Opinión

La educación como insumo del desarrollo

Las personas con alto nivel educativo tienden a generar mayor número de ideas sobre mejoras en su campo laboral, logrando con ellos una mayor productividad; la sociedad debe darle prioridad a los grupos marginados para mejorar la educación y el desarrollo del mundo.

El valor de la educación en las sociedades modernas, es algo que está en boga desde hace más de dos décadas y cada vez, se le concede un lugar más preponderante como un insumo básico para el desarrollo y no sólo un derecho social. Lo que en teoría económica se conoce como capital humano, cada vez demuestra mayor influencia en los resultados de modelos que explican las diferencias en las tasas de crecimiento de muchos países.

El énfasis en la productividad, que ha puesto la llamada era global, ha hecho que se tenga un entendimiento claro de que los procesos de innovación son base fundamental de los rendimientos laborales, al modificar procesos para hacer más rápida la transformación del capital en mercancías y de estas nuevamente en capital, con lo que las ganancias del trabajo se vuelven muy lucrativas, y esto es especialmente cierto para el sector tecnológico que se observa, como el que mejor aprovecha esta relación.

Sobra decir que la base de los procesos de innovación que permiten estos procesos de alta productividad, están basados en el desarrollo de capital humano, lo que dicho de otra manera se traduce en personas con alto nivel educativo. Las personas con mayor grado de conocimientos tienden a generar mayor número de ideas sobre mejoras en su campo laboral, innovación, y también suelen adaptarse mejor a los cambios en sus entornos laborales, productividad.

De manera general, podemos decir que la situación a nivel educativa la Unesco la dibuja en su documento “La Educación para Todos, 2000-2015: logros y desafíos vía Unesco”.

De grosso modo las conclusiones de este documento nos indican que: I) Casi la mitad de los países a nivel mundial no ha alcanzado a la escolarización primaria universal; II) Sólo un tercio de los países consiguieron los objetivos de una Educación Para Todos (EPT); III) Ha disminuido el número de niños y adolescentes sin escolarizar en casi la mitad desde 2000; y IV) La probabilidad de que los niños en situación de pobreza se queden sin escolarizar, son cuatro veces mayores frente a los niños considerados ricos.

De acuerdo a estas conclusiones, es claro que la educación es también una cuestión de recursos, por lo que en los próximos años las naciones del mundo deben buscar apoyar a las naciones más vulnerables, que estarán buscando cumplir con los objetivos de la EPT.

Tal parece que existe una relación clara entre los grados de educación y los ingresos percibidos, a mayor educación mayores ingresos, por lo que, lo mencionado sobre el apoyo debe ser una prioridad, si es que se quiere avanzar en otros aspectos como la desigualdad y la mejora de los niveles de desarrollo en todo el mundo.

Así entonces, las nuevas metas educativas han de ser concretas, pertinentes y cuantificables. Debe darse prioridad a los grupos marginados y desfavorecidos, a los que es más difícil llegar y cuyos miembros siguen sin disfrutar del derecho a la educación. Tal como lo señala la Unesco, “la educación para el desarrollo permite que cada ser humano adquiera los conocimientos, las competencias, las actitudes y los valores necesarios para forjar un futuro sostenible”.

El abatimiento de la desigualdad y la pobreza pasa entonces por las capacidades que las personas tengan para buscar oportunidades laborales, que les permitan mejorar sus condiciones iniciales de su vida activa o productiva. Entonces los países deben de dejar a un lado la idea de la educación, como un mero derecho social para traducir está en el medio que permita equidad social. Tal como lo dicen los dichos populares, “la educación hará libres a los pueblos” y no sólo eso, es el medio que en economías del conocimiento los puede acercar a la igualdad.