Opinión

La Estrategia Nacional de Prevención del Embarazo de Adolescentes

Quizá lo más importante no sea la presión al sistema social sino, por un lado, el riesgo que corren las jóvenes ya que las adolescentes tienen una mayor tasa de mortalidad al no estar preparadas físicamente para el embarazo lo que, también, hace que los bebés presentan riesgos de salud importantes.

Los embarazos juveniles son uno de los grandes problemas que enfrentan, en general, las economías en desarrollo. Se reconoce que la causa de éste es multifactorial pero se encuentra una correlación entre el bajo grado de educación, la pobreza y las zonas rurales, y el fenómeno mencionado.

Para el caso de nuestro país la presión al sistema social por los embarazos adolescentes es un tema importante ya que, según datos de la UNICEF, se estima que más de la mitad de los habitantes en este rango de edad del país, tienen un grado de pobreza que no les permite ni siquiera cubrir sus necesidades alimenticias de manera óptima y por ende, se estima que sólo el 7% de los jóvenes que son padres a edad temprana tienen los recursos económicos para mantener a sus familias.

Pero, quizá, lo más importante no sea la presión al sistema social sino, por un lado, el riesgo que corren las jóvenes ya que las adolescentes tienen una mayor tasa de mortalidad al no estar preparadas físicamente para el embarazo lo que, también, hace que los bebés presentan riesgos de salud importantes. Y por otro, el desarrollo personal que se trunca cuando se da la paternidad temprana.

La mayoría de estos casos obligan a los jóvenes a abandonar sus estudios; según los reportes oficiales, 80% de los adolescentes deserta de la academia. Esto corta las aspiraciones de la mayoría de ellos en una economía globalizada, donde lo que permite acceso a mejores oportunidades de empleo y de ingreso son las capacidades técnicas basadas en la educación.

Según datos de la OCDE, México es uno de los países con las tasas más altas de embarazo de adolecentes, pues se estima que al día se registran 1,252 partos, cuyas madres se encuentran en un rango de edad de los 12 a los 19 años; esta cifra representa que en uno de cada cinco alumbramientos está implicada una joven, pues se estima que el total nacional es de 6,260.

Así, consciente de este problema, el Gobierno de la República que encabeza el Presidente  Enrique Peña, lanzó el viernes pasado la Estrategia Nacional de Prevención del Embarazo de Adolescentes. El objetivo primario de esta estrategia es reducir en 50 por ciento la tasa de fecundidad de las adolescentes entre 15 a 19 años, para el año 2030.

A través de ocho ejes rectores, de los que se desprenden 90 líneas de acción para reforzar la educación, la salud, la prevención de la violencia y las oportunidades para que los jóvenes puedan tener un mejor futuro, se espera que el objetivo sea cumplido; a saber estos ejes son: I) Intersectorialidad,  que busca la cooperación entre los sectores público, privado y social, e incluso de la comunidad internacional; II) Ciudadanía y salud sexual y reproductiva, que es contar con información adecuada para tomar decisiones; III) Perspectiva de género, el embarazo no es solo cuestión de la mujer; IV) Curso de vida y proyecto de vida; V) Corresponsabilidad, que busca generar sinergias entre autoridades de los tres órdenes de Gobierno, padres y madres de familia, comunidades escolares, personal del sector salud, y por supuesto los propios adolescentes; VI) Participación juvenil; VII) Investigación y evidencia científica; y VIII) Evaluación y rendición de cuentas. El mensaje del Presidente es claro y, como señaló, “del bienestar actual de nuestros jóvenes depende el futuro bienestar de nuestro país. Si nuestros menores crecen en un entorno de derechos y oportunidades, como ciudadanos podrán desarrollarse plenamente y aportar más a la grandeza de nuestro país, y de ahí la importancia de que la sociedad y Gobierno, de que madres, padres, maestros y autoridades sumemos esfuerzos en favor de las nuevas generaciones”.