Las posibilidades del odio

Ante la "grisura" de las elecciones, queda pendiente el rescate de Pachuca

No importa el resultado electoral de este día. Mucho tendrían que pensar, revisar, replantear y analizar los partidos políticos –todos- por ser culpables de convertir a este proceso en algo terriblemente aburrido. Ya habrá oportunidad de checar los índices de votación, pero hay elementos para pensar que andarán por los suelos. Tal pareciera que este sistema está manipulado para provocar apatía y sopor.

Y eso es que lo han recortado, para que cada vez sean más breves las temporadas de campaña. Con todo, siguen siendo un verdadero derroche de tiempo y presupuesto que a todos nos cuesta. Sólo un iluso podría evitar pensar que a fin de cuentas se trata de un negocio que una oligarquía o saga familiar ha encontrado más que lucrativo. ¿Cuántas familias se reparten históricamente el sistema partidista? ¿Cuántas dinastías consanguíneas concentran y controlan el poder económico?

Crear nuevos “partiditos” parece ser una nueva forma de allanarse de recursos y prerrogativas. Pero su surgimiento no ha hecho sino evidenciar la flagrante falta de ideas prácticas y de una plataforma ideológica. Vamos, ya ni se requiere de causas, valores o principios, las campañas se han convertido en un batiburrillo de enunciados simplones y de una vaciedad impresionante. Nada tienen que decirnos. Vaya, ni siquiera deben conocer la palabra creatividad.

Priva el descreimiento y son escasísimos aquellos que alberguen esperanza de que algún relevo partidista consiga cambios en verdad relevantes y de fondo. El ejercicio de la política va en picada; sometido a un pragmatismo atroz y en manos de personas incapaces del desarrollo de postulados teóricos y de planteamientos menos primitivistas. Con orgullo explicitan y presuponen que el electorado es ignorante y poseedor de una educación ramplona. Parecería escandaloso, pero no lo es. Mucho nos han vacunado de derrotas y fracasos –uno tras otro-, y ellos buscarían que la fórmula se repitiera ad infinitum. Ellos conforman una clase, una elite, que está feliz de perpetuarse en la comodidad que dicha circunstancia les arroja.

Los partidos son los responsables de la pérdida de interés en las elecciones. Acaso sea más emotivo seguir los deportes por televisión. Ante esa carencia de involucramiento, de emociones, de posturas, hasta se hace anacrónica e innecesaria la famosa “Ley seca”. ¿En verdad alguien espera que los ánimos se pudieran caldear?  Hace años que aquella energía desbordada por un resultado ya no es viable. Probablemente exista quien se moleste, pero en realidad la jornada electoral del 5 de junio es poco estimulante y atractiva.

Está clarísimo que a una inmensa mayoría de los que aquí vivimos nos pareció funesto el (des)gobierno de Eleazar García y vemos a la ciudad inmersa en un caos debido a una larguísima lista de despropósitos y estropicios. ¡La gente no está conforme! Luego entonces, no esperemos que los políticos hagan algo. Comencemos a elucubrar que podríamos hacer. Mientras ello ocurre, no puedo sino traer a colación una idea de parte de uno de mis filósofos favoritos, el esloveno Slavoj Zizek anota a propósito de recordar a Rousseau: “El único límite que ponía es que no es legítimo preferir el bien propio si causa un mal a otros. Los políticos y empresarios actuales son fanáticos religiosos que defienden sus beneficios aunque traigan la ruina para millones de personas”.

¿Qué es lo que distingue o debería distinguir a la capital del estado? Que lo único trascedente y conocido sea el equipo de futbol es una lástima. ¿Quién querría visitar ese dislate llamado Centro Cultural del Reloj? ¡Sí parece una obra para una escuela primaria de barrio –con el debido respeto-! ¿Alguien en su sano juicio creería que sería una atracción cultural?

Pachuca necesita que sea rescatada por su gente; y en ese momento es cuando voy hasta  lo dicho por el pensador alemán Peter Sloterdijk: “El hombre es, por excelencia, el animal que va más allá de la reacción. Crear arte es sobre-reaccionar, pensar es sobre-reaccionar, casarse es sobre-reaccionar. Todas las actividades humanas decisivas son excesos… lo que aquí entra en liza es una tendencia a romper los quicios, al exceso. Toda palabra humana no es sino un disparo a lo abierto”.

Se abre entonces un vasto entorno de posibilidades. Los peatones algo tendrán que hacer; y los taxistas, los comerciantes, los artistas, las amas de casa, los arquitectos, los historiadores, los restauranteros, los estudiantes. Vamos, todo mundo. Habremos de buscar la manera de recuperar la ciudad y sentir que pertenecemos a ella; de que no es propiedad privada de un egocéntrico.

Esperemos que en el futuro cercano se vislumbre un proyecto de ciudad incluyente y amplio; una creación colectiva multidisciplinaria e integral. En plena crisis del ejercicio y teoría de la política no resta sino que los ciudadanos dejemos de lado la modorra y busquemos activar distintas causas y temáticas. 

Y no es que me acometa un resabio hippie o una dosis de romanticismo juvenil; más bien me parece de una simplicidad contundente. Ya desde los años ochenta una poetisa punk, como lo es Patti Smith, sencillamente resumía está cuestión –en Pachuca algo urgente-: “People have the power”.

circozonico@hotmail.com