Las posibilidades del odio

"No voy a pedirle a nadie que me crea"

No cabe duda de que las capacidades de los mexicanos son muy grandes; tenemos gran habilidad para resolver los problemas más difíciles en corto tiempo e invirtiendo lo menos posible. La tendencia nos lleva a pensar en que no solemos aplicar en nuestro territorio los mejores atributos y saberes. Muchas veces nos esperamos a estar fuera del terruño para mostrar a propios y extraños tantos dones para superar dificultades.

Así es como en Canadá han destacado los plomeros y carpinteros mexicanos. A través de su trabajo preciso y económico logran un modo de vida desahogado y que incluye hasta casas de campo de su propiedad. Ellos lo merecen. Y en el resto del mundo ocurre igual. Tal vez sólo los polacos compiten con el talento mexicano en albañilería. La cosa es que un nacional se vea en la necesidad extrema de mostrar lo que puede hacer. Y desde ese momento el cielo es el límite.

Doy vueltas en torno a esta avanzada mexa sabiendo que, por ejemplo, hay paisanos estudiando en Letonia –tierra del vodka Stolychnaya-. Cada vez hay menos naciones en las que no radique algún puñado de aztecas, que muy rápido se adapta a los usos y costumbres más diferentes a los que acá aplicamos.

Claro que no siempre usamos nuestros talentos para las mejores causas en el extranjero. Desde hace tiempo se sabe que el narco nacional ha tendido puentes importantes con países africanos para diversificar las rutas de distribución. Ellos hacen todo lo necesario para que el negocio prospere y prosiga con éxito.

Así es como el mundo se ha convertido en una pequeña aldea en la que todo tipo de gente se encuentra interconectada. Y a la postre terminan pareciéndose mucho entre sí.

Valga todo este planteamiento para introducirnos a la nueva novela del escritor mexicano Juan Pablo Villalobos, que tiene como escenario principalísimo a Barcelona, pero con hilarantes momentos procedentes de la más pudorosa, conservadora y provinciana Guadalajara –la mexicana, por supuesto-.

El autor cuenta al final que esta historia logró desatarse tras una conversación con Jordi Soler, también amante sobrado de la ciudad condal. Barcelona se mostraba generosa para desarrollar una historia que no se ciñe a los parajes turísticos de sobra conocidos y que pasa de los rumbos en los que habitan los migrantes latinoamericanos –legales e ilegales-, pero que también toca los desarrollos urbanísticos de más alta alcurnia. Recordemos que en toda Cataluña también existe una especie de casta divina que posee millones y millones de Euros y Dólares –también legales e ilegales-.

En los últimos tiempos no han sido pocos los escándalos financieros de todo tipo de personajes públicos; se han visto involucrados desde gente de la nobleza hasta políticos de primer rango y, por supuesto, futbolistas multimillonarios como Lionel Messi y el brasileño Neymar, entre otros muchos.

No extraña pues que aun en Barcelona –con todos sus aires de progresismo- surjan capítulos que nos hablen de las sofisticadas formas de corrupción que el llamado primer mundo pueda desarrollar. Precisamente la novela trata de un tema muy vigente en el momento actual: el lavado de dinero.

Lo que sorprende es que el protagonista –de mismo nombre que el escritor- no sea un banquero, un hacker de vanguardia o incluso un narco o un sicario. El Juan Pablo Villalobos que vive en el libro se encuentra en la ciudad para estudiar un doctorado en literatura. Y de un momento a otro se ve involucrado en una complicadísima red que mueve enormes capitales por el mundo entero.

La gran lección que nos deja la lectura de esta novela tan divertida y llena de un excelente y fino sentido del humor, atiende a uno de los sapientísimos refranes populares mexicanos: “de los parientes y el sol… mientras más lejos, mejor”.

Se trata de ese tipo de libros de los que vale la pena dosificar los anticipos para no adelantar demasiado acerca de los acontecimientos y los móviles de cada uno de los variopintos personajes que por la novela transitan; hay desde catalanes de prosapia hasta argentinos barriobajeros y algún pintoresco oriental, como los tantos que venden cervezas frías y otras yerbas a lo largo y ancho de las ramblas.

Pero lo que de verdad abunda son los escritos; en esta historia van y vienen cartas al más puro estilo de la vieja escuela, pero también hay largos correos electrónicos y un diario íntimo, redactado por Valentina, la novia de Juan Pablo, y que tiene otro de los roles centrales. El círculo se cierra al existir una novela escrita dentro de la novela que es leída por algunos de los personajes, pero que no se incluye para hacer meta-literatura sino para complementar la estructura y la trama.

El excelente escritor español Miqui Otero (autor de la también excelente “Rayos”) apunta sobre el también autor de “Fiesta en la madriguera” y “Te vendo un perro”: “Sus novelas son hilarantes porque tratan los asuntos más graves. Se expresa con la lucidez del que sabe que nos engañan. Villalobos –algo así como un Kurt Vonnegut en habla hispana– se aleja de los clichés con los que carga su tierra”.

Con mucha pericia y sobrado de recursos narrativos, Juan Pablo consigue dar varias vueltas a propósito de una sentencia peculiar y atinada: “La verdad tiene estructura de ficción”. Hasta las altas esferas catalanas llegan las malas artes de los delincuentes mexicanos; en este caso de impecable cuello blanco y postgrados europeos.

“No voy a pedir a nadie que me crea” le valió para merecer el Premio Herralde de novela 2016 y es por ello que Anagrama –su casa editorial- se manifiesta emocionada: “Juan Pablo Villalobos escribe como actuaba Buster Keaton: te arranca la carcajada manteniéndose impávido, sin mover un músculo. En sus anteriores novelas ya había ido construyendo un mundo propio con personajes entrañables y excéntricos a los que les sucedían cosas extrañas y divertidísimas. Y ésta lo consagra como un escritor imprescindible. En ella, y a través de la odisea de un hombre normal que se ve envuelto en peripecias de lo más rocambolescas, nos habla de la realidad y la ficción, o sea de la importancia de la literatura en nuestras vidas, y del papel fundamental del humor”.

No se diga más y háganse de esta estupenda novela; sus cualidades ya han sido dichas, pero aun así no voy a pedirle a nadie que me crea.

circozonico@hotmail.com