Las posibilidades del odio

En "El espejo", con Víctor Carrancá, el solitario

El camino de la creación literaria es, también, un camino hacia la introyección de la influencia literaria, en donde las cosas se revelan poco a poco...

Hay libros que no entregan sus mieles a la primera, como lo hacen ciertas damiselas gustosas; sino que se hacen del rogar y postergan la entrega de sus dones y mucho más de la llegada del placer. Así ocurre con El espejo del Solitario, un primer volumen de cuentos –editado por Ficticia y la Secretaría de Cultura de Puebla- que no pareciera el primero que edita este joven autor, debido a la solidez de su prosa.

Apenas hace una semana presentamos en Pachuca esta intrigante colección junto a los escritores Miguel Ángel Hernández, Javier Caravantes y Daniel Fragoso. Se trató de una noche hedonista como las que caracterizan a El manzanillo y su mezcalería. La tornafiesta siguió a la mañana siguiente en los caldos de Barriga Llena. Los buenos lapsos de conversación postergaron un acercamiento más formal que ahora se concreta; una vez que sin prisas mediante uno puede cohabitar con el volumen y aproximarse hasta su intimidad.

Me ha tocado conocer y leer a varios escritores egresados de la SOGEM y una de sus características no es la claridad; más bien cuentan con una narrativa un tanto críptica y más dada a ocultar que ha mostrar. Tú pareces pertenecer a este grupo; ¿a qué crees que se deba?

En realidad, me tocó vivir aquella etapa de incertidumbre existencial de la SOGEM. Los cambios administrativos iniciaron con mi recorrido por la Escuela de Escritores y concluyeron una vez que me encontraba afuera de la misma. Esto implicó que, como estudiante, estuviera sujeto a un programa desestructurado, versátil y supeditado a los conflictos internos. No lo digo como una queja; tal vez esto permitió contar con visiones completamente fragmentadas, con maestros de la vieja y de la nueva escuela quienes, al generar incertidumbre en los alumnos, permitieron un mayor desprendimiento con la determinación “académica” de formar parte o no de la SOGEM. Se trataba, pienso, de una oportunidad para buscar una voz propia.

No debe ser sencillo afrontar un primer libro tomando como uno de los referentes principales a Kafka; la influencia de una figura tan grande puede poner en shock a un debutante. ¿Te fue sencillo lidiar con su influencia?

Recientemente, escuché decir a Doris Camarena que uno no elige su voz ni sus influencias; sino que somos elegidos por estas. Uno piensa (defiende, incluso) que se trata de unas cuando, cosa curiosa, resultan otras distintas. El camino de la creación literaria es, también, un camino hacia la introyección de la influencia literaria, en donde las cosas se revelan poco a poco, sin descorrer la cortina por completo. Es verdad que autores como Kafka, Borges, Carroll o hasta, hoy más que antes, el mismo Francisco Tario, se ciñen como figuras inasibles. Por ello, más que buscar una “intertextualidad”, en donde las influencias se coloquen en un plano más o menos equitativo, prefiero jugar con ellas. Salir de fiesta. Que la experiencia se transforme una diversión tangencial, antes que un tributo.

En ocasiones no es sencillo conectar con el lector; cierto tipo de literatura es más demandante que otra, y si un autor decide incluir dentro de su obra recursos propios de la metaliteratura hace las cosas un poco más difíciles. ¿En tu caso por qué decidiste acercarte a contar explícitamente de un hombre que escribe tus historias y dar cuenta de qué se tratan algunas de ellas? ¿No es rizar el rizo demasiado?

La literatura fantástica y de ciencia ficción se ha transformado, a nivel Latinoamérica, en un terreno de lo insólito, sin reglas ni conceptos delimitados. Es aquí donde uno puede explorar (aunque resulta absurdo hablar en términos de originalidad) expresiones narrativas que busquen deslindarse, al menos, de algunos prejuicios respecto al género. Abrir la puerta hacia otros mundos, con los que uno se siente identificado, también despierta ciertas incógnitas en el autor. Creo que la relación del lector y el escritor termina por prescindir de este último; de ahí que la voz interna del libro (en este caso, la de José el Solitario) supla la mía de alguna manera y termine por apropiarse de ella.

El otro paradigma narrativo con el que se puede comparar tu trabajo es el universo Borgiano; ¿no da miedo transitar por esos senderos? ¿Mirarte en sus espejos, caminar por sus jardines que se bifurcan? El miedo ya está ahí. Parte del origen del libro surge a partir de la paranoia que genera saber que existen mundos distintos. Al abrir un libro, uno siempre puede preguntarse sobre la posibilidad de que todo, ahí adentro, sea real. Tal vez, este pensamiento le resulta a muchos divertido, inocente. Debo confesar que en mi caso me produce un temor inmenso. Una angustia existencial que no solo depende de la posibilidad de que, al escribir, lo que creo cobre vida propia; sino también porque, en esta línea de pensamiento, también puede dudarse sobre la autenticidad de nuestra existencia. Creo que parte de esta sospecha se ha alimentado por numerosas lecturas. Borges, por supuesto, no ayudó a curar mis miedos.

circozonico@hotmail.com