Opinión

Evaluando la Cruzada Nacional contra el Hambre

El pasado lunes 30 de septiembre, el Consejo Nacional de Evaluación de Desarrollo Social (Coneval) –organismo público descentralizado, legalmente facultado para medir la pobreza en México– dio a conocer, a través de su página www.coneval.gob.mx/Evaluacion/Paginas/diagnostico_diseño_CNCH_primer_informe.aspx, el primer informe sobre el diseño y la instrumentación de la principal herramienta de política social del presidente Enrique Peña Nieto, es decir la Cruzada Nacional contra el Hambre.

Esta evaluación es la primera de una serie que estará realizando el Coneval de manera sistemática para medir los avances alcanzados; al ser la primera, más que dirigirse a las acciones y su impacto, se circunscribió a revisar los aspectos tanto conceptuales como su desarrollo inicial.

En un ejercicio de transparencia, la secretaria Rosario Robles consideró indispensable implementar este medio para verificar la eficiencia de las líneas de acción a ejecutarse, para, en primer término, saber si vamos por el camino correcto y en segundo, medir el avance de la estrategia a través de sus eventuales resultados. El construir una política pública de amplia visión, como lo es la Cruzada, se constituye de múltiples facetas.

Como ya lo hemos comentado, no es sólo un programa sectorial destinado a atender un problema determinado, va más allá, es el cambio en la forma de ver y tratar al ciudadano, dejando de lado la relación asistencialista ya inoperante, para hacer del individuo y de su familia, sujetos plenos de derechos sociales, en donde el estado y sus diferentes órdenes de gobierno están obligados a cumplir y hacer efectivos esos derechos. Esto significa y se traslada a dotar de servicios básicos a la población que carece de ellos, hasta garantizar que haya educación y salud para todos, pasando por proporcionar seguridad social y vivienda digna pero poniendo en lo alto de las prioridades garantizar al pueblo mexicano su derecho al acceso a una alimentación suficiente y nutritiva.

El poder cumplir esta visión impulsó a colocar dentro de la agenda nacional el tema de que en México hay hambre, pero no como una percepción, sino como una situación de pobreza lacerante en la que han vivido millones de habitantes.

Es decir, el hambre no puede ser entendida sólo como una definición ortodoxa que se resolvería con proporcionar alimentos. La problemática tiene que ir más allá. Igual, el gran esfuerzo a que convocó el presidente Peña no podría dirigirse sólo a la pobreza, por lo vasto y complejo del problema, lo que provoca que se torne difuso y ambiguo; de ahí partimos para lograr una focalización que permitiera entonces determinar una población objetivo, que se define como los mexicanos en mayor grado de carencias sociales, resaltando la que indica la falta de acceso a alimentación.

Ese es el reto que se ha impuesto la Cruzada, atender a los 7.01 millones de mexicanos que están en el mayor nivel de pobreza y además tienen hambre.

Ahora bien, el avanzar en este marco se hizo con los programas y presupuestos existentes, con la estructura institucional preexistente, este fue otro gran reto al iniciar la Cruzada, el lograr una verdadera articulación operativa y presupuestal. Sobre todo si partimos del hecho que la pobreza no es un problema que se resuelve sólo incrementando presupuestos. Se identificó que más bien existía una inadecuada aplicación de múltiples programas por falta de coordinación, integralidad y vinculación entre secretarias de estado, Entidades y municipios.

Ese era otro reto de la Cruzada, lograr incluir en esta estrategia a los otros órdenes de gobierno en forma equitativa y transparente.

La Cruzada ha estado en un proceso de mejora continua, flexible, generadora de sinergias y complementaria de espacios, actores y acciones. Los grandes retos planteados en enero se han ido resolviendo de manera dinámica, se han descubierto áreas de oportunidad que antes ni siquiera se conocía por la falta de comunicación. Se está creando una nueva institucionalidad, que no existía en el país, dedicada al combate a la pobreza.

En este marco el enfoque para orientar el trabajo hacia indicadores es fundamental y ha permitido que el encargado del desarrollo social en México –federal, estatal y municipal– vea con claridad objetivos comunes.

Que si bien el Conveval, conforme a sus criterios particulares, señala observaciones a corregir, lo hace en un ámbito inédito, ya que dicho informe fue elaborado a petición y dentro del proceso de automejoramiento institucional. El posicionamiento de Sedesol al respecto (que es parte componente de esta evaluación) acepta recomendaciones, pero a la vez manifiesta sus propias perspectivas ante los resultados. Pero lo más digno de resaltar, es que en muchas áreas identificadas, ambas partes coinciden en los avances y se señalan los retos venideros de la Cruzada, como será su próxima expansión.

Para saber exactamente los alcances de la Cruzada y las áreas de mejora propuestas, es indispensable leer el documento íntegro de Coneval, de otra manera, sólo se tendrán partes sesgadas y fuera de contexto, lo que causa desinformación.

Al final, el mayor reto que ha enfrentado la Cruzada, es romper la inercia de cotos de poder creados y un gobierno archipiélago, como dijera Rosario Robles. En eso estamos y así vamos avanzando por un México Incluyente.