Las posibilidades del odio

Los rockeros en el diván (psicología del músico)

Morder murciélagos. Escalar bocinas y arrojarse hacia la gente. Pegarse un escopetazo en la cabeza. Asesinar a una novia incómoda. Arruinar impunemente la vida de muchas mujeres. Padecer profundas depresiones. Tener arranques incontenibles de furia. Mostrar gran debilidad para contener el consumo de estimulantes. Y la lista podría seguir creciendo sin mayor problema. Los músicos suelen ser personas disfuncionales a las que se les acumulan los trastornos. Su relación con la locura parecería un tópico que viene relacionado íntimamente con el oficio.

Podría decirse que el esbozo inicial plantea situaciones y acciones extremas, pero aun en un plano más amable y menos peligroso, los músicos presentan personalidades complejas y no exentas de complejos y síndromes. Podemos ir desde un narcicismo crónico a desplantes evidentes de obsesivos-compulsivos. Y no se diga aquello de la bipolaridad. Por muchas razones, los músicos suelen apartarse de los cánones de “la normalidad”, más allá de que en sí mismo sea un concepto controvertido y relativo.

Parecería una obligación que existiera una amplia bibliografía sobre esta temática –en la que la relación entre música y locura predomina-, pero al menos en español no es sencillo hallar tratados que se concentren en el asunto. Y muchos menos si el planteamiento es analizar formas de conducta dentro de esquemas de convivencia más funcionales u operativos –no siempre es necesario ir hasta los límites-.

Por fortuna en Argentina se han tomado muy en serio el vincular a las ciencias sociales con el ámbito de la música –en términos generales- y al rock –en lo específico-. Existe una gran variedad de títulos para entrar en materia desde distintas perspectivas y especialidades, pero siempre harán falta enfoques nuevos y planteamientos renovados. Es por ello que la aparición de Estar en banda –psicología del músico de rock- reviste especial interés y es material muy útil al que acudir.

Su autor, Fabio Lacolla, es egresado de la Universidad de Buenos Aires; da consulta de psicología clínica en el barrio de Caballito y también ejerce la docencia universitaria. Pero lo que le da un valor agregado a su libro es que durante largo tiempo también ha incursionado en la música y entiende de sobra de rock argentino –también con el perfil del participante-.

Desde hace muchos años ha trabajado con muchos artistas argentinos y en un momento fue acumulando experiencias y observaciones de lo que parecería una auténtica especialidad. Por lo que en un momento se propuso llevarlo a un texto que por supuesto respetara el secreto profesional, pero que también incluye entrevistas autorizadas que le permiten ejemplificar ciertos apartados.

Es un hecho que los artistas elegidos son grandes estrellas locales, pero en el resto del continente también despiertan interés. Entre los entrevistados se encuentran Juanchi Baleiron de Los Pericos, Guillermo Novellis –cantante de La Mosca-, Daniel Melingo, Manuel Moretti –vocalista de Estelares- y Lula Bertoldi de Eruca Sativa; y así hasta completar doce entrevistas que rematan con la inclusión de un dibujo con el que cada uno se representa y que a continuación es interpretado (Dibuanálisis). La combinación de materiales es muy peculiar pero funciona bien. En todo momento se conserva la ligereza y jamás se convierte en un tratado académica denso y de difícil comprensión.

Estar en banda, editado por Galerna, se ofrece al lector de una manera muy atinada: “¿Por qué un banda de rock consultaría a un psicólogo? Por problemas vinculares con algunos de sus miembros, por problemas de egos que afectan la dinámica de trabajo. Porque grabar un disco moviliza, porque preparar un concierto conlleva un sinnúmero desparejo de expectativas que cada miembro de la banda procesa de manera diferente. Porque las drogas, las minitas y los managers. Porque los amigos del campeón, la presión del público y los dueños delos boliches. Porque cuando una banda tiene fecha de vencimiento ninguno puede hacerse cargo del final. Porque “llegaron” y no saben cómo mantenerse. Porque uno de los músicos anunció que se va…”. Y el listado completo es mucho más largo. Lo que al final se resume en un curioso pronunciamiento del terapeuta: “Porque, a pesar de que el rock no tiene cura, algunos rockeros van al psicólogo”.

Lacolla se plantea una obra ambiciosa que revisa múltiples temas a través de textos cortos. A lo largo de casi 400 páginas podemos ir desde “El perfil del músico de rock” a “El éxito como animal desbocado”; de “Las ansiedades básicas” a “Los hijos” pasando a través de “La persona y el personaje”; de “La obsesión como obstáculo para la creación” a “Cómo enfrentar al olvido después del éxito”.

Habiendo compuesto música para cine y utilizado el seudónimo de Dr. Poroto para grabar un disco, era lógico esperar que en sí mismo planteara un dilema al que ha sorteado durante su carrera: “Demasiado rockero para ser psicólogo y demasiado psicólogo para ser roeckero”. Es así que incluye algunos insertos que atañen a la industria del rock al tiempo que se da licencia para acercarse al ensayo y su carácter especulativo. Con tal libertad de movimientos, podemos decir que nos encontramos ante una obra anfibia y heterodoxa, que también posee un breve prólogo del avezado periodista cultural Humphrey Inzillo.

Durante la presentación de la obra a principios de año (en la Feria del Libro de Buenos Aires), la prensa no pudo evitar preguntarle sobre Amy, Janis, Kurt, Jimmy y el fatal y suicida club al que pertenecen: “Los 27 son la entrada en la recta final hacia los 30 y los 30 simbolizan el comienzo definitivo de la adultez. Si bien es cierto que vivimos veinte años más que en el siglo pasado, los 27, que bien podrían ser los 37, son la edad simbólica para decirle chau a la niñez y a la juventud. Una adolescencia tardía de más de 25 años ya se torna patológica. Promediando los 27 es la época de las renuncias y de los primeros registros del paso del tiempo. Algunas personas, como éstas que nombramos, encontraron en las drogas y el alcohol un buen cobertor de su neurosis, ya que eligieron un modo desafortunado de huir de la responsabilidad. Los más depresivos huyen para atrás, los más creativos huyen para adelante y los que no pudieron superar su mitomanía huyen para el cielo, o el infierno, que es lo mismo, pero con otra temperatura”.

En suma, se trata de un libro de gran ayuda para los músicos, pero en el que tanto melómanos como apasionados de la música y el rock quedarán enganchados a partir sobre todo de un tratamiento sumamente actual y vigente. Lacolla es alguien que entiende el signo de los tiempos (y sus excesos) y así lo expresa: “El siglo XXI reemplazó sexo, drogas y rocanrol por porno, veganismo y Spotify. En general consume más el entorno del músico que el propio músico. Muchas veces es la crueldad del público la que necesita que su ídolo sea un reventado y en ese punto, el reventado queda capturado en un exceso de ingenuidad”.

circozonico@hotmail.com