Opinión

Argentina en problemas: Los Fondos Buitre

En el 2008, varios inversionistas compraron a muy bajo costo los títulos de deuda declarados en moratoria; posteriormente fueron demandados ante la justicia norteamericana para obtener su pago; es decir, se compraron con la idea de obtener la máxima ganancia, a través del litigio, de ahí su nombre.

Una intricada trama jurídico-financiera amenaza cual nube gris a desatar una tormenta económica sobre Argentina. La que ha venido de crisis en crisis durante las últimas décadas sin encontrar la anhelada estabilidad.

Para entender cuál es el impacto de esta crisis financiera y las posibles repercusiones sobre la vida de millones de argentinos y su gobierno, resumiremos esta tragicomedia internacional que se ha denominado “Los Fondos Buitre”.

En 1998 Argentina entró en recesión y debía pagar un monto exorbitante de deuda externa contraída a muy corto plazo, por lo que en el 2001 y a manera de rescate parcial se instrumentó el denominado mega canje, que no era otra cosa que cambiar títulos de deuda que vencían a corto plazo por otros a mayor tiempo, pero con un interés más alto con el propósito de evitar caer en suspensión de pagos. Dicho mega canje no fue efectivo y en diciembre del 2001 el país declaró el cese de pagos de su deuda por aproximadamente 100 mil millones de dólares.

En el 2008, varios inversionistas compraron los títulos de deuda declarados en moratoria. Dichos títulos fueron adquiridos a precios muy bajos, al no ser muy viable su cobro, por lo que se denominaron “bonos chatarra” pero posteriormente fueron demandados ante la justicia norteamericana para obtener su pago. Es decir, se compraron muy baratos los compromisos no cumplidos de los argentinos pero buscando obtener la máxima ganancia, a través del litigio. Por esos se llaman “fondos buitre”.

La resolución a favor de los inversionistas que demandaron a Argentina, que un juez norteamericano dictara en el 2012 y la que ya fue avalada por la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos, ordena que se les deba de pagar la friolera de mil 600 millones de dólares, además de que se les otorga a los demandantes la posibilidad de pedir a cualquier magistrado de Argentina que investigue la existencia de depósitos y bienes de aquella nación para pedir eventuales embargos y asegurarse el cobro de su deuda.

Ante la negativa de Argentina de aceptar el fallo y su posterior solicitud al juez de suspenderlo, el gobierno sudamericano entabló pláticas con los demandantes, mismos que acaban de fracasar. Con esto, Argentina se vería imposibilitada de pagar sus compromisos y por lo tanto entraría en el denominado “default”, es decir suspensión de pagos, con todas las acciones punitivas consecuentes.

¿Qué espera entonces a Argentina y a los argentinos? De entrada, esta semana se derrumbó la bolsa argentina, a pesar del mensaje de la presidente Cristina Kirchner, que trató de ser lo más tranquilizador posible. De manera inmediata, una de las sanciones que recibirá el país andino será el cierre al acceso de los mercados financieros internacionales para conseguir dólares.

Al limitarse aún más la oferta de divisas en el mercado doméstico se complicarán los planes del gobierno de liberar el mercado cambiario. Para el ciudadano de a pie esto se traducirá en menos recursos para obras y servicios, así como menos empleos, crecimiento de la inflación por ende, negro panorama para una economía ya de por sí en recesión.

Este escenario nos recuerda a los mexicanos épocas ya idas, y que gracias a mucha capacidad y disciplina junto a la acertada medida de haber dotado de autonomía al Banco de México, ha permitido transitar hacia una economía muy sólida y estable. Del “efecto tequila” llegamos ya a un reconocimiento de las esferas financieras internacionales por la buena conducción de la economía que incluso ha trascendido a los últimos gobiernos priistas, los dos sexenios panistas, hasta llegar al actual gobierno. Pero es muy claro que eso ya no es suficiente, hoy la fortaleza macroeconómica deberá traducirse en crecimiento económico y éste a su vez en mejoras sustanciales en los bolsillos familiares.

Hoy la buena perspectiva de ver concretadas las reformas estructurales permite por primera vislumbrar la luz del trinomio perfecto de estabilidad-crecimiento-prosperidad.

En la Octava Reunión de la Iniciativa de América Latina y el Caribe Sin Hambre, organizada por la FAO y SEDESOL esta semana, los ponentes de 21 países dejaron muy claros respecto a que la única perspectiva de lograr una región sin el flagelo del hambre es una economía responsable que oriente recursos a la atención de la problemática y que considere los diversos aspectos desde la nutrición infantil hasta el incremento de la productividad agrícola.

Este intercambio de experiencias permitió constatar que la implementación de la Cruzada Nacional contra el Hambre fue oportuna y se encuentra inmersa en un esfuerzo mundial en el cual nuestro país ha retomado el liderazgo.

Hoy vemos que los caminos se entrecruzan para México: un mejor horizonte económico y políticas exitosas contra la pobreza y el hambre. Así, México se está moviendo, para bien de los mexicanos.