Opinión

Tiempos de Riesgo

El escenario actual al que llega Dilma Rousseff en su segundo mandato al frente del Gobierno de Brasil, dista mucho al de hace cuatro años en su primera incursión. Por ejemplo, Dilma recibió de manos de Lula da Silva –su mentor político- un país con un halagador crecimiento económico del 7 por ciento durante el 2010. Hoy, en cambio, ella misma se hereda un raquítico crecimiento que los analistas prevén inferior al 1 por ciento en el 2014, además de un constante peligro de recesión y una creciente inflación,aunada a un importante aumento de la Deuda Interna.

A los magros resultados en materia económica, la Rousseff deberá enfrentar un congreso en donde la estructura de alianzas construidas desde la jefatura de gobierno que ha encabezado el Partido de los Trabajadores durante los últimos doce años presenta resquebrajaduras, las cuales se han venido manifestando en que cada vez es más difícil lograr consensos entre ejecutivo y legislativo. El, al final, pírrico triunfo del PT de Dilma sobre el senador social demócrata Aècio Nevecon un apenas tres por ciento, es la prueba palpable que aquella obra de ingeniería electoral construida a lo largo del mandato de Lula dista de ser tan monolítico y penderá cual espada de Damocles sobre esta segunda presidencia y cuarta consecutiva petista, en la que deberá esforzarse al máximo para conservar los apoyos que permitan sacar avante las medidas necesarias para impulsar a la alicaída economía brasileña.

Y uno de los temas más complicados y que más escozor puede causar afectaciones a las alianzas locales es sin duda las medidas que se adoptarán para enfrentar el escándalo de corrupción al interior de Petrobras, proveniente de que fue detectada una red de complicidades entre funcionarios de la paraestatal y empresas constructoras para asignar obras con sobre precios. Esto llevó a la detención de integrantes de dicha red por ambas partes, pero la acción ha ocasionado que Petrobras se encuentre en una semi parálisis, lo cual es muy grave para una empresa que representa el motor de la industria energética brasileña y que tiene la urgente necesidad de responder a grandes compromisos, sobre todo para poder atender la explotación de los recién descubiertos yacimientos en el Atlántico brasileño. Profundizar en el combate a la corrupción en Petrobras significa más detenciones de funcionarios y exfuncionarios, cosa que salpicará al partido de la Presidenta y algunos aliados, lo que complicará aún más su margen de operación política.

Sin duda, los grandes retos sólo se enfrentan con grandes decisiones, y éstas, precisamente fueron lo que anunció Dilma Rousseff el pasado primero de enero, en donde se comprometió a enfrentar con decisión la corrupción, a la que señaló como una vergüenza en donde hay un país con tanta pobreza. Además anunció una serie de medidas en materia económica dolorosas pero necesarias para reimpulsar el crecimiento brasileño.

El canciller José Antonio Meade representó a nuestro Gobierno en la ceremonia presidencial y tal como él lo entiende, “para México siempre será importante estar cerca de Brasil” y en efecto, si bien los mexicanos hemos aprendido de las experiencias positivas brasileñas, la difícil coyuntura que enfrentan hoy también deberá ser un claro referente para nuestro país en cuanto a un camino avanzado que nos llevan los sudamericanos. Sin duda, un gran reto para nuestros pueblos es consolidar la democracia y por tanto las instituciones que la sustentan. Por eso hoy para los mexicanos las vivencias de Dilma Rousseff no son acciones aisladas en una nación lejana que se pierden en los medios de comunicación, sino que deben ser seguidas con mucho detenimiento para aprender cómo un país con gran determinación, pero a la vez con mucha paciencia, vuelve a lograr el milagro de dar los resultados espectaculares que hace una década significaron sacar a casi 30 millones de personas de la pobreza. Esas experiencias son las que hemos aprendido y sobre las que trabajamos en el Gobierno de Enrique Peña Nieto.

Es así que iniciamos un 2015 que deberá ser mejor que el año pasado. Sin duda que este es el año clave del sexenio y esto obliga a trabajar con mayor inteligencia, ahínco y pasión. Deberá ser además el año en que se manifiesten resultados tangibles –en la medida de lo factible- del inicio del cambio transformador y además de tener que enfrentar el reto de un proceso electoral definitivo en la conducción del país. Y aquí estaremos para informar y analizar a lo largo de las semanas sobre este proceso continuo de Mover a México. Que tengan un buen inicio de año.