliado de los jóvenes.