Las posibilidades del odio

El seminario de periodismo y rock en México

A lo largo de la historia del movimiento nacional ha hecho mucha falta –entre otras tantas cosas- espacios dedicados a la reflexión y el análisis. Los músicos están urgidos de producir, a veces encontrando eco o no en los medios. Existe un segmento de seguidores que igualmente están ansiosos de novedades. Actualmente, la mediocracia no puede estar sin emitir contenidos consecutivamente. La sociedad del espectáculo ha establecido sus reglas y tal parece que no existe un instante en que su sinergia baje la velocidad.

Y es que no sólo importa componer canciones, editar discos, hacer promoción y entusiasmar al público. De tal suerte, el ciclo se repetiría sin mayor significancia “ad infinitum”. Es fundamental pues propiciar los momentos para repensar las cosas y ponderar la manera en que encajan en el esquema social imperante.

Es importante reafirmar, siguiendo al pensador Pierre Bordieu, que el rock, según la teoría de los bienes culturales, posee una doble naturaleza: es un producto comercial pero también es un objeto artístico. Y no hay problema en que ambas condiciones coexistan. Resulta sumamente ilustrativo un libro como “Ritos de la interpretación –sobre el valor música de la popular”-, escrito por el crítico y académico Simon Frith (director del Mercury Prize) –y recién traducido por Paidós Argentina- para entender que en cuanto al rock se refiere, es cierto que atiende a un hedonismo estimulado por el mercado, pero también que suele ser un vehículo de resistencia que transmite distintas ideologías. En una zona de tensión entre ambas se encuentra la parte estética –la que lo vincula al mundo del arte-. Se trata de un fenómeno polivalente. No caben aquí los posicionamientos polarizados.

Con todo y sus detractores, el rock nacional ha crecido y con él, las instancias mediáticas adyacentes y una infraestructura comercial todavía precaria. Se trata de un asunto que no deja de ser apasionante y que provoca intensas polémicas entre los distintos agentes involucrados en hacerlo posible.

De allí que la organización de un Seminario de rock mexicano y periodismo sea una idea estupenda dadas las presentes circunstancias; cuantimás si el objetivo central es propiciar un recuento de lo acontecido desde 1970 hasta la fecha. La idea fue abordarlo desde distintas perspectivas y enfoques. Retomar todo lo acontecido desde las funestas consecuencias del Festival de Avándaro pasando por la época de los fanzines y revisando a detalle el papel de periódicos y revistas y el salto posterior a los portales web y las redes sociales.

A partir del 27 de agosto y hasta el 5 de noviembre, el multiforo Cultural Alicia de la Colonia Roma es la sede ideal para las disertaciones y los encendidos alegatos semanales. No sólo participan figuras señeras como Walter Schmidt y José Xavier Navar, casi resulta insólito que en una misma sesión coincidan Benjamín Salcedo (Rolling Stone) y Hugo García Michel (La Mosca) –casi de posturas antitéticas-.

Alejandro González Castillo y David Cortés –periodistas y organizadores- lograron cuajar un elenco muy diverso e intergeneracional; no sólo es agradecible que participen especialistas como El warpig, Arturo J. Flores y Paty Peñaloza, es importante que sumaran a escritores más jóvenes, como Jimena Alarcón.

También habrá lugar para abordar la relación del rock nacional con la literatura y el legado de publicaciones legendarias como Conecte y La banda rockera. Ahondar en las dificultades que enfrentaban los rockeros en momentos de total cerrazón y censura.Mucho ha sucedido desde entonces, hoy día el internet ha transformado hasta el más íntimo resquicio de nuestras vidas y nos hemos tenido que acostumbrar a tales condiciones de vida y ejercicio profesional.

¿Cómo hemos vivido la alternancia entre las revistas en papel y los portales web? No resulta un tema sencillo; es por ello que me parece un reto que abre de enfrentar en compañía de Rafael Villegas y Julián Woodside, este próximo 8 de octubre a las 7 de la noche. No puedo ocultar la emoción por participar en este proyecto tan necesario.

Siempre he sido fanático total de las revistas y periódicos en papel –aun los colecciono-, prefiero los discos de vinil que los compact disc; me defino como un sobreviviente de la era análoga y de repente me vi envuelto en la revolución tecnológica e involucrado en la edición de revistas a través de un sistema de trabajo que se sustenta en internet (desde los tiempos de La banda elástica y Al borde en Los Angeles, California).

Hace tiempo que las labores editoriales no requieren casi de la cercanía física –con la virtual pareciera que basta-; ¿no se deberían acaso compartir muchas otras cosas? Muchos queda por ahondar, mientras tanto cierro con un apunte de lo que el manual The Victor Book of the Symphony ya exponía en 1934: “La importancia de los métodos modernos de reproducción de sonidos para la música es paralelo al de la imprenta para la literatura, la filosofía y la suma total del saber”. ¿Acaso en lo digital no volcamos también todas nuestras filias y fobias?.

 

circozonico@hotmail.com