Las posibilidades del odio

Ese lamentable rock en tu idioma sinfónico

Es de suponer que la lógica que priva en la mente de los ejecutivos discográficos no conoce o resta importancia a la sapiencia de los refranes populares; al menos al darme cuenta de sus “brillantes” iniciativas, que pretenden “reinventar” a aquello que durante los ochenta conocimos como “Rock en tu idioma”, intuyó que jamás pensaron en algo así como: “A la vejez… viruelas”, y que tampoco se les ocurrió rememorar ese: “Y el chamaco es risueño y le cuentan chistes”.

Hace unos días se acondicionó uno de los estudios Churubusco para grabar una sesión en la que glorias ochenteras de aquí y de allá retoman algunos de sus grandes éxitos pero en versión sinfónica. Queda claro que ante la terrible crisis que afecta a la industria global a los “creativos” mexicanos en su infinita desfachatez no les cabe en la mente la reflexión y el análisis y únicamente se mueven a partir del refrito y el reciclado de ideas.

Es doloroso, pero mantener a un cuerpo a partir de procedimientos artificiales es sólo una quimera que pretende conservar con vida algo que ya es cadáver. ¿Será muy difícil para esos músicos aceptar que su momento ha pasado? Algo que en su surgimiento fue vital y necesario como el “Rock en tu idioma” termina por convertirse en tan decadente como el “oldies but goodies”, en material de repertorio para algo tan desgastado como una estación que transmita canciones viejitas, de cuando éramos jóvenes y bellos (según sus criterios).

Andar arrastrando las glorias pasadas por sobre los escenarios nos lleva a otro buen adagio popular: “de joven… cirquero, y de viejo… payaso”. Supongo que de algo tienen que vivir y que las regalías actualmente deben ser ínfimas, pero de ahí a prestarse para que una trasnacional explote hasta la saciedad estas nuevas versiones que no son sino un mamarracho de lo que ellos mismos fueron es una cosa muy diferente.

Ahí vendrá el DVD con especiales, el lanzamiento con bombo y platillo… y después los miles de borregos nostálgicos (o eso es lo que esperan) que gasten parte de su quincena Godínez en adquirir ese “producto” que supuestamente los hará seguirse sintiendo jóvenes y “rockeando” con esas canciones de cuando se sentían “chavos de onda”. A la gente que le interesa ese tipo de revival pues simplemente se quedó atrapada en El túnel del tiempo. No hay un homenaje, menos una resignificación; sencillamente, le dan “una mano de león” y vámonos… a seguir exprimiendo al segmento que en la industria demarcan como “adulto contemporáneo”.

Pensarán que “todo tiempo pasado fue mejor” y que actualmente nada interesante está ocurriendo. Por supuesto que es mucho mejor vivir en el ostracismo y cultivar esa postura que los mantiene como unos “forever Young”. Una iniciativa que más bien debería provocar pena ajena.

También es lógico de suponer que implicaría mucho más trabajo y esfuerzo recorrer el continente para tomar el pulso de lo que está pasando y pescar algo de eso muchísimo que las nuevas generaciones están generando y que aprovechan las condiciones tecnológicas para colocar en la mayoría de plataformas de la era internet.

Se han pasado por alto a la corriente crítica que objeta una y otra vez la falta de relevo generacional y las mañas y manías de los protagonistas del rock latino. Es lamentable que no apuesten por el desarrollo del talento emergente y que le den una enésima vuelta de tuerca a una andanada de grupos y canciones que sirven de carne de cañón para un inmenso circuito de bares y antros de poca monta que sobreviven de hueseros que soban los mismos covers ad infinitum.

Llevar a esos himnos populares a versiones sinfónicas carece de ingenio e imaginación; llanamente repiten la estrategia que otros muchos ya han probado en el pasado para reposicionarse en el mercado y maximizar los réditos de una iniciativa de sobra conocida.  No se quiebran la cabeza en lo absoluto, apuestan a que su cheque sea muy grande, a que engañaran a una enorme cantidad de incautos y levantarán un muro de silencio ante una crítica que para ellos debe de provenir de periodistas obcecados y negligentes.

Se ponen “de pechito” para que se subraye su cinismo, la flagrante manera en que desaparecen cualquier noción de ética y estética. Ellos ofrecen regresar a más de lo mismo  (¿no se parecerá al retorno del mismo PRI?). Desde México y para Hispanoamérica se pretende expoliar los bolsillos de esos responsables y solventes adultos con alma de chaval. A fin de cuentas –razonan- son ellos los que concentran el dinero.

Este “Rock en tu idioma” sinfónico voltea la cara al futuro, se regodea en maquillar a un cancionero que lamentablemente se ha convertido en fondo musical de consultorios médicos o reuniones de padres de familia obligados por las escuelas.

Allá en los ochenta los ejecutivos no hicieron otra cosa sino dar cabida en sus instituciones a propuestas que procedían de la calle; sencillamente, capturaron el momento y el pulso de una generación. ¿Qué tanto se puede prolongar su longevidad y generosidad mercantil? El rock hispanoamericano necesita cambiar de protagonistas, superar sus complejos y limitaciones. Jamás estará de más la crítica y la autocrítica. Seguro que a los cerebros tras esta incursión siniestra les interesa mucho más el turismo continental a cargo de las jugosas ventas, antes que influir en nuevas tendencias y un cambio de paradigma. Hacemos muy poco por mejorar, por tirar para adelante. Y todavía se ofenden si alguien les cuelga el venenoso calificativo de “rockcito”.

 

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