Las posibilidades del odio

El rock mexicano y sus polémicas

Dentro del panorama del rock que se produce en nuestro país suele producirse una y otra vez el llamado “fuego amigo”; una lucha fraticida entre colegas que se produce cuando “el otro” consigue realizar algo exitoso y/o de calidad. En general, el mexicano es envidioso del triunfo ajeno, y no sólo en lo musical sino en general en todos los aspectos de la vida pública. Basta recordar el multicitado y bien conocido chiste acerca de los cangrejos mexicanos que antes de ayudar a escapar a alguno de la cubeta prefieren regresarlo al recipiente cuando está a punto de salir. Suele doler, pero es necesario señalar que la envidia parecería muy enraizada con la idiosincrasia del mexicano.

En días pasados, una vez más se prendió “La hoguera de las vanidades” del rock mexicano cuando al vocalista del grupo Zoé se le ocurrió acometer vía twitter en contra de la propuesta llamada Mexrrisey, en la que una serie de músicos nacionales, encabezados por Camilo Lara (Instituto Mexicano del Sonido), rinden tributo a las canciones de Morrisey compuestas para The Smiths y como solista.

León Larregui les pedía abstenerse de hacer versiones cuando –según su juicio- lo único que hacían era perjudicar a las originales. Y luego se produjo una vorágine de redes sociales; una vez que Chetes (Zurdok y Mexrrisey) respondió grosso modo  que se ahorrara sus comentarios insidiosos. Fans de una y otra parte se intercambiaban puntos de vista y alguno que otro insulto. Desafortunadamente, y como es usual en nuestro medio, los argumentos bien razonados no abundaron.

No parece un elemento menor de análisis el señalar que Inglaterra es una de las máximas potencias mundiales en cuanto al rock. La música británica se encuentra en la parte alta de la lista del Producto Interno Bruto y produce ganancias importantes para la economía del Reino Unido. Por ello  se impulsa y respeta. Sus medios de comunicación tienen todo un sector de la industria editorial, radiofónica y televisiva que le atiende.

Difícilmente podría encontrar algún crítico rabioso que descalifique la seriedad periodística de un periódico como The Guardian, que no se distingue por regalar elogios y calificativos. La nota a propósito de la presentación de Mexrrisey en el auditorio del Barbican Center londinense fue muy elogiosa. Para la prensa inglesa, en modo alguno perjudicaban a las canciones y ciertamente les producía extrañeza este entrecruzamiento con ritmos afroantillanos. Recordemos,por ejemplo, las versiones con orquesta que el Señor Cocunut hizo de los temas electrónicos de Kraftwek. No se trata de la primera ni de la única vez.

En las redes sociales se encargaron de tundir a Larregui por sus anteriores escándalos mediáticos y los detractores encolerizados sugerían que no se puede tomar en serio a lo dicho por un borracho y mariguano. Tampoco se trata de caer en descalificaciones o de que algo tengan que ver las costumbres de León a la hora de opinar. El asunto es que un músico de fama internacional no se reconoce como una figura pública que debe conducirse con cierta responsabilidad ante la gente. De solidaridad gremial ya ni hablamos.

Puede ser que la cantidad de caracteres que exige twitter no permita plantear las cosas con profundidad, pero lo que más bien aflora en muchos de los involucrados en un arrebato momentáneo, un arranque facilista y no las expresiones de quien ha reflexionado el tema. A León de inmediato le recordaron el poco afortunado cover que hizo de “Bésame mucho”. Pedía respeto –según él- para los temas originales, cuando no logró llevar a buen puerto a una de las canciones más versionadas en la historia. ¿Será que en el importante programa de radio Siglo XXI que transmite Radio 3 de Radio Nacional de España también está equivocado respecto a Mexrrisey? ¿Ellos tampoco conocen de rock como para haberse interesado por el proyecto? ¿En verdad se medita lo que se cuelga en las redes sociales? ¿No es preferible no pronunciarse antes que atacar arteramente a unos colegas? Y es que no solamente se dio el asunto Larregui-Chetes; al que no faltó quien quiso colgarle tintes de un sainete inventado con fines de obtener publicidad gratuita. ¿Cabrá aquí el conocido refrán: piensa mal y acertarás? Se dice que a la postre ambos músicos quedaron tan amigos como siempre. Recordemos que durante un buen tiempo tocaron juntos. ¡Con esos amigos…! Pero en esas estábamos, cuando en un sitio web llamado México Indie apareció un texto sin firmar en el que de un “maquinazo” y sin un planteamiento argumentativo serio proclamaban que nada está pasando en México en cuanto a talento emergente, que no tenemos propuestas de calidad y que, simple y llanamente, la escena está muerta.

El pasado jueves presentamos la revista Tierra Adentro y el Mapa sonoro del rock mexicano reciente, con 34 propuestas sub-35 (una por cada estado de la república más Nueva York y Los ángeles). Los involucrados estamos convencidos que incluso podríamos elegir otras 34; nos consta que muchas cosas pasan simultáneamente y que no se puede estandarizar y uniformar a un fenómeno múltiple. Tratar de concebir una “escena” única se queda muy pobre; no hay una sola, hay muchas a la vez, tanto como no existe un solo México sino muchos. Sobran Talibanes de la música, los terroristas de afán reventador… los envidiosos. No faltan los que encuentran ridículo que en el sureste mexicano lo que se produzca se afilie al ska y piensan que todo debería ser música electrónica avanzada como en Tijuana. Urge reconocer la diversidad y dejar de lado al pensamiento único.

 

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