Opinión

Un adiós a Juan Carlos

El propósito de llevar a México a la meta de ser un actor con alta presencia en el exterior, al tiempo que se contribuye a hacer de éste un país próspero, hizo que en la semana el presidente Enrique Peña Nieto iniciará una gira por Europa, específicamente por Portugal, El Vaticano y en el Reino de España. La misma tiene por objeto intercambiar puntos de vista con los jefes de estado y de gobierno de los mencionados países.

Peña Nieto visitó Portugal el 5 y 6 de junio, en el marco de un viaje de relanzamiento de las relaciones bilaterales acordado con el primer ministro, Pedro Passos Coelho, y el mandatario mexicano durante la visita que el portugués hizo a México en octubre pasado. La agenda busca ampliar el diálogo político y fomentar contactos económicos, comerciales, financieros, turísticos y de cooperación. Esta visita es la primera que un presidente mexicano realiza en los últimos 16 años. Además, la agenda incluye una visita a la Sede del Poder Legislativo en Lisboa.

Luego de su visita a Portugal, el presidente de México se trasladó a la Ciudad del Vaticano el 7 de junio, para dar seguimiento al diálogo de alto nivel. También refrendar los vínculos de colaboración con este actor internacional, cuya agenda coincide con la de México en términos de paz, seguridad, desarme, derechos humanos, migración, pena de muerte y lucha contra la pobreza se prevén; encuentros privados del presidente Peña Nieto con el papa Francisco y con el secretario de estado, cardenal Pietro Parolin.

Respecto al Reino de España, donde el mandatario estará el 9 y 10 de junio, la intención es actualizar la Asociación Estratégica de la que gozan ambos países y dotarla de nuevos contenidos, incluyendo un incremento en inversiones, que contemple a las pequeñas y medianas industrias. La visita a España incluye un diálogo político al más alto nivel para buscar el aumento de los flujos turísticos y la promoción de una mayor cooperación científica, educativa, cultural, de defensa y judicial, así como la suscripción de documentos bilaterales e incluso, una visita al Poder Legislativo en Madrid.

Pero es claro que más allá de la agenda oficial que diera a conocer Cancillería y la cual, como es natural en estos viajes, está llena de los lugares comunes que obliga el protocolo diplomático para el caso, también existen circunstancias muy especiales que resaltar y que indudablemente van a marcar hitos históricos, sobre todo en el caso del viaje a España, ya que éste representa el último saludo que haga un mandatario al hoy abdicado Rey Juan Carlos. En efecto, Peña Nieto se convierte en el jefe de estado que diga el último adiós a su majestad española en esta investidura, posteriormente al sorpresivo anuncio de su renuncia al Trono, para dar paso al reinado de su hijo Felipe. Sobran las razones para entender que para los mexicanos, todo lo que suceda en España lo vemos muy cercano y de interés general.

Pero al mismo tiempo nuestro país es ajeno al sentimiento de tener una cabeza coronada, que reina pero no gobierna y que su misión es representar la Unidad Nacional. Es decir, para el mexicano común, hablar de reyes y reinas no va en relación con la idea política de la democracia que tenemos. Cosa muy diferente para los europeos, en donde esta añeja institución tiene todavía al día de hoy un valor y por lo tanto una utilidad –sometida constantemente a revisión popular- ya que se constituye en un eficaz fiel de la balanza de las pasiones políticas que confronta a los pueblos. Ese es el lado positivo de las monarquías, el negativo es que también han sufrido un desgaste por su proclividad a la vida superflua y llena de escándalos. En verdad es un tema polémico y que habla de la necesidad de reformas y actualizaciones en los sistemas políticos de la Europa Occidental. Pero es real que la figura del rey Juan Carlos transitará en los libros de historia como un personaje único y decisivo en la España Contemporánea, que consolidó la democracia y fue un férreo creyente en la unidad y capacidad de ascender en el progreso para hacer un país moderno y próspero. Todos preferimos quedarnos con esa imagen, de un paladín de la democracia y líder de su país y no la de la persona dedicado a intereses mundanos que cayó en el descredito popular. Hoy la tarea del próximo Felipe VI es grande, lleno de retos para dar continuidad no solo a su Casa Real, si no a un estado que no encuentra la forma de salir de una crisis más profunda de lo esperado y que esto ha originado conflictos sociales que llevan a repensar el espíritu nacional.

Esa es la España que visita Enrique Peña Nieto y en donde a nombre de México dará el adiós a Juan Carlos I, próximo ex rey, pero amigo por siempre de Iberoamérica y de los mexicanos.