Las posibilidades del odio

A 5 años del futuro (un libro a partir de Blade Runner)

Los Ángeles, California; año 2019. El corporativo Tyrell fabrica replicantes diseñados para ser “más humanos que los humanos” –como rola de White zombie- y que son usados para trabajos peligrosos tanto en la tierra como en las colonias exteriores, pero se rebelan en Marte y son perseguidos y eliminados. Rick Deckard (Harrison Ford) es uno de los cazadores más avezados y es sacado del retiro para un nuevo encargo.

De entrada se supone que los replicantes no tendrían sentimientos ni emociones, pero existen modelos experimentales, como Rachael (Sean Young), que cuenta con recuerdos implantados, pero que aun así consigue enamorarse. Tal es el ambiente de “Blade Runner”, el clásico de ciencia ficción, dirigido por Ridley Scott, estrenado a comienzos de los ochenta (1982 en Estados Unidos) y que más recientemente hemos visto en nuevas versiones (en el cine y en DVD).

El filme parte de la obra de Philip K. Dick, “¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?” (1968), y fue precursora del género cyberpunk en la pantalla grande. Se trata de una distopía, cuya subtrama amorosa logró convertirse en algo entrañable y fascinante para espectadores de más de una generación (comenzando por la mía).

Resulta que estamos apenas a unos cuantos años de alcanzar aquel año de marras y muchas de aquellas visiones están muy lejos de cumplirse, pero ello no obsta para que no sea una estimulante fuente para la digresión y el ensayo.

Así lo ha entendido el equipo editorial de la revista Tierra Adentro y ha convocado a 6 ensayistas para conformar el libro electrónico “A 5 años del futuro (reflexiones sobre la muerte del replicante Roy Batty)”; se trata del personaje que salva al protagonista (humanizándose también) y que al momento de fallecer lanza una frases que hoy día es muy recordada: “Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir”.

El volumen se presentará el 11 de noviembre a las 5 de la tarde, como parte de la Feria Internacional del Libro Infantil y Juvenil, que año con año se lleva a cabo en el CENART, pero que ya se encuentra disponible de manera gratuita (en el portal de la revista).

Se trata de un ejercicio visionario y estimulante en el que participan los siguientes ensayistas: Óscar Luviano con “La fe de nuestros padres: el descenso de Roy Batty”; Gabriela Damián Miravete escribe “Famosas últimas palabras o de cómo escribir en la lluvia”; Javier Avilés Viaplana y “Es toda una experiencia vivir con miedo, ¿verdad?”; Rogelio Flores aporta “El otro monólogo”; Antonieta Martínez Guerrero suma “Roy Batty, el Tannhäuser del siglo XXI” y cierra José Luis Justes Amador con “Ver y morir entre líneas”.

En general, la película es una interesante reflexión acerca de lo que significa ser humano, un tema que sigue teniendo una total vigencia. Como parte del libro, el editor de la revista, René López Villamar, ha preparado un prólogo en el que también especula entorno de la problemática y las consecuencias que trajo consigo la película, ya que no se concluyó de la manera más armónica posible:

“Ridley Scott sería despedido por los excesos de la producción, pero a pesar de ello entregaría un corte al estudio. A su vez, decepcionado por los resultados previos del filme, hizo un nuevo corte, al que agregó un final feliz —usando material desechado de El resplandor de Stanley Kubrick— y 13 grabaciones de la voz en off de Harrison Ford para tratar de dejar más clara la trama. Nada importó, esa versión fílmica de 1982 fue un fracaso en taquilla y en crítica.

Quizá todo se hubiera quedado ahí de no ser porque en 1992 Michael Arick descubrió una versión de trabajo de la cinta, que después de una tensa negociación con Scott se presentó como un director’s Cut. Esta versión eliminaba el voice-over, el final feliz y reincorporaba una secuencia crucial, que cambiaba por completo el significado de la cinta… en esta ocasión se volvió un éxito de crítica y de ventas.

Pero sería hasta 2007 en que Scott volviera a trabar en Blade Runner para crear un Final Cut, después de años de batallas legales… Si bien no hay ningún cambio estridente, varias escenas fueron restauradas y, quizá más importante, abrió la posibilidad de que exista una segunda parte de la película.

La idea de una secuela tiene muchos detractores, yo entre ellos, pero no me sorprende y la encuentro, quizá, necesaria. Blade Runner funciona a muchos niveles, pero al nivel humano, que es el que aquí nos interesa, fue una manera para que Scott lidiara con la muerte de su hermano Frank. Las preguntas centrales de la cinta, del monólogo de Roy Batty, giran en torno a nuestra propia mortalidad y al sentido de nuestra existencia. Aventuro pensar que el lamentable deceso de Tony Scott inspire a su hermano a volver a visitar los paisajes de ese futuro distópico que está a punto de alcanzarnos”.

 

circozonico@hotmail.com