Las posibilidades del odio

La pelota no se mancha (¿o quién sabe?)

En los tiempos que corren es evidente que el futbol ha experimentado un proceso de masificación total. Los índices de audiencia y mercadotécnica han crecido increíblemente. La era de las redes sociales contribuye a consolidar un nuevo esquema. Pero también queda muy en claro que es seguido por una enorme cantidad de villamelones, primerizos que apenas si tienen idea de la esencia del deporte.

En el futbol, como en otros muchos aspectos de la sociedad contemporánea, padecemos el escaso interés de la gente por conocer la historia de las cosas. Una inmensa mayoría se conforma con lo inmediato, con conocer apenas datos superficiales. Es lamentable que no se promueva el ejercicio de la memoria; tal pareciera que cada acontecimiento que se da fuera el primero en la historia y que no existieran antecedentes.

Todos los años nos quejamos del tipo de arbitraje que padece México cuando va a jugar a Centroamérica –ya sea en selecciones o clubes-. ¿Cuántas veces los equipos nacionales han sido también robados por los hombres de negro? Son de sobra conocidas las serenatas escandalosas afuera de los hoteles, los vestidores y baños insalubres, los intentos por perjudicar la alimentación y tantas otras cosas.

Inglaterra ganó su mundial con un gol inexistente; “La mano de Dios” es un capítulo sublime de la infamia y el engaño –y todavía Maradona se atreve a opinar-. La lista de sucesos de tal naturaleza es gigante. La mano de Tierry Henry que llevó a Francia al mundial de Sudáfrica fue del tamaño del estadio. El error es uno de los fundamentos que hace de este deporte uno de los más apasionantes y polémicos. Todos los involucrados los comenten.

Los fallos garrafales de los colegiados durante el partido México-Panamá no serán los primeros ni los últimos. ¿Cuántos de los nuevos evangelistas de redes sociales y portales rancheros se acordarán del partido Kuwait vs Francia en el Mundial de España 1982? El árbitro marcó un penal a favor de los galos y un jeque árabe se metió a la cancha para montar un alegato impresionante. ¿Qué le habrá dicho el multimillonario al silbante? Nunca se supo, pero el hecho es que el juez reanudó el partido con saque de meta y los franceses se quedaron sin cobrar la pena máxima. Así, como si nada hubiera pasado; un pasaje insólito y sorprendente que quedó impune.

Una anécdota tan impresionante nos debería servir para medir el trasfondo de corrupción en la FIFA. ¡Y apenas despuntaban los ochenta! Al siguiente Mundial Diego anotaría uno de los goles más bellos de la historia y también saldría con un trampa monumental. Así las cosas.

Hoy día tenemos a su máximo dirigente en plena decadencia. Un comediante aparece en escena para bañarlo con billetes falsos. Nadie puede creer en la honestidad de Blatter. Por supuesto que vendió Mundiales venideros y compró votos por doquier. La FIFA desde hace mucho era un nido de ratas de distintos tamaños y ambiciones. Si existiera la lógica más simple, los directivos de CONCACAF acabarían todos en la cárcel debido a tanta corruptela cometida durante años. 

Pero es importante subrayar y ponderar las declaraciones de un entrenador de una probidad como la del “Bolillo” Gómez. El entrenador de Pánama dijo con toda claridad que en ningún momento dudaba ni de los jugadores mexicanos ni del cuerpo técnico. Los dejó al margen de todo el sainete provocado por el cuerpo arbitral. Luego entonces, ¿de dónde procede el accionar del silbante? ¿Actuó por consigna o se trata de absoluta falta de capacidad?

El momento presente permite especular: ¿Quién manda ahora en la CONCACAF? ¿Desde ahí se orquesta “el complot” para beneficiar a México? Porque también hay que considerar que desde hace mucho se ha señalado que al futbol le urge incorporar los beneficios de la tecnología para buscar impartir justicia. Aunque en el Futbol Americano, que lleva años perfeccionando el sistema de reptición, apenas el año pasado Dallas fue totalmente robado con el asunto de una recepción y Green Bay salió beneficiado. ¡El error –ese sobreviviente- se mantuvo!

En medio de la complejidad que el futbol trae consigo, al menos los argentinos –los jugadores y técnicos- han tratado de preservar el aprecio y validez de un principio: La pelota no se mancha. Es decir, se debe imponer un respeto por la profesión. Algo debe de prevalecer de ética y aprecio por una práctica que llena de gozo y hormonas al cuerpo del humano.

Muchas cosas externas pueden afectar e inmiscuirse, pero el futbolista debe valorar al juego por sobre todas las cosas; de otra manera no tendría ni siquiera posibilidad de ser. Es por ello que una manera de respetar a un equipo más débil es golearlo cuando las condiciones se dan. Parecería pura politiquería ramplona y villamelona la de aquellos que imaginaban o pretendían que Andrés Guardado fallaría el penalti. La Copa de oro da medio boleto para buscar la Copa Confederaciones, el jugador debe buscar lograrlo. Ahora que sacan videos de momentos en que se confiesa una falta o se permite que te marquen un gol para subsanar una injusticia, habría que revisar lo que se peleaba en dichos encuentros. Hay de momentos a momentos.

La naturaleza de un jugador le lleva a ser fiel a su deporte; esa voz ardiente que le debió decir: mete el penal. Una cosa es lo que ocurre en la cancha… en la disputa de 22 jugadores alrededor de un balón. Existe un instinto de competencia. Ya lo dijo el gran Jorge Valdano: “Un ser humano o un equipo, necesita dar sentido a lo que hace, tener claro el porqué y para qué de los actos que componen su actividad. El sueño no es un lugar para quedarse, sino un motor que nos pone en marcha”.

 

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