Las posibilidades del odio

De poemas y rock y viceversa

La noche del jueves 23 una vez más apelamos a que la poesía siga existiendo –fuera de los lugares convencionales-. Nos citamos en el Bar 83 para presentar un cuadernillo que consiste en 3 poemas escritos por mí e ilustrado por uno de los talentos emergentes que más han destacado en el panorama nacional e internacional. El pachuqueño Salvador Verano, apenas a sus 25 años, ya ha mostrado su obra en Italia y publicado en revistas inglesas.

Venimos colaborando desde hace algún tiempo y sus ilustraciones de estética vintage le dan un nuevo aire a poemas que homenajean a grandes héroes de la historia del rock and roll. Se trata de textos que pertenecen a un libro inédito: Canciones para bancarrota y redención. Un proyecto que en algún momento pasará a manos del diseñador Marco Antonio Patiño, encargado de concebir su versión final. Pero mientras eso sucede, también fue encargado de presentarlo en compañía del periodista Leonardo Tarifeño, quien también mostró sus dotes de Disc Jockey.

Si bien la poesía no se convierte en un asunto que convoque masas, si podemos señalar la calidez de los asistentes. Receptivos e involucrados. La parte medular de la velada se centra en un texto que escribió Patiño –también catedrático de diseño gráfico- y del que me permito compartirles un fragmento, ya que de esta manera se explicita la naturaleza de una plaquette dedicada a Joe Strummer, Tom Waits y Bon Iver. Marco escribió un texto llamado De poesía, música e ilustración. Noche de historias que se encuentran en 1983 y en el que puede leerse:

La ilustradora Maira Kalman dice que: “Las flores te llevan a los libros, que te llevan a pensar y a dejar de pensar y después más flores y música, música. Después muchas más flores y muchos más libros”.

Una noche en un programa de radio pachuqueño se tocaba alguna canción de Tom Waits. Juan Carlos Hidalgo comentaba al micrófono sobre el contrato que obtuvo el músico con la compañía de cigarros Camel. Busco esta historia en la red pero no la encuentro. Sí existe la historia del juicio que ganó Waits a Doritos. Una agencia de publicidad hizo un jingle con estilo muy parecido al del cantante para anunciar dicha botana. Uno puede leer con morbo hecho en Word, toda la evolución del juicio. La voz rasposa de Waits, dice su abogado, quien cita a un fan es: “como si te tomaras un cuarto de Bourbon, te fumaras un paquete de cigarros y te tragaras un paquete de hojas de afeitar… en la madrugada, después de no dormir por tres días”. Juan Carlos siempre quería que pusiéramos a Tom Waits en el programa de radio. Tom Waits ganó el juicio.

En 1983 Tom Waits ya no vivía en el Motel de Santa Mónica. La cocina de esa suite ya no era ocupada por su piano. Tom ahora vive en un coche movible. Puede mudarse fácilmente; al día siguiente, sin problema. En 1983 Tom Waits ya no vivía cerca del crucero de Hollywood y Vine. Hoy esa esquina alberga una gigante y azul tienda Gap. En Gap no venden gabardinas. Suerte que Tom compró antes la suya, con la que cruza, orgulloso y borracho, las calles con estrellas en el suelo que pisan turistas ingenuos y futuras estrellas porno. Tom Waits nació en el asiento de atrás de un taxi. En 1983 Tom Waits se quedó sin manager, sin productor y sin disquera, pero tenía nuevo disco: Swordfishtrombones, que resultó ser la manera de gritarle con susurros al mundo que estaba harto. La locura debía encontrar nuevas rutas. Era el comienzo de un nuevo comienzo para Tom. La ruta del artista. Comenzar a comenzar. La buena noticia es que Swordfishtrombones, el nuevo disco de Tom Waits, había llegado a la lista de los discos más vendidos en un momento, 1983, donde las listas de los discos más vendidos importaban. La mala noticia es que no pasó del último lugar de esa lista. El último de los primeros. La ruta del artista. Comenzar a escalar la lista de los discos más vendidos o destruir los escalones que te llevan hacia allá. La ruta de Tom.

En 1983 la fábrica de llantas Uniroyal era el lugar que mayor empleo daba en el Valle Chippewa. Antes era la madera su mayor forma de dar trabajo a sus habitantes, hoy es la informática. Eau Claire, donde nació y sigue radicando Justin Vernon, fue una de las primeras ciudades del árbol en Wisconsin. Autos, madera y bytes. Velocidad, árboles y modems. La guitarra de madera, casa del desamor. Cuerdas rasgadas por manos solitarias. Es mejor sentir dolor que sentir nada. Cuando Justin regresa a la cabaña familiar aparece en su memoria su figura infantil que jugaba con un rompecabezas. Tenía apenas dos años.

Era 1983. De alguna manera recuerda que el desamor es parte de su vida desde aquellos primeros momentos. Hoy tiene barba y muchas canciones. Y un poema que escribe uno de sus fans: Juan Carlos Hidalgo puede oler desde lejos el talento. Una de tantas noches empezó a repetir repentinamente la frase “Bon Iver” ¿o se dice Bon Iver”? Nos platicaba la historia del disco que se grabó en una cabaña abandonada mientras terminábamos con una botella de ron que había traído El Ron.

Nadie cuenta mejor las historias del rock como Juan Carlos. Y nadie mejor para ilustrarlas como Salvador Verano. Cholo y Chaviux. Chaviux y Cholo”.

circozonico@hotmail.com