Opinión

Transparencia: Condición primaria para la Democracia

Por transparencia podemos entender el hecho de abrir la información de las organizaciones políticas y burocráticas al escrutinio público, y que ésta no implica un acto de rendir cuentas a un destinatario específico, sino la práctica de colocar la información en la vitrina pública para que aquellos interesados puedan revisarla.

El término Democracia es algo cotidiano en todos nosotros, sí a alguien se le preguntará ¿Cuál es el sistema político en México?, nadie dudaría en decir que somos un país democrático. La respuesta sustenta su verdad en el pensamiento de que la democracia es sólo la libre acción de elegir mediante el voto a nuestros gobernantes y a quienes nos representan en ambas cámaras legislativas. No obstante, y sin entrar en detalles, el término implica una relación de paridad entre sociedad y gobierno donde ambos tienen derechos y, sobretodo, responsabilidades.

Tal como lo señala el IFAI en su página web, “las modernas democracias constitucionales no sólo deben garantizar reglas claras y confiables para la competencia electoral y el acceso al poder, sino además deben asegurar un ejercicio transparente de la función pública, de tal modo que la sociedad pueda conocer y evaluar la gestión gubernamental y el desempeño de los servidores públicos”.

Por transparencia podemos entender el hecho de abrir la información de las organizaciones políticas y burocráticas al escrutinio público, y que ésta no implica un acto de rendir cuentas a un destinatario específico, sino la práctica de colocar la información en la vitrina pública para que aquellos interesados puedan revisarla, analizarla y, en su caso, usarla como mecanismo para sancionar en caso de que haya anomalías en su interior. En el entendido de las responsabilidades que un sistema democrático demanda, lo ideal sería tener gobiernos que ejerzan sus funciones en una caja de cristal donde todo sea visible ya que, cuando el gobierno abre su información a la sociedad a la que sirve, es más difícil que se presenten actos de corrupción.

La corrupción florece cuando existe espacio para ocultarse; la corrupción necesita de encubrimiento para prosperar. Y quizá, el problema que este mal genera no sólo se refleje en la democracia; el Banco Mundial señala que la existencia de un Estado estable con instituciones transparentes tiene un impacto positivo en términos económicos (crecimiento de producto nacional, riqueza y logros sociales). Los países con instituciones gubernamentales efectivas y honestas estimulan el crecimiento de la inversión y el desarrollo social.

Por todo lo señalado y siguiendo los compromisos del Gobierno de la República, esta semana el Presidente Enrique Peña Nieto anunció 8 medidas para fortalecer el ejercicio de la transparencia y con esto, fortalecer la democracia en nuestro país. Estas acciones que se generarán tales como la creación de una Unidad Especializada en Ética y Prevención de Conflictos de Interés y la aceleración de las operaciones de la Ventanilla Única Nacional para los trámites y servicios del Gobierno, buscan que el servicio público tenga menos espacios de opacidad que permitan actos de corrupción.

El reto no es menor para el Gobierno del Presidente Peña, ante todos los esfuerzos emprendidos en las últimas décadas, la percepción sobre este problema no ha mejorado en nuestro país. De acuerdo con los resultados del Índice de Percepción de la Corrupción de 2014 que publicó Transparencia Internacional, México obtuvo una calificación de apenas 35 en una escala de 0 a 100; la que es un promedio de las últimas décadas. Más si bien esto se observa, debemos de ver que una propuesta nueva es siempre una oportunidad no explorada para lograr el objetivo de mejorar en este indicador.

Nunca es tarde para cambiar y tal parece que el que esta propuesta visualice el problema como algo estructural donde todos tenemos que hacer para mejorar en transparencia y evitar la corrupción, plantea una estrategia innovadora que puede cambiar el actual status quo.