Opinión

La confianza ciudadana

En representación de nuestro país tuvimos la oportunidad de asistir esta semana a la Segunda Reunión de Alto Nivel del Consejo Directivo del Centro de Desarrollo de la OCDE. Dicha reunión contó con participación de ministros y altas autoridades de los gobiernos miembros del mencionado organismo, quienes participaron en diversas sesiones discutiendo los retos en el diseño e implementación de políticas que generen cohesión social.

En términos llanos y sencillos la cohesión social se compone de tres ejes que se orientan al bienestar de todos los miembros de una sociedad: la inclusión social, el capital social y la movilidad social. El primero se refiere a la reducción de la pobreza y la desigualdad.El segundo depende de la confianza ciudadana en sus instituciones y entre ciudadanos. El tercero consiste en fomentar que nuestros hijos e hijas tengan mejores niveles de educación e ingreso y que nuestra generación tenga mayores oportunidades para mejorar su condición socioeconómica.

Las voces reunidas en el evento de la OCDE resaltaron la importancia de fortalecer la confianza de las personas entre sí y en sus instituciones; concluyeron que es importante que la ciudadanía confíe en que su gobierno podrá ayudarlos y protegerlos,y que con sus acciones contribuyen a su pleno desarrollo. En uno de los casos analizados se observó que en los países donde hay poca confianza en las instituciones gubernamentales, un tercio de sus habitantes considera la evasión de impuestos como algo aceptable. En aquellos países donde hay confianza en el gobierno y entre ciudadanos, solamente uno de cada diez considera aceptable evadir impuestos.

Esta confianza puede afectar la facilidad con la que se logran acuerdos políticos y se implementan políticas públicas, en especial en el ámbito fiscal. Si la ciudadanía confía en que las decisiones gubernamentales están libres de corrupción, intereses políticos -más que ciudadanos-, basadas en criterios objetivos y que incorporan la opinión de aquellos tradicionalmente marginados del desarrollo, están más dispuestos a aceptar pérdidas temporales (mayores impuestos) a cambio de beneficios futuros (una mejor calidad de vida y generación de ingreso).

Esta confianza ciudadana en las instituciones es a lo que se llama contrato social, aquella situación no escrita en la que todos y cada uno de los participantes en la democracia conoce sus derechos y obligaciones y están dispuestos a respetarlos y hacerlos respetar en aras de un bienestar común. Un contrato social sustentable requiere que se creen las condiciones para que cada uno de nosotros se sienta parte fundamental de la comunidad y confíe plenamente en que ayudar a otros también permite que éstos nos ayuden cuando sea necesario.

En el México de hoy mucho se ha escrito sobre el tejido social roto y la cohesión social erosionada. Es cierto que el crimen y la violencia contribuyen a lo anterior, así como las profundas desigualdades históricas y económicas que no hemos podido superar. Las pugnas partidistas tampoco han ayudado. Sin embargo, en la reunión de la OCDE se identificaron diversas formas de reparar esa cohesión social, destacando: abrir los espacios de diálogo e incrementar la participación de la sociedad en procesos políticos y en la solución de problemas comunitarios; fortalecer el sistema educativo para incluira grupos tradicionalmente marginados; reformar los mercados laborales para que existan más empleos formales, donde la fuerza laboral tenga derecho a prestaciones y un salario digno; consolidar los mecanismos de transparencia y rendición de cuentas; y una evaluación más estricta y rigurosa del ejercicio de recursos fiscales en todos sus ámbitos, desde programas sociales hasta fomento de la democracia. Existe evidencia de que estas políticas promueven el crecimiento económico sostenido, una mejor percepción de la calidad de vida e incluso, en los países con niveles mayores de cohesión social -la OCDE realiza dichas mediciones-, las personas consideran que pueden aspirar a más elementos para una vida plena que les satisfaga y les permita sentirse parte de su comunidad.La confianza en las instituciones no es, entonces, solamente un lugar común en discursos, sino que efectivamente podría cambiar nuestra vida y nuestras percepciones de lo que es posible.

Queda muy claro que las recomendaciones que hace la OCDE a sus países miembro, como el promover una mejor distribución de la riqueza para impulsar un crecimiento con mayor inclusión, es debidamente atendido por el gobierno de la República al proponer como una de sus grandes metas sexenales, el lograr llegar a ser un “México Incluyente” en donde disminuyan las grandes brechas sociales y que por tanto, para poder avanzar en este objetivo, hay que lograr recuperar la confianza ciudadana en las instituciones.